La paradoja de la abundancia: por qué generar ya no es suficiente
Hoy, la verdadera ventaja competitiva ya no radica en tener acceso a una fuente de energía limpia; radica en la capacidad de reacción y autogestión
Imagen de archivo de un tendido eléctrico
«“Decíamos ayer…”, (emulando la célebre vuelta a las aulas de Miguel de Unamuno), que la energía ha dejado de ser un simple coste productivo para convertirse en una prioridad de gobernanza y supervivencia empresarial. Es precisamente ahí donde nos topamos con la primera gran paradoja de esta transición energética: nunca hemos tenido tanta energía limpia a nuestro alcance y, al mismo tiempo, nunca ha sido tan complejo y crítico saber qué hacer con ella.
El éxito histórico de la política energética se medía en megavatios instalados. Cuantos más parques eólicos o plantas fotovoltaicas se conectaban a la red, más cerca nos sentíamos de la autonomía energética y económica. España, y de manera muy sobresaliente Galicia, han hecho los deberes en este campo de forma ejemplar en las dos últimas décadas.
Disponemos de sol, viento y agua en abundancia. Somos una potencia generadora y el mapa gallego es el mejor testimonio de ello: cerca de doscientos parques eólicos operativos, capaces de cubrir, junto a la hidráulica, la mayor parte de la demanda eléctrica de la comunidad, (todo ello a pesar del frenazo judicial sufrido y la contestación social, que parece empieza a desbloquearse).
«Somos una potencia generadora. Sin embargo, el mercado eléctrico nos está enviando señales de que las reglas del juego han cambiado completamente»
Somos una potencia generadora. Sin embargo, el mercado eléctrico nos está enviando señales de que las reglas del juego han cambiado completamente. Fenómenos que antes eran anecdóticos, como los precios cero o negativos en las horas centrales del día o durante madrugadas de fuerte viento, se han convertido en parte de nuestra rutina económica.
A primera vista, un precio de la electricidad a cero euros podría parecer una excelente noticia para cualquier gestor financiero industrial: lamentablemente, esto es sólo un espejismo. La realidad es mucho más compleja, esta montaña rusa en los costes (lo que técnicamente se conoce como la canibalización de precios debido al exceso de oferta intermitente) genera una profunda inestabilidad en el sistema y, paradójicamente, frena las inversiones a largo plazo. Sin una mínima estabilidad tarifaria, se vuelve imposible calcular el retorno de los proyectos o dar seguridad jurídica a la firma de acuerdos de compra a largo plazo (PPAs).
De nada sirve que el electrón sea baratísimo un domingo a las tres de la tarde si la operación de tu fábrica a pleno rendimiento se produce un martes de invierno a las ocho de la mañana, cuando la red vuelve a tensionarse y los precios se disparan.
La naturaleza no entiende de necesidades humanas, de turnos de producción, de pedidos urgentes, ni de las exigencias de la cuenta de resultados de una conservera, una planta de automoción o una industria química, sectores de consumo intensivo que sostienen el PIB Gallego. El viento sopla cuando sopla y el sol brilla cuando brilla. Por eso, el modelo pasivo de «instalar y confiar en la red» ha llegado a su fin.
Hoy, la verdadera ventaja competitiva ya no radica en tener acceso a una fuente de energía limpia; radica en la capacidad de reacción y autogestión.
«Maniobrar con estrategia se transforma en un seguro de vida financiero que permitirá mitiga el riesgo regulatorio»
Para el tejido empresarial industrial, dar el paso hacia la madurez energética significa transitar de la generación pasiva a la gestión activa. Ya no basta con cubrir la cubierta de la fábrica con paneles fotovoltaicos y vender el excedente a la red a precios de saldo. La estrategia inteligente pasa por diseñar el traje a medida que combine diferentes tecnologías (hibridación de eólica y solar) y, sobre todo, por empezar a considerar seriamente el catalizador del futuro: el almacenamiento y la gestión de la demanda.
¿Cómo entender esta cuestión?
La flexibilidad significa ser capaces de mover consumos de proceso a las horas de máxima abundancia, modular nuestra demanda o almacenar ese electrón propio para liberarlo exactamente cuando la red se vuelve prohibitiva o inestable.
Cuando abordamos la energía, maniobrar con estrategia se transforma en un seguro de vida financiero que permitirá mitiga el riesgo regulatorio, protege los márgenes frente a las sacudidas geopolíticas y sobre todo garantiza que la actividad no se detenga.
Aquellas organizaciones que se resistan a abandonar la inercia de este viejo modelo sufrirán el impacto de un mercado cada vez más ingobernable. Por el contrario, las empresas que asuman el control de su flexibilidad no solo asegurarán su continuidad, sino que dictarán las condiciones de competitividad en su sector. La abundancia está ahí fuera, en el viento y en el sol de nuestro territorio; la inteligencia estratégica consiste en saber gobernarla.