Copenhague, la ciudad de los nuevos valores

stop

La capital danesa, ordenada y ecológica, acoge a los ciudadanos “más felices” del mundo

Puerto de Copenhague

06 de junio de 2012 (12:29 CET)

Seguí a medias el consejo que unos daneses dieron a un amigo: ven en primavera y no vayas a ver la sirenita. Un viernes de mayo cogí el avión de Vueling y me planté en tres horas en Copenhague, o quizás debería llamarla ya como hacen otros Coolpenhague o deletrearla así C open hague. Lo de la Sirenita no lo pude evitar, aunque no fue tan grave; al contrario, les confieso que tiene un qué esa pequeña estatua con su mirada perdida.

Era mi primera vez. Y la pregunta era... ¿cómo había podido resistirme tanto tiempo a visitar la ciudad donde habitan los ciudadanos más felices del mundo, según un estudio de la Universidad de Leicester; la que según Monocle es la mejor para vivir; la cuarta del futuro para FDi Magazine..., y no sé cuantos otros halagos recogidos en un sinfín de publicaciones?

Viajé a Copenhague un largo fin de semana y ya les advierto que si ustedes sufren el mismo pecado original que yo y aún no han visitado “la ciudad de las torres bonitas” deben vacunarse para que a su vuelta no sientan una cierta tristeza si la ciudad en la que normalmente viven no les resulta tan ordenada, cool, orgánica, ecológica y orgullosa de sí misma como la capital danesa.

Y aunque no ha podido evitar en sus arterias más comerciales la vulgar invasión de las franquicias habituales, más allá de estos acotados lugares el conjunto resulta extraordinariamente acogedor y equilibrado. Ciudad media, un millón y medio de habitantes más o menos, Copenhague puede y debe recorrerse tranquilamente a pie si el frío no le incomoda, pese a que tiene un magnífico transporte público.

Diseño y gastronomía

¿Cómo resumirla? ¿Por el diseño? Claro. El diseño danés goza de un merecido reconocimiento en línea con el prestigio del que en general disfrutan en este terreno los nórdicos. Un diseño absolutamente funcional, sin distracciones, orientado a la satisfacción de los consumidores y no a “epatarlos”. Bastarían unos nombres para que no fuera necesario insistir con esto: Bang&Olufsen, Jacobsen... Cuando vayan, porque estoy seguro de que irán, no dejen de visitar Illums Bolighus, unos grandes almacenes dedicados exclusivamente al equipamiento del hogar, y la tienda de lámparas de Louis Poulsen.

También por la gastronomía. Esa voluntad de los daneses de vivir en la modernidad les ha llevado a situarse en una referencia. El mejor local, según la clasificación que elabora la prestigiosa publicación Restaurant, es el Noma, que destronó a El Bulli hace tres años y desde entonces nadie le ha arrancado el liderazgo. Si no se han desactualizado mis apuntes, Copenhague es la séptima ciudad europea en número de locales con estrellas Michelin, las mismas que Madrid, por ejemplo.

Pero no hace falta ir al Noma para disfrutar de una cocina vanguardista y de calidad. Ni siquiera necesita usted exigir el requisito, más o menos artificioso, de la estrella u otro galardón. De mi propia experiencia les recomiendo un par de lugares: el Geist y el Soren K.

El primero está en Kongens Nytorv, la céntrica plaza, donde residen el Teatro Real (espléndido cuerpo de ballet) y el Hotel de Inglaterra, hoy en restauración. En el Geist disfruté de una maravillosa cena, dispuesta por servicio atento en un ambiente acogedor; buena materia prima y una elaboración no atosigante, con una muy buena bodega a precios razonables, todo un descubrimiento. El Geist no tiene una estrella Michelin aún, porque éstas pertenecen a los restaurantes, pero al mando de sus fogones está el hombre que la obtuvo en el Paustian, otro de los grandes restaurantes de la ciudad donde además se puede admirar un excelente mobiliario de madera.

Mi segunda sugerencia es el SorenK, en el Diamante Negro, como se conoce al edificio de cristal negro con el que se amplió la Biblioteca Real. Pueden comer allí con vistas al brazo de mar, el Inderhavnen, que divide la capital danesa. Disfruten de una carta corta, pero muy bien trabajada, donde no faltan, y no deben privarse de ese homenaje, las excelentes ostras Limfjord.

Alimentos orgánicos

Pero más allá de los santuarios gastronómicos por la ciudad se esparcen cientos de restaurantes con una buena relación calidad precio y que le pondrán frente a sus ojos una oferta en la que los alimentos orgánicos tendrán un peso muy importante. Y es que Copenhague es seguramente la ciudad europea donde los valores ecológicos han sido abrazados con una mayor efusividad: comida orgánica, elementos biodegradables en la decoración y bicicletas por doquier, aunque sea a cinco o seis grados bajo cero.

No vayan a Copenhague sin visitar algún museo, por favor. Les dejo estas referencias: la Glyptoteka Ny Carlsberg, una gran colección de arte escandinavo, egipcio y de impresionistas franceses; Louisiana, arte contemporáneo, y el de Arte Moderno de Arken, desde el que maravillarse con una magnífica panorámica sobre la bahía. Y no es un museo, pero es una obra de arte en toda la extensión de la palabra: la nueva Ópera, con un impresionante voladizo.

Fuí, como me recomendaron, en primavera, pero pasé frío. Contra lo que me dijeron, dí un largo paseo hasta la Sirenita, y me gustó. Pasé muchas horas en el archiconocido Nyhavn, el nuevo puerto de fachadas coloristas. No me previnieron contra Cristiania, el barrio exhippy, semiautónomo, que aún pervive, y lo visité, pero si tienen que dejarse algo, quizás pueda prescindir de este reducto. En cualquier caso, no dejé de ir a Copenhague.

Datos básicos para viajar

Compañía aérea: Vueling
Duración: 3 horas
Hotel: El Copenhagen Strand, por ejemplo. No es un must, pero tiene unas increíbles ofertas los fines de semana, está muy bien situado y una calidad más que aceptable
Restaurantes recomendados: Geist, SorenK
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad