Campanadas de fin de legislatura desde Soto del Real
Un repaso ácido y cronológico a las “campanadas” de escándalos que han marcado la legislatura y cercan al Gobierno
Una idea para las cadenas de televisión sensacionalistas. O sea, todas. José Luis Ábalos y Koldo García serían una pareja imbatible a la hora de dar las campanadas de Nochevieja. Ni Pedroche, ni Chicote, ni ninguno de los humoristas oficiales alojados en la parrilla de TVE harían sombra a dos que ya están en ella. Los amigos de correrías del Peugeot, y de quién sabe cuántos brindis en habitaciones de paradores nacionales, serían imbatibles en audiencia. Un reloj de carillón sobre un fondo de ladrillos y barrotes, y los dos protagonistas, con los tradicionales trajes de rayas horizontales negras y blancas, compondrían el decorado perfecto.
Antes de llegar a la última campanada y dar por finalizada la legislatura, nos irían preparando para recibir el Año Nuevo cantando cada caso de corrupción. Y, en lugar de uvas, cada “dong” sería un clavo en el ataúd del Gobierno. Y ya con el último, brindaríamos por la convocatoria de unas elecciones generales en 2026:
¡Dong! El caso Koldo, la superproducción que abrió la veda: mascarillas hinchadas a precio de champán francés que sirvieron para enriquecerse y disfrutar de la vida loca mientras la gente que no moría tenía que permanecer encerrada en su casa.
¡Dong! José Luis Ábalos, ministro omnipresente, poderoso secretario de Organización del PSOE, que se movía con agilidad felina entre la calle Ferraz y el piso de lujo que pagábamos a su sobrina. “Soy feminista porque soy socialista”. Su discurso en la moción de censura para echar al PP pasará a la historia del parlamentarismo. Sus palabras se han quedado ya grabadas en el que fuera su escaño, como los tiros en el techo del hemiciclo durante el 23F. A los visitantes les dirán: “Fíjense bien, porque desde aquí dijo José Luis Ábalos, sin pestañear y con la seriedad de Torrente cuando apatrullaba la ciudad, que la corrupción es inaceptable porque acaba con la credibilidad de los políticos y debilita a los países”.
¡Dong! El caso Begoña Gómez, con investigaciones abiertas sobre contratos públicos, convenios, recomendaciones académicas y emprendedores afortunados. El Gobierno repite que es todo una campaña orquestada, pero la justicia sigue preguntando. 2026 se le presenta color hormiga. Especialmente si hay elecciones y su marido no repite. Igual es Air Europa quien tiene que ir a su rescate.
¡Dong! Porque por algo se salvó a esta compañía aérea: 475 millones de euros —una cifra que suena como un martillazo en el cráneo presupuestario— para reflotar una empresa cuyo principal accionista era amigo del Gobierno y cuyos directivos aparecían en conversaciones incómodas con Koldo. El dinero público nunca había volado tan alto. Otro dong.
¡Dong! El caso del hermanísimo en Badajoz, investigado por la Fiscalía tras años de quejas laborales, compatibilidades dudosas, residencias administrativas y funciones tan etéreas que ni los manuales de recursos humanos las recogen. Ya no merece la pena que busque su despacho de las artes escénicas.
¡Dong! La trama del mediador, con comilonas, negocios africanos y fotos que ningún líder político quiere ver circulando cerca de su escaño. Un diputado socialista, Tito Berni, capitaneando encuentros donde faltaba alguien apuntando las comandas. Campanada obligatoria con Patxi López al fondo diciendo “¿y a ti qué te importa?”.
¡Dong! “Servinabar”. La querella en Navarra por contrataciones ilegales y subvenciones bajo gobiernos socialistas favorecidos por la acción de Bildu. La presencia de Cerdán en las campanadas de fin de año habrá que dejarla para más adelante, porque igual para entonces puede contar con Paqui y hacer pareja televisiva con El Corte Inglés de patrocinador.
¡Dong! Las adjudicaciones exprés durante la pandemia, algunas ahora revisadas por los tribunales, otras señaladas por informes internos, todas envueltas en esa atmósfera turbia de emergencia sin control. Los españoles aprendimos que “urgente” y “opaco” son sinónimos en boca de un Gobierno que se dice de progreso.
¡Dong! La cúpula de Correos, denunciada por contratos sospechosos, sobrecostes y pérdidas millonarias, mientras su presidente se dedicaba a explicar que todo era culpa de la derecha mediática.
¡Dong! La reunión en el caserío fantasma que algunos niegan y otros dicen que haberlo haylo. Cuando se despeje la niebla, aparecerá como los gorilas de Dian Fossey.
¡Dong! El uso político del CIS, TVE y otros organismos públicos que parecen haber olvidado que no pueden ser herramientas del Gobierno de manera tan descarada. Entre otras cosas, porque no es su función. Y cuando algo se utiliza indebidamente durante tanto tiempo, su avería puede acabar dejándolo inservible.
¡Dong! Y, por último, la campanada que lo resume todo: un presidente sin escapatoria, responsable, en una u otra medida, de toda la corrupción que rodea a su partido y su familia. Por no poder ya no puede ni gobernar. Comparece para lamentarse, porque tampoco tiene mayoría parlamentaria; así que su especialidad es el deterioro institucional, que avanza como un derrumbe lento pero imparable.
Ojalá las hipotéticas doce campanadas de Soto del Real sirvieran para clausurar la legislatura. Sería, sin duda, el brindis más justificado de los últimos años.