A propósito de las elecciones a las Cortes de Aragón
El citado éxito se debe atribuir sin duda, en el caso de Extremadura, al hecho de haber conseguido constituir una candidatura unitaria y llevado a cabo una campaña inteligente
Los resultados de las recientes elecciones aragonesas repiten en gran medida lo sucedido no hacía mucho en Extremadura. Por un lado, fracaso absoluto por parte del liderazgo regional correspondiente del PP en su intento de liberarse de la tutela de VOX, complementado con un notable incremento de la representación parlamentaria de dicha formación política. Por el otro, batacazo del PSOE, especialmente relevante en el caso extremeño donde el socialismo había sido dueño de vidas y haciendas, por utilizar, en forma figurada, una expresión clásica, durante casi toda la etapa democrática. Finalmente, unos resultados, aunque modestos muy dignos, de candidaturas situadas a la izquierda del partido de Sánchez, con matices en Aragón, donde lo dicho se puede aplicar a la Chunta pero no a IU y, ni mucho menos, a Podemos.
Volveré más adelante sobre esta última formación. El citado éxito se debe atribuir sin duda, en el caso de Extremadura, al hecho de haber conseguido constituir una candidatura unitaria y llevado a cabo una campaña inteligente y ligada a los problemas cotidianos de su electorado potencial. En el Antiguo Reino la situación ha sido, y es, diferente. De candidatura unitaria nada en absoluto. Quizá IU y Podemos habrían podido unir fuerzas, cosa que no han hecho, pero parece muy difícil que la Chunta hubiera participado también.
Mientras aquellas dos siglas tienden a practicar un fuerte seguidismo de la política del gobierno nacional (de vez en cuando Podemos se pone en plan gallito), la formación aragonesista no se muerde la lengua en lo que respecta a denunciar determinados aspectos de la gestión del gabinete de Sánchez.
Por ejemplo, la historia de la singularidad fiscal para Cataluña. Muchos lo tildan de anticatalanismo y, de paso, se mezcla Sijena y tutti quanti. Yo, aunque catalán, no lo veo así. Lo cierto es que la Chunta ha obtenido unos magníficos resultados (dentro de su modestia, repito) doblando su representación en Cortes, y su líder, Jorge Pueyo, hasta donde yo he visto, considero que ha desarrollado una campaña electoral excelente, incisiva, pero en absoluto demagógica.
Ahora bien, en nuestro país los resultados electorales, como la Biblia, están sujetos a exégesis. De entrada, nadie pierde; todas las candidaturas ganan. En realidad, la exégesis tendría que ir por otros derroteros. Pondré un ejemplo. El aparato socialista se ha intentado sacar las pulgas de encima con el argumento que no es la primera vez que sus huestes sacan tan malos resultados (lo de «malos» es de mi cosecha; ruego me perdonen). Y citan los de 2015, poniendo el acento, por supuesto, en el hecho que en aquella fecha el socialismo aragonés estaba liderado por Javier Lambán (¡va de retro!).

El aparato socialista se ha intentado sacar las pulgas de encima con el argumento que no es la primera vez que sus huestes sacan tan malos resultados
Analicemos con un poco de cuidado aquellos comicios. Ciertamente, el PSOE obtuvo, como en el caso presente, 18 escaños, con una pérdida de 4 (ahora pierde 5), pero…el PP, con 21 asientos, perdía 9. Un buen tortazo. Entonces ???. Sencillamente Podemos, que por aquellos tiempos aún daba el pego, obtuvo ¡14 diputados! Cha 2 y IU 1. Si sumamos, veremos que lo que podemos llamar genéricamente izquierda estaba representada por 35 asientos.
En 2026, 25. Es decir, los podemitas han desaparecido del mapa, IU ha obtenido igual resultado y los seis escaños del partido de Pueyo no son por supuesto suficientes para explicar la perdida de electores que ha experimentado el socialismo. Ni PSOE, ni IU, han sido capaces de recuperar los 14 diputados de Podemos en 2015, que, considero, eran de prestado. Lo cierto e innegable es que en aquella fecha la fuga de votos fue por la izquierda (al menos esa era la intención de los electores) y ahora ha sido por la derecha y extrema derecha. Interpretarlo de otra manera son cuentas del Gran Capitán.
Hace falta, pues, tener jeta para homologar los resultados de ambos comicios, como ha hecho el aparato sanchista. Excuso decir que, a mi parecer, el mayor percance, no ya para las llamadas fuerzas progresistas, sino para la democracia en general, son los 14 representantes de VOX, doblando su bancada.
Para acabar de enseñar el plumero, hoy, el señor Óscar López ha dado con la piedra filosofal para explicar el «pequeño» tropiezo del PSOE: la culpa la tiene Lambán quien, en clara negación del Cid, perdería batallas después de muerto. Y es que para los que osan dudar de la clarividencia de Pedro Sánchez no queda otra que el eterno llanto y crujir de dientes.
No consigo controlar mi ansiedad por saber cómo se justificarán las más que probables debacles en Castilla y León y Andalucía.