Ese revolucionario pequeño-burgués llamado Pablo Iglesias

Pablo Iglesias es una parodia de Paul Lafarge, yerno de Karl Marx, que dejó su huella en la historia de la izquierda española y europea

Es un error definir a Pablo Iglesias como un comunista cualquiera para entender qué papel ha jugado –puede jugar todavía- el líder de Unidas Podemos en la muy reciente historia de España.

No niego que Pablo Iglesias sea un viejo comunista a la manera –retórica del Karl Marx de los Manuscritos (1844) que propone la “abolición positiva de la propiedad privada y la apropiación real de la esencia humana por el hombre y para el hombre”.

Comunista que –otra vez Karl Marx– quiere superar el “individuo fragmentado” en beneficio del “individuo integral”. Punto final: “De cada uno según sus capacidades a cada uno según sus necesidades” (Crítica del programa de Gotha, 1875).

Añadan el neocomunismo populista venezolano de Heinz Dieterich Steffan (El Socialismo del Siglo XXI, 2002) y Marta Harnecker (Un mundo a construir, 2013).

En síntesis: “Un socialismo imaginado como una nueva existencia colectiva donde reine la igualdad, la libertad, una democracia verdadera y profunda; donde el pueblo llegue a tener el rol protagónico, donde exista un sistema económico centrado en el ser humano y no en la ganancia, una cultura pluralista y anticonsumista en que el ser tenga primacía sobre el tener.”

Paul Lafargue y Pablo Iglesias

Y algo más. Pablo Iglesias es una parodia de Paul Lafargue. Ese médico y propagandista revolucionario, intrigante, conocedor de la España y el socialismo español de finales del XIX, yerno de Karl Marx, autor del conocido ensayo El derecho a la pereza (1880), y agitador marxista profesional que dejó su huella en la historia de la izquierda española y europea.

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El líder de Podemos, Pablo Iglesias. EFE

Revisitar la teoría de Paul Lafargue equivale a visitar las ideas de Pablo Iglesias. Revisitar la historia y práctica de Paul Lafargue –obstinado en doctrina y propósito– equivale a sumergirse en la historia y praxis de un Pablo Iglesias igualmente obstinado en doctrina y propósito.

Una teoría y una práctica –una historia– que nos sitúa, de facto, en la España de nuestros días. Por eso, merece la pena comparar a uno y otro para percibir qué está ocurriendo aquí y/o podría ocurrir aquí.

Revuelta, marxismo, control popular, intriga, absentismo laboral

1. Si Paul Lafargue se curte en la revolución de la Comuna de París, Pablo Iglesias lo hace –tiempos poco heroicos– en la acampada juvenil de la Puerta del Sol del Madrid del 15-M.

2. Paul Lafargue, como Pablo Iglesias, fundan un nuevo partido: el primero, el Partido Obrero Francés; el segundo, Podemos. Fidelidad a la ortodoxia marxista, línea correcta que seguir, la acción parlamentaria como vía directa e inmediata de reformas, el Estado entendido como un pernicioso agente de la clase burguesa y práctica revolucionaria.

3. Paul Lafargue, como Pablo Iglesias, sostiene que los servicios públicos deben estar bajo el control popular directo, desconfiando de un Estado burgués que podría actuar contra los intereses reales de los trabajadores.

4. Si Paul Lafargue es un elemento determinante en el arraigo de la Primera Internacional en España divulgando el marxismo –especialmente en Madrid– frente al bakuninismo, Pablo Iglesias hace algo parecido –también en Madrid– predicando el marxismo frente a la socialdemocracia después del 15-M. Uno y otro –cada cual en su particular coyuntura– se caracterizan por su actitud intrigante.

5. Si Paul Lafargue es expulsado de la sección madrileña de la Internacional y funda la Nueva sección madrileña de la Internacional, Pablo Iglesias se desgaja del movimiento del 15-M –recela de su transversalidad– y crea Podemos.

6. Si Paul Lafargue reivindica el derecho a la pereza –ocio– de unos proletarios que por aquel entonces trabajan doce horas durante los siete días de la semana, Pablo Iglesias exige las cuarenta horas semanales e incluso menos si tenemos en cuenta los salarios mínimos interprofesionales que podrían hacer realidad, no solo el derecho a la pereza, sino también el derecho al absentismo laboral subvencionado por el Estado.

Un doctrinario de izquierda

Por decirlo en términos leninistas –La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920–, Pablo Iglesias sería la expresión contemporánea del “revolucionarismo pequeñoburgués”. Esos comunistas “de izquierda” y esos “puristas” recién salidos del cascarón que rechazan los compromisos por principio. Porque –por decirlo coloquialmente–, se creen lo más de lo más.

Pablo Iglesias –recurriendo de nuevo a Lenin– sería la “oposición de principio”, que se traduce en un irreflexivo y sectario “doctrinarismo de izquierda”, de consecuencias desastrosas –de la contrarreforma laboral al endeudamiento sin solución de continuidad pasando por la denominada democracia real y la gestión “progresista” de los fondos de la Unión Europea– para quienes dice defender.

Pablo Iglesias o ese revolucionario pequeñoburgués que pretende asaltar un cielo imaginario. El viejo discurso de los enemigos de la sociedad abierta y la democracia liberal.