Illa se fue a Sevilla 

Salvador Illa viajará a Andalucía para apoyar a María Jesús Montero, la candidata del sanchismo, pero lo hará sin poder exhibir gestión

Illa se fue a Sevilla. Y no sabemos si perderá su silla, pero sí sabemos algo peor: Cataluña la está perdiendo poco a poco. Pierde posiciones, pierde oportunidades y pierde pulso. Y mientras eso ocurre, el presidente del gobierno de la Generalitat hará campaña fuera sin haber sido capaz de ordenar su propia casa. No predicará con el ejemplo. 

Salvador Illa viajará a Andalucía para apoyar a María Jesús Montero, la candidata del sanchismo, pero lo hará sin poder exhibir gestión. ¡Empate! Montero, la autoproclamada “mujer más poderosa de la democracia”, no ha sido capaz de presentar unos Presupuestos Generales del Estado como ministra de Hacienda. Illa tampoco ha sido capaz de aprobar los suyos en Cataluña. Es más, los ha retirado.  

Y no por responsabilidad, sino por cálculo político: seguir negociando con ERC después de las elecciones andaluzas. Es decir, subordinar la estabilidad de Cataluña a los intereses electorales del sanchismo. Venía a gestionar, decía, y ha terminado administrando la degradación. Venía a pasar página del procés y lo que está haciendo es escribir una versión menos ruidosa, pero igual de degradante. 

Porque el problema no es solo la ausencia de presupuestos. El problema es el modelo. Illa no ha corregido el procesismo; lo ha normalizado. No ha desmontado sus inercias; las ha integrado. En los presupuestos que llegó a presentar se reforzaba el gasto en estructuras ideológicas como las llamadas “embajadas” o el aparato mediático de TV3, mientras se aplazaban reformas imprescindibles para reactivar la economía.  

Illa irá a Andalucía… como van las empresas catalanas. Bueno, no, ya que estas van, pero no vuelven a Cataluña. El gobierno popular de Juanma Moreno apostó por el alivio fiscal y la simplificación administrativa. Y ganó. Ganó Andalucía. Illa, un salvador que no salva, mantiene (o incrementa) el infierno fiscal y la inseguridad jurídica del pasado. Resultado: siguen siendo más las empresas catalanas que se van cada año a Andalucía que las andaluzas que vienen a Cataluña. El procés abrió la grieta, e Illa la ha ensanchado. 

El president de la Generalitat, Salvador Illa, durante una sesión plenaria, en el Parlament de Catalunya. David Zorrakino / Europa Press
El president de la Generalitat, Salvador Illa, durante una sesión plenaria, en el Parlament de Catalunya. David Zorrakino / Europa Press

Las empresas se van de Cataluña, y la inversión extranjera no llega. Eso también puede explicarlo en Sevilla o en Málaga. Según datos del Ministerio de Economía, la inversión extranjera en Cataluña cayó un 14,25 % en 2025. Detrás de cada punto que se pierde hay empleos que no se crean y salarios que no mejoran. También puede explicar cómo las políticas del socialismo están dejando Cataluña sin oferta de vivienda asequible o cómo están dejando a la clase media sin futuro. 

A esa inercia económica se le suma otra, igual de preocupante: la institucional. Illa tampoco ha querido romper con el desprecio a la ley que caracterizó al procés. La reciente decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de ejecutar provisionalmente la sentencia que anulaba parcialmente el decreto lingüístico de la Generalitat debería haber sido una oportunidad para rectificar.

«Andalucía, durante años caricaturizada desde el nacionalismo catalán, ha iniciado una etapa de crecimiento basada en reformas, estabilidad y apertura económica»

Sin embargo, Illa y su consejero de Política Lingüística, el independentista Francesc Xavier Vila, han optado por reafirmar la imposición monolingüe. Han optado por seguir tratando el español, la lengua mayoritaria de su votante, como si fuera una lengua extranjera. 

Y repiten y repiten el mantra nacionalista y falso, valga la redundancia, de que el sistema educativo catalán es un “modelo de éxito”. Los datos lo desmienten. Cataluña está a la cola de España en varios indicadores educativos. Pero más allá de los informes están los hechos: las élites nacionalistas eligen para sus hijos escuelas privadas trilingües. Es decir, imponen a la mayoría un modelo que ellos mismos no consideran suficiente. No hay mayor confesión que esa. 

Así que la pregunta es inevitable: ¿qué va a explicar Illa en Andalucía? ¿Qué ejemplo puede ofrecer? Andalucía, durante años caricaturizada desde el nacionalismo catalán, ha iniciado una etapa de crecimiento basada en reformas, estabilidad y apertura económica. Cataluña, en cambio, sigue atrapada entre el legado del procés y la falta de coraje del socialismo para desmontarlo.  

Allí donde se reduce el intervencionismo y se apuesta por la seguridad jurídica, la economía responde. Allí donde se mantiene la cultura del no y se prioriza el aparato político, la sociedad se resiente. Es una lección que el presidente de la Generalitat podría aprender en su viaje. Y es que Illa se fue a Sevilla y lo que deja atrás es una Cataluña que necesita algo más que moderación estética. Necesita reformas reales. Necesita liderazgo. Necesita que Illa pierda su silla. 

Deja una respuesta