El inmobiliario, blindado ante la guerra en Irán: los consultores ven un impacto limitado
El sector se muestra resiliente ante la escalada bélica en Oriente Medio, aunque los expertos advierten de riesgos en materias primas y energía
Montaje realizado por Economía Digital.
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha sacudido los mercados financieros internacionales y ha disparado las alarmas entre inversores y analistas de todo el mundo. Sin embargo, el sector inmobiliario español parece mantener la calma. Los principales consultores y representantes del sector coinciden en que el conflicto tendrá un impacto limitado sobre el ladrillo.
Ricardo Martí Fluxá, presidente de la Asociación de Consultoras Inmobiliarias (ACI), no oculta en el próximo episodio de A Golpe de Ladrillo, la gravedad del momento histórico que atravesamos.
«Estamos viviendo un momento realmente complicado, un momento que nunca hemos vivido. Esta grave tensión internacional supera, yo creo, incluso a la Guerra Fría«, señala.
A pesar de ello, el directivo se muestra cautelosamente optimista sobre las consecuencias para el sector. «Todo lo que supone inversión en nuestro sector, en el sector inmobiliario, tiende a ser fuerte, tiende a ser resiliente«, apunta Martí Fluxá, que recuerda cómo el mercado del ladrillo ha superado crisis anteriores sin derrumbarse.

No obstante, el presidente de ACI reconoce que la dimensión de este conflicto lo convierte en un territorio desconocido para los profesionales del sector. «Una crisis internacional, una explosión geopolítica de la magnitud que estamos viviendo, realmente no la hemos conocido, por lo menos durante mi vida profesional», admite.
En ese contexto de incertidumbre, subraya que «los resultados no sabemos al final cuáles van a ser«, aunque confía en que las consecuencias directas sobre el inmobiliario no sean especialmente graves.
Uno de los argumentos más sólidos que esgrimen los analistas para justificar ese optimismo relativo es la comparación con el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania en febrero de 2022.
Aquel conflicto hundió los mercados inmobiliarios en buena parte de las economías occidentales, al disparar la inflación, encarece la financiación y generar una incertidumbre que paralizó la inversión durante meses.
Sin embargo, fuentes del sector consultadas por ECONOMÍA DIGITAL consideran que los paralelismos son limitados y que las diferencias entre ambos escenarios son lo suficientemente significativas como para no caer en el pesimismo.
«Se podría pensar que volvemos a una situación parecida al inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania, que hundió los mercados inmobiliarios en todas las economías occidentales. Sin embargo, hay diferencias significativas entre ambos escenarios«, señalan estas fuentes.
La primera gran diferencia reside en la naturaleza del conflicto. La guerra de Ucrania fue concebida como una guerra de conquista territorial en la que Rusia no podía dar marcha atrás sin asumir un coste político enorme, lo que garantizaba una larga duración.
El ataque a Irán, en cambio, no persigue objetivos de conquista y podría cesar en cuestión de semanas si las partes alcanzan algún tipo de acuerdo o se produce una desescalada. «El ataque a Irán no pretende la conquista, puede cesar en unas semanas y Occidente no es dependiente del suministro de petróleo de Irán«, apuntan las mismas fuentes.
La segunda diferencia tiene que ver con la dependencia energética. Europa era enormemente vulnerable al gas y al petróleo rusos cuando estalló la guerra en Ucrania, lo que convirtió el conflicto en un shock energético de primera magnitud.
En este caso, aunque el estrecho de Ormuz —por el que transita una parte relevante del tráfico mundial de crudo— es un punto sensible, los expertos consideran que las alternativas de suministro son suficientes para evitar una crisis de similares características.
El propio Martí Fluxá señala que «Arabia ya ha encontrado una vía de poder seguir exportando su crudo» y que «otras zonas del planeta pueden seguir suministrando a Europa«.

Desde el punto de vista financiero, el sector parte además de una posición más sólida que en 2022. Las rentabilidades inmobiliarias —las llamadas yields— se encuentran actualmente en niveles similares a los de hace tres años, sin haber sufrido compresiones significativas durante este periodo de inestabilidad prolongada.
Los analistas del sector explican que un repunte puntual de la inflación provocado por el encarecimiento del petróleo y el gas no debería afectar de forma relevante a las yields inmobiliarias.
La razón es técnica: estas rentabilidades se correlacionan directamente con las tasas de interés de los bonos e inversamente con la inflación. «Sólo si la inflación se incrementa significativamente y durante muchos meses se podría producir ese efecto«, advierten, dejando claro que el escenario de mayor riesgo requeriría una prolongación considerable del conflicto.
El encarecimiento de las materias primas es otro de los vectores de riesgo que los consultores no descartan. Una subida sostenida de los costes de construcción podría tensionar aún más un mercado residencial que ya arrastra problemas estructurales de oferta. Martí Fluxá cita este punto como uno de los elementos a vigilar, junto con los posibles problemas energéticos derivados del conflicto.
El inmobiliario español es resiliente
En definitiva, el diagnóstico del sector es de resiliencia con matices. El inmobiliario español llega a esta nueva crisis geopolítica con fundamentales sólidos, un mercado residencial con demanda sostenida y unas yields que no han acusado los vaivenes de los últimos años.
La gran incógnita sigue siendo la duración e intensidad del conflicto. Si se trata de un episodio acotado, el impacto sobre el ladrillo será marginal. Si se convierte en una guerra larga y de consecuencias energéticas profundas, el escenario cambia por completo.
Por ahora, el sector confía en que la historia se repita y el inmobiliario demuestre, una vez más, ser el activo refugio por excelencia.
