Álvaro Nadal o la destrucción creativa

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El nuevo ministro de energía, turismo y agenda digital asciende del círculo de confianza de Rajoy en la Moncloa a dirigir áreas estratégicas como las telecomunicaciones

Álvaro Nadal, nuevo ministro de energía, turismo y agenda digital. / EFE

Barcelona, 06 de noviembre de 2016 (06:00 CET)

Álvaro Nadal se queda con la interlocución frente a las multinacionales, como Telefónica, Vodafone y Orange, con la gestión del espacio radioeléctrico y con las licencias de televisión que muy pronto revolucionarán las franjas. Es el peso de la agencda digital, la gran tapada del cambio de equipo. Al nuevo ministro de energía, turismo y… le cubren las capas que rodean a la cebolla: conocimientos y práctica bien mezclados desde el primer día.

Ha pasado por el filtro de las eléctricas, las dueñas de España, para despojarlas de complejos, como la subvención del carbón, la moratoria nuclear o el déficit tarifario. Hace ya tiempo que dejó de hablarse de lo que las compañías habían invertido en el mercado regulado y que nunca llegaban a recuperar.

Álvaro Nadal aplicó la técnica del stranded cost o costes sumergidos
, recorriendo el camino inverso al del llamado marco legal estable. El marco estable (de la etapa de la ley eléctrica de Josep Piqué, en 1997) permitió sacar el déficit tarifario de los balances de las compañías para aflorarlos en los netos patrimoniales de las empresas y facilitar la venta de Endesa o de Hidrocantábrico y la recomposición de Iberdrola.

Pero a lo largo de la primera legislatura de Rajoy, Álvaro Nadal le ha dado la vuelta como un calcetín a la contabilidad del sector; su hermano gemelo, Alberto, aplicó al dictado los designios energéticos de Álvaro. Mostró a las compañías cómo hundir de nuevo estos costes en la compleja reposición y amortización de sus activos, de tal forma que, ahora, el coste se carga en la tarifa pero sin que se enteren los consumidores.

El inminente combate con las mineras

Nada desaparece como por arte de magia. Como tampoco ha desaparecido la negociación colectiva, el arma sindical por excelencia que Nadal combatió desde la escolástica liberal de la Escuela de Viena y que su hermano Alberto enterró a su paso fugaz por la CEOE, cuando Juan Rosell le nombró vicesecretario.

Muy pronto el ex jefe de la Oficina Económica de Moncloa meterá mano en el carbón para impedir los incentivos a las explotaciones exigidos por Bruselas. La UE quiere evitar que las minas rentables tengan que devolver las ayudas públicas, pero Nadal actuará en consecuencia: procederá al cierre de las no rentables y arrasará las medias tintas de las cuencas restantes.

Además tiene dos meses de tiempo para aplicar los Objetivos Europa 2020, de la Comisión Europea contra el cambio climático y por la sostenibilidad energética. Lo hará sin pestañear; está acostumbrado a darle la vuelta al problema para examinarlo con un "más a mi favor". Álvaro Nadal es un depredador de lo antiguo. Él cree en la destrucción creativa, que profesó Joseph Alois Schumpeter.

Los nuevos desafíos del turismo

El nuevo ministro del ramo está dispuesto a ponerse el turismo por montera: 42,3 millones de visitantes (un 11% más que en 2015). Ya no cuenta con los visitantes prestados de competidores directos, como Turquía, Túnez, Egipto, amenazados por el terrorismo, o la costa de Dalmacia. Ahora sueña con la descomposición del 'sol y playa', un Deus ex Machina que persigue al sector desde los años de Manuel Fraga Iribarne y los paradores nacionales.

Pronto sabrá que es imposible. En la Europa del norte valen más un minutos de playa que los mejores cabañales de Toledo, cubiertos de moho y flor sobre la tradicional hospitalidad de sus gentes.

Aunque la España de hoy muestre orgullosa el Museo del Prado, emita los destellos del siglo XVI o encandile a los asiáticos bajo los arcos gaudinianos de la Sagrada Familia, no hay nada que hacer que no sea esperar una nueva fiebre del oro. El sector intuye ya una nueva subida de precios en una actividad que equilibra la balanza de pagos española desde los tiempos de la "pertinaz sequía".

Dos gemelos en la Moncloa

Álvaro y Alberto (ex secretario de Estado de Energía) han jugado al gato y al ratón por los pasadizos de la Moncloa como lo hacían en su casa familiar del Parque de las Avenidas, un barrio madrileño cercano a Las Ventas. Son hijos de un ingeniero aeronáutico que les exigió por debajo de lo que daban ellos solos en el Colegio Menesiano.

Ambos estudiaron economía y leyes y ambos son técnicos comerciales, economistas del Estado, porque anhelan alcanzar la rueda de los mejores, Rojo, Barea, Varela, Sardà, Boyer o Solchaga, entre otros.

La misión de Álvaro en la Moncloa fue siempre la de conseguir que Luis de Guindos y Cristóbal Montoro se toparan con el límite por arriba de sus carreras. Distraer la atención de Ana Pastor y neutralizar la elocuencia de García-Margallo han sido encargos posteriores a partir de los humos del sabio ex jefe de la diplomacia española. Es el hermano zurdo.

Trabaja con el PP desde 2044, el año de ZP y llegó a la Moncloa antes de tiempo, como el niño prodigio que es, tras su paso por el Congreso de la mano de María Dolores de Cospedal.

El ascenso a ministro

En la rebótica de Rajoy manda Jorge Moragas, pero se confía en Nadal, aquel joven discreto que entra y sale del Berlaymont, al lado del presidente, con una cartera llena de papeles. Pero eso se acabó. Ahora será ministro.

Quizá le sirvan sus rigurosas derivadas analíticas sobre una sociología hispana, formada por compartimentos estancos –el empresario caído, el trabajador desempleado, el artista obligado a cumplir con Hacienda- donde cada nicho desconoce el impacto de la crisis sobre los demás, lo que, a su juicio, "ha dado alas al populismo". Álvaro Nadal recurrirá a su visión de conjunto, la que utilizó no hace mucho para negociar con Ciudadanos.

Pertenece a troika pepera (Nadal-Montserrat-Báñez) que cerró el acuerdo de los 150 puntos con el partido de Albert Rivera. Este gesto es el único canal de comunicación con el exterior concedido por Rajoy en su nuevo Ejecutivo. La troika aperturista trabajará en las entrañas del Estado, mientras que la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, volverá a batirse el cobre con el soberanismo catalán, como en tiempos del Estatut.

Solo que esta vez, Soraya no tendrá de su lado el rizoma estratégico de Álvaro Nadal.

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