Bruselas advierte que una Catalunya independiente quedaría fuera de Europa

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La Comisión Europea asegura que el nuevo estado tendría que ingresar con el voto de todos los miembros

El portavoz de la Comisión Europea, Olivier Bailly.

11 de septiembre de 2012 (22:45 CET)

Antes de la masiva e histórica manifestación de este martes en Barcelona, que pedía que Catalunya sea un nuevo estado de Europa, Bruselas aguó la fiesta nacionalista y recordó que Catalunya dejaría de ser estado miembro de Europa en el supuesto que declare la independencia. En el caso de una secesión, si quiere ingresar a la Unión Europea, deberá recibir la aprobación unánime de todos los estados miembros, explicó este martes Olivier Bailly, portavoz del Ejecutivo comunitario.

"Si una región quiere solicitar ser un Estado miembro, tiene que respetar los tratados europeos e internacionales", dijo Bailly. "El nuevo país no formaría parte de la Unión Europea hasta que formalice su incorporación", ha añadido.

Optimismo nacionalista

Pese a las advertencias, parte de los promotores de la marcha independentista de este martes consideran que el proceso de ingreso de una Catalunya independiente a Europa podría ejecutarse de forma rápida, sin grandes traumas y conservando el euro como moneda nacional. De hecho, Andorra, Montenegro y Kosovo, estados fuera de la Unión Europea, han incorporado la moneda común en virtud de convenios firmados con el Banco Central Europeo.

Pero en Bruselas ve este escenario muy remoto, ya que da por seguro que más de un miembro, además de España, vetaría el ingreso de Catalunya como estado independiente en Europa.

Sin ruta clara

A pesar de que la Unión Europea no recoge disposiciones concretas sobre la ruta a seguir de una región que decide independizarse, la Comisión hace una interpretación restrictiva de las normas internacionales y considera que el nuevo estado pierde la condición de miembro porque ya no forma parte del país que solicitó el ingreso.

La Comisión, no obstante, no ha querido hacer ninguna valoración sobre la tensión creciente en las relaciones Catalunya-España, ya que lo considera “un problema doméstico” de un estado miembro.
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