Bruselas toma el mando de España: subida del IVA y carburantes

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COMISIÓN EUROPEA

José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea

29 de mayo de 2013 (23:42 CET)

La realidad siempre se impone. Aunque en el caso de la Comisión Europea esa realidad se ha querido ocultar hasta ahora. Los planes de ajuste no están dando sus frutos, y el gobierno comunitario ha cedido ligeramente sus objetivos.

España tendrá para 2013 una mayor flexibilidad del déficit, hasta el 6,5%, dos décimas más del 6,3% que estimaba el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Y un 5,8% para 2014, tres décimas más de lo anteriormente fijado. Pero España deberá cumplir con importantes reformas y con nuevas subidas de impuestos.

La Comisión Europea, que trata de mantener un difícil equilibrio, ninguneada en los dos últimos años por el Consejo Europeo, por los gobiernos de los grandes estados europeos, y, en particular, por Alemania, reclama protagonismo.

Sabe que el futuro de Europa depende, en gran medida, del refuerzo de un gobierno intercomunitario, y la Comisión quiere ejercer ese papel. Por ello, el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso y el comisario de asuntos económicos, Olli Rehn, formularon las recomendaciones a los distintos países de la UE, en Bruselas, con cierto detalle y determinación, en un auditorio repleto de periodistas comunitarios que no pudieron apenas formular sus preguntas. La estrategia parece clara: largas intervenciones para dejar poco tiempo posterior a los reproches de los informadores.

Retocar todo el sistema fiscal

Pero el caso de España es ya concluyente. Sólo se ofreció detalles similares, en cuanto a las recomendaciones, para Eslovenia, también en una grave situación.

Y las indicaciones son claras, aunque el propio Rajoy asegurara, este mismo miércoles, que no se considera forzado a un nuevo aumento de impuestos.

Es cierto que la Comisión no marca un aumento concreto, con pelos y señales, de tal o cual tributo. Pero si marca las figuras impositivas y los sectores que deberían generar nuevos ingresos. Así, constata que el Gobierno tiene margen para limitar la aplicación de los tipos de IVA reducidos, y que puede entrar en el campo de los impuestos medioambientales, “sobre todo los impuestos sobre los carburantes”.

También se refiere a actuar sobre el impuesto de sociedades y a luchar contra la economía sumergida. Una fuente del gobierno comunitario señala que debe ser el Gobierno español el que actúe, tomando en cuenta el conjunto de su sistema fiscal. Es necesario, como apunta el documento de la CE, una “revisión sistemática del sistema tributario”.

El déficit primario crece


La Comisión, en su informe para España, advierte de que el examen de la reforma laboral llegará en julio, y pide que se presenten modificaciones, si es preciso, en el mes de septiembre. En el capítulo de pensiones apunta, además, que debe “culminar a final de 2013 la regulación del factor de sostenibilidad estableciendo, entre otras cosas, que la edad de jubilación vaya aumentando en función de la esperanza de vida”. Más claro el agua.

El control de Bruselas, por tanto, es ya definitivo. No habrá sanciones, no, pero se pide a España que aborde las reformas pendientes y que siga la senda emprendida, después de aplaudir los esfuerzos “convincentes” que ya se han realizado.

El problema es serio. Porque en el caso de España se han unido demasiados factores, propios, y los que son producto de la crisis de la deuda soberana, a raíz de la orgía del crédito, principalmente privado, del último decenio en todo el mundo. Una fuente comunitaria alerta de un hecho: “El déficit primario comienza a ser peor que el griego, y se puede crear un efecto de bola de nieve”.

¿Qué quiere decir con ello? Que la deuda pública española, que estará cercana al 100% sobre su PIB en el próximo año, ha crecido rápidamente. Y que el peso de los intereses de la deuda provoca que la deuda vaya creciendo, pese a la reducción del déficit.

Diez años a la japonesa

¿Qué puede pasar, por tanto? España puede entrar, ya lo ha hecho, en una situación muy parecida a la de Japón en las dos últimas décadas. Con crecimientos muy pequeños, si es que se producen, que impidan reducir el desempleo. La paradoja, en cualquier caso, es que España no se ha hundido, si atendemos a su propio PIB, que ahora es ligeramente inferior al de 2007, con un endeudamiento privado en 2012 algo inferior, también, respecto a 2007.

Se han perdido, en cualquier caso, cinco años. Y se pueden perder, según las mismas fuentes comunitarias, entre otros cinco y diez años, respecto a las cifras de empleo. Hace falta, por tanto, una inyección que estimule la economía española, y que, de momento, no llega por parte de sus socios de la Unión Europea.

Plan para el desempleo juvenil

Hay, únicamente, algunas señales positivas, como la inversión de 6.000 millones de euros en los próximos siete años para paliar el paro juvenil. Una cifra que se destinará, sin embargo, para 27 países, aunque el más beneficiado pueda ser España. El plan lo destacó Barroso, en un alarde de que la Comisión, ahora sí, está dispuesta a hacer cosas, pese a que sean del todo insuficientes.

España sigue a flote, agarrada ahora a la posibilidad de tener un mayor déficit de lo esperado. Pero Bruselas, a falta de una reacción de los estados más fuertes, como Alemania, ha tomado el mando.
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