El expresidente catalán Carles Puigdemont aparece en un vídeo en el que ofrece un discurso a los jóvenes seguidores del partido Nueva Alianza Flamenca (N-VA) en Lovaina, Bélgica. EFE

El derrumbe de Puigdemont relaja a los constitucionalistas

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Los mensajes derrotistas que Puigdemont envió a Toni Comín motivan a los constitucionalistas, que ignoran las incógnitas que existen todavía

Carlos Carnicero

El expresidente catalán Carles Puigdemont aparece en un vídeo en el que ofrece un discurso a los jóvenes seguidores del partido Nueva Alianza Flamenca (N-VA) en Lovaina, Bélgica. EFE

Barcelona, 01 de febrero de 2018 (04:55 CET)

Cuando Mahatma Gandhi fue detenido y juzgado por sedición, interrogado por el juez británico, declaró que no tenía defensa ante las leyes británicas que sin duda tenían obligación de aplicarle; en consecuencia, debían condenarle a la más severa de las penas.

El juez confirmó el pronóstico de que no tenía margen, pero le confesó en público que nadie se alegraría más que él si el Imperio Británico decidía atenuarle la condena. Gandhi era un revolucionario consecuente y asumía las reglas de juego vigentes para conseguir una India independiente. No se amedrantó con la cárcel. Y la India consiguió su independencia.

Gracias a la indiscreción de un cámara de Telecinco, hemos conocido que el estado de ánimo de Carles Puigdemont es la derrota y que ha asumido "el ridículo histórico, histórico" en el que ha acabado su intento de institucionalizar su legitimidad como president de una república non nata.

Carles Puigdemont es la imagen de la derrota y ha asumido "el ridículo histórico" que ha cometido

En Madrid, las planas mayores de los partidos constitucionalistas asumen en privado que Mariano Rajoy ha acertado retorciendo los procedimientos de su impugnación ante el Tribunal Constitucional. Todos saben que es una victoria provisional que obliga a los independentistas a elegir entre realidad y confrontación con el estado democrático. Pero tal vez se hayan dado cuenta por fin de las consecuencias que tiene desafiar el código penal. Unanimidad también en que estamos en una carrera de fondo, donde lo que cuenta es la capacidad de mantener la unidad constitucionalista y el ejercicio de la política para conseguir un cambio electoral a medio plazo en Cataluña. Es la única solución.

Hay dudas sobre si los plazos han empezado a correr para unas nuevas elecciones. El siguiente paso está en manos de Roger Torrent, presidente del Parlament, que en el primer envite de su nueva responsabilidad ha evitado la desobediencia y la confrontación con la ley. Ahora es acusado por los seguidores de Puigdemont de traición y confirmada la fractura del bloque secesionista. Eso es lo que tiene el fanatismo; nubla el conocimiento.

Los seguidores de Puigdemont acusan ahora a Torrent de cometer una traición

Si persiste en los intentos de una investidura imposible de Puigdemont –que el ex presidente ya da por perdida- su horizonte próximo penal es terminante.

Ayer, el periodista José María Irujo publicó en El País una información relevante del entorno del Tribunal Supremo. Los acusados de rebelión serán inhabilitados para el ejercicio de función pública cuando se decrete el procesamiento. Previsiblemente en el mes de marzo. Y eso significaría una limpieza política de los dirigentes del secesionismo que han llevado al procés a la situación en que se encuentra.

Como siempre, más incertidumbres que certezas

La primera incógnita que previsiblemente se concretará en los próximos días es si ERC tiene fuerza para postular un nuevo candidato a la Generalitat o Puigdemont para imponer unas nuevas elecciones. Es un tema mayor porque lo que está en juego es la hegemonía del nacionalismo.

Carles Puigdemont depende de los incondicionales que han puesto por delante su pretendida legitimidad sobre los intereses del partido de la antigua Convergencia. Y, por supuesto, sobre los intereses de los ciudadanos. Dispone, de momento, con una guardia pretoriana que disminuye en la medida que van cediendo actas los diputados que están huidos y algunos que no quieren problemas.  

Primera incógnita: ¿ERC tiene fuerza para postular un nuevo candidato a la Generalitat? 

Si se repitieran las elecciones, no es descartable una redición del síndrome de Artur Mas que cada vez que hacía un adelanto electoral perdía fuerza.

La segunda incógnita es la reacción de la parte de la sociedad catalana ante el "ridículo, ridículo" que ha reconocido Carles Puigdemont. Los mensajes de Puigdemont en su sistema de conversación cifrado son demoledores. Reconocer el ridículo, no es un tema menor. La épica y el ridículo son como el agua y el aceite.

Incluso los más fanáticos están abocados al cansancio de lo imposible. Estrellar una y otra vez la realidad con la ensoñación, necesariamente tiene que producir fatiga. Se observa este fenómeno en cada convocatoria a la agitación. El martes, las masas convocadas ante el Parlament fueron escasas. Y por la noche, el centenar de personas que pretendían acampar al raso, optaron por ir a dormir a casa cuando los Mossos d' Esquadra realizaron la brutal amenaza de identificarlos.

Sociológicamente es imposible un vuelco electoral

Sociológicamente es imposible un vuelco electoral. En una confrontación de bloques, a lo más que se puede apostar en primera instancia es al pase a la abstención de quienes más sufran la fatiga de los materiales de la ensoñación. No es poco.

Es dramático, pero el cambio político en Cataluña pasa necesariamente por la dramatización de las consecuencias de esta aventura. El coste económico del procés se incrementará sobre la situación de los ciudadanos. Ese empujón a la realidad, cuando se incremente la bajada del turismo y del consumo y afecte directamente al empleo, provocará una reflexión ante ese callejón sin salida. Si los sacrifico solo promueven hacer el ridículo, el cansancio puede ser insoportable.

Es necesario que en paralelo se articulen medidas políticas y económicas para que sea más gratificante ser español.

El coste económico del 'procés' se incrementará sobre la situación de los ciudadanos

Este análisis es compartido en los estados mayores del PSOE y de Ciudadanos. La salida pasa por regeneración democrática, recuperación económica proyectada sobre los salarios y la calidad del empleo, un proyecto ilusionante para España y una reforma en la financiación de las autonomías y probablemente de la Constitución. Son los mimbres que tienen que proyectarse sobre la sociedad catalana para que se desmonte parte de la desafección hacia España.

A estas alturas, nos hemos acostumbrado a que Cataluña sea una realidad liquida y mutante. Se trata de impulsarse sobre pequeñas victorias sin promover contradicciones que hagan retroceder los avances obtenidos.

La salida pasa por una regeneración democrática y la recuperación económica proyectada sobre un proyecto ilusionante para España

A estas alturas de la crónica, hay que volver a llamar la atención sobre la increíble inhibición política de Podemos. De Cataluña no sabe ni contesta. Ni Pablo Iglesias ni Xavier Domènech y Ada Colau.

La mayor aportación de Pablo Iglesias en las últimas semanas son sus diatribas sobre Felipe VI y su indignación porque la heredera de la Corona, en una ceremonia discreta, haya recibido el Toisón de Oro que fue de su bisabuelo. Como aportación a la estabilidad política de Cataluña y España no está nada mal.

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