Puigdemont en una presentación de la Crida Nacional per la República. EFE

El fracaso de la Crida lleva a Puigdemont a crear su propio partido

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Puigdemont, que intentó sin éxito aglutinar a todo el independentismo en la Crida, pondrá en marcha otra formación de cara a las elecciones catalanas

Barcelona, 09 de julio de 2020 (04:55 CET)

Carles Puigdemont se prepara para presentar su nuevo partido el 25 de julio tras el fracaso de su primer intento: la Crida Nacional per la Repúblicaque tiene los días contados. Este partido-satélite impulsado por el fugado pretendía erigirse como un paraguas de todo el independentismo y acabar dando pie a una estructura al estilo del Scottish National Party.

Con este artefacto, el expresident pretendía absorber al menos a una parte de Esquerra Republicana, su principal competidor en las urnas, y a la vez engullir al Pdecat. Pero la realidad desmitió las ansias y objetivos de Puigdemont: los republicanos están más alejados que nunca de la hoja de ruta marcada por Waterloo y el partido heredero de Convergència está a un paso de la ruptura

Pese a todo, la Crida ha intentado aparentar una imagen de transversalidad al nutrirse de rostros conversos al independentismo, como la exconsellera de Salud socialista, Marina Geli; el exconseller de Salud por ERC, Antoni Comín; o el exalcalde de Cerdanyola del Vallès por ICV, Toni Morral, presidente de la entidad. Ninguna de estas figuras, en realidad, permite proyectar algo parecido a un catch-all party del independentismo (un partido atrápalo-todo).

La soledad de Puigdemont

Ni siquiera el Pdecat está adherido como tal a la Crida, aunque hubo parte de sus dirigentes que alentaron la inscripción al proyectode Puigdemont. El resultado ha sido la división del Pdecat y la resistencia de su presidente, David Bonvehí, a disolverse y a entregar a Puigdemont su botín más valioso: los derechos electorales (que se traducen en enormes subvenciones públicas). 

La Crida también ha fracasado a la hora de atraer a su espacio a la CUP. Pese a que dirigentes anticapitalistas como Albano Dante-Fachín (exCatalunya Sí que es Pot) han tenido un acercamiento programático –llegó incluso a pedir el voto por JxCat el 10N–, los antisistema siguen alejados de la influencia de Waterloo.

Lobby interno 

A la práctica, el papel que ha jugado la Crida ha sido el de guardián de las esencias del puigdemontismo. Así lo demuestran sus integrantes más destacados como las diputadas Elsa Artadi y Aurora Madaula, conocidas por mantener una permanente coherencia con Puigdemont.

La Crida Nacional ha rechazado siempre cualquier transformación del Pdecat en JxCat, así como cualquier propuesta de integración que mantuviera a la formación heredera de Convergència activa y con perfil propio. Toni Morral llegó a pedir una formación "100% nueva", pese a que eso supusiera perder los derechos electorales de JxCat.

Mismo detonante: rebeldía en el Pdecat

El nuevo partido de Puigdemont se crea en un contexto casi idéntico al que precipitó la creación de la Crida: la rebeldía de la cúpula del Pdecat ante los deseos del fugado. En 2018, cuando el expresidente anunció la creación de esta plataforma política, faltaba una semana para la Asamblea Nacional del Pdecat que debía decidir la continuidad de Marta Pascal al frente de la nave. 

Pascal había intentando un golpe de efecto: registrar la marca Junts per Catalunya como partido político y poner al frente a una de sus amigas de confianza, la militante del Pdecat Laia Canet. El movimiento de la actual impulsora del Partit Nacionalista de Catalunya –la escisión moderada del Pdecat– generó revuelo entre los cuadros afines a Waterloo, que le recordaron que "el nombre no hacía la cosa". 

Finalmente, Pascal cayó y se constituyó una ejecutiva de salvación encabezada por David Bonvehí con la diputada puigdemontista Míriam Nogueras de segunda. Desde entonces, la Crida ha tenido un papel subalterno y ha intentado contraponerse a una Esquerra Republicana llena de autocrítica que ha asumido cada vez más desacomplejadamente el rol que otrora ocupó la antigua CiU, adaptada a las nuevas circunstancias. 

Trámites para el cierre

Pese a ello, la última palabra la tienen sus adheridos, aunque se esperan pocas sorpresas puesto que la consigna de Waterloo es la de apoyar la disolución. Los miembros de este movimiento deberán decidir el futuro de la Crida en una conslulta la próxima semana. En un comunicado, la organización "comparte" y "asume" los objetivos del nuevo partido: "Llegará a ser el referente social y político que defenderá el mandato del 1-O". 

Todavía quedan incógnitas. Por ejemplo, si Pdecat y JxCat llegarán a un acuerdo de mínimos que les permita evitar la ruptura definitiva dentro de la descomposición interna del espacio de CDC. Por ello, el enémiso partido de Puigdemont, que nacerá con la proclama de la unidad, ni siquiera tiene garantizada la unión de los posconvergentes en vísperas de unas elecciones que podrían ser en otoño y que ERC toma con ventaja. 

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