Jordi Pujol coloca el primer cartel de su coalición, Convergencia i Unió (CiU), en el barrio badalonés de Sant Roque, en el inicio de la campaña electoral de las autonómicas de Cataluña en 1992

El libro que explica el nuevo mapa electoral en Cataluña

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El autor, Carles Castro, explica por qué se ha radicalizado el comportamiento electoral en Cataluña y cómo ha cambiado el mapa de identidades

Marcos Pardeiro

Economía Digital

Jordi Pujol coloca el primer cartel de su coalición, Convergencia i Unió (CiU), en el barrio badalonés de Sant Roque, en el inicio de la campaña electoral de las autonómicas de Cataluña en 1992

Barcelona, 22 de junio de 2018 (04:55 CET)

El cuadro político de la Cataluña anterior a 2010 sólo es una amalgama de recuerdos. Apenas queda nada de aquel lienzo. La picadora del "procés" ha triturado líderes políticos, siglas de partidos, sentimientos de pertenencia y, por supuesto, comportamientos electorales. La conclusión de todo ello es que el mapa se ha radicalizado

Carles Castro explica esta insólita evolución en El poder catalán en su laberinto, la última publicación de EDLibros, una obra imprescindible para comprender el momento actual.

El eslogan de Pujol de los 80: "El hombre para levantar Cataluña, no para dividirla"

El libro repasa la hegemonía que ejerció CiU durante prácticamente tres décadas y atribuye aquella posición, entre otros factores, a ser la oferta que "menos rechazo" generaba. Esa ventaja competitiva ha desaparecido. Hoy sería inimaginable que un líder soberanista se presentara a las urnas, tal y como hizo Jordi Pujol, con su eslogan de los 80: "El hombre para levantar Cataluña, no para dividirla".

El autor analiza a fondo la evolución del relato nacionalista, sus viejas y sus nuevas promesas. "El antiguo relato respondía a un catalanismo instintivo y sintonizaba con la inevitable arrogancia secular de ciertas clases medias autóctonas, convencidas de su superioridad cultural e identitaria frente al vecino", describe Carles Castro.

El factor TV3

Esas mismas clases, explica el autor, encontraron en los contenidos de TV3 "el espejo perfecto en el que mirarse, ya que recreaba un relato complaciente del país y una imagen autosatisfecha". Sin duda, concluye Castro, la televisión autonómica contribuyó decisivamente a aquella hegemonía.

Existen, sin embargo, muchos más elementos que contribuyen a alimentar al gusano de seda nacionalista antes de su transformación en mariposa soberanista. "A partir de 1984, y sostenidos con el nutriente de las subvenciones públicas, los sectores más radicales del catalanismo se convirtieron en una verdadera fuerza de choque y agitación nacionalista", describe El poder catalán en su laberinto.

La crisis económica y las nuevas generaciones han radicalizado el comportamiento electoral

La maquinaria nacionalista funcionó como un reloj durante años y, por tanto, su mutación al soberanismo fue, hasta cierto punto, presumible. Bastó con la turbulenta tramitación del Estatut y el estallido de la crisis para disparar la situación. Todo ello, combinado con las nuevas generaciones de catalanes y el fin del comportamiento dual en las elecciones (autonómicas, generales), arrojó un nuevo panorama.

"La crisis económica y la irrupción de nuevas generaciones de ciudadanos han radicalizado las posiciones porque ya no tienen las inercias de la Transición. En la medida en que todas aquellas generaciones que votaban en los 80 –y que sentían miedo en cierta manera–  se han ido sustituyendo es más fácil optar por ofertas electorales más radicales", apunta Carles Castro.

 

 

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