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El portavoz del PSOE, José Luis Ábalos, define la nueva estrategia desnudando a Iglesias, pero con una afilada crítica a Rajoy, ganando personalidad

Carlos Carnicero

Pedro Sánchez acompañado por los diputados Adriana Lastra y el nuevo portavoz parlamentario socialista José Luis Ábalos. /EFE/J.P. Gandul

Madrid, 15 de junio de 2017 (07:52 CET)

Retratados. El portavoz del PSOE, José Luis Ábalos, retrató tanto al Partido Popular como a Unidos Podemos. Lo vemos.

La zafiedad es una herramienta fácil de manejar, no necesita manual de instrucciones –cualquiera medianamente limitado puede llegar a dominarla- y en esta sociedad sintetizada puede conseguir entusiastas adeptos. Lo digo porque con contadas excepciones, el debate sobre la moción de censura de Podemos a Mariano Rajoy ha demostrado que cualquier juntador de insultos puede tener aplausos sostenidos de su bancada en el modo que gustan los dictadores de todas las épocas. Todo esto es necesario apuntarlo antes de abordar la posición del PSOE, y de José Luis Ábalos, en su intervención en el Congreso.

El matiz, la inducción, las imágenes sobrevenidas, necesitan talento. Dime de qué presumes…. El autoelogio, la complacencia, la osadía, la autosuficiencia resultan insoportable. Y se confirma la tesis de que hay personas, líderes en este caso, que cuanto más les conoces menos te atraen; te distancian y, a fin de cuentas, se te dibujan como insoportables.

Iglesias ha demostrado que el autoelogio, la complacencia y la autosuficiencia resulta insoportable

La impostura en Pablo iglesias promueve que cuando quiere representar ser amable se revela condescendiente. Ha perfilado su retrato psicológico en ausencia de autenticidad, de tal forma que sus convicciones sucesivas y contradictorias promueven el escozor abrasivo del ácido sulfúrico. Para ser amable, Pablo Iglesias, previamente, necesita dar su aprobación a las conductas, trayectorias y esencias de quien quiere agradar en ese instante. El líder indiscutible, para acercarse a sus víctimas, las elogia brevemente con ausencia de credibilidad.

La transición, tan denostada, fue una excelente escuela política y parlamentaria. Lo demostró ayer José Luis Ábalos.  Viejo, mejor dicho, antiguo militante comunista –en Latinoamérica, a las personas de edad se les llama “grandes”, porque se les respeta-  seguro que respiró el aire del mejor Santiago Carrillo. Mesura que puede ser demoledora, abrazos que son del oso, aunque parezcan de una sirena, le permitieron ayer hacer un discurso bipolar en donde quedaron retratados tanto el Partido Popular como Unidos Podemos.

Vayamos por partes, porque merece la pena el análisis.

Fue una operación parlamentaria la de Ábalos con múltiples frentes y objetivos.

El primero, introducir el relato de la nueva situación del PSOE emergido de la victoria de Pedro Sánchez. “No es no”, con el matiz de que la abstención no es necesariamente mala. Promulgación de amnistía a quienes decidieron la abstención en la investidura de Mariano Rajoy.

Ábalos comunica a Iglesias que los problemas de la familia socialista se resuelven en casa, que no se debe meter

Estas señales de paz interna se apuntalaron con la llamada de atención firme y serena a Pablo Iglesias sobre el respeto debido a todos los miembros de la familia del PSOE. A todos, incluso a los adversarios de Pedro Sánchez. Una manifestación de buen siciliano. Los problemas de mi familia los analizo, los califico y los resuelvo yo. Ni se te ocurra mentarme a la madre. Definitivo.

Creo que Pablo Iglesias no volverá a poner a Felipe González en sus “tramabuses”, se abstendrá de mencionar la cal viva o por lo menos se lo pensará tres veces, salvo que quiera en algún momento romper con el PSOE. Pero también le dijo Abalos, entre líneas, que solo perdona una vez, porque quien lo hace en dos ocasiones es un imbécil al que no se le renueva la confianza.

También le dijo a Iglesias que no es de fiar. Todo sutil, entre líneas, como lo debe hacer un buen parlamentario, que no necesita ser demasiado expresivo para que le entiendan. Vuelvo a la dislexia entre zafiedad y sutileza.

El segundo objetivo de Ábalos, que en realidad puede ser el primero, fue recalcar que al PP no le va a dar agua salvo que la necesite el PSOE para beber cuando se esté muriendo de sed. Tampoco necesitó aspavientos para retratar el universo de corrupción del PP –lo evidente no necesita mucho adornos-  y su vocación de desalojar a Mariano Rajoy del Gobierno sin caer en trampa de utilizar armas de fogueo que refuercen su presencia.

El nuevo PSOE marca la frontera con Podemos, y le recuerda que fue Iglesias quien instaló a Rajoy en la Moncloa

Rotunda su afirmación de que Mariano Rajoy está en La Moncloa porque Podemos lo instaló votando con el PP contra la moción de investidura de Pedro Sánchez. No necesito decirle a Iglesias que ellos, Podemos, ni siquiera consideraron la abstención. Los votos de Podemos y el PP estuvieron en la misma cesta.

Lo de Iglesias, perdonen ustedes, también me recordó en este pasaje a Nicolás Maduro o a los históricos caudillos latinoamericanos: Pablo Iglesias nos habló de su abuelo, que era socialista, y que se manifestó alguna vez en las calles de Madrid. Tiene que ser novia en la boda y niño en el bautizo y cura en la confesión.

En ese momento histórico de Iglesias, la Transición dejó de ser por un instante la concentración de todos los males; la prueba es que de manera difusa su abuelo participó en ella. ¡Que tranquilidad para tantos demócratas españoles que Iglesias haya conseguido por fin, por la vía familiar, encontrar alguna virtud en el régimen que nos ha permitido a los españoles vivir en libertad! Llegados a este punto, una pincelada positiva de los gobiernos de Felipe González. Bueno, sin excesos, en quien está instalados en ellos.

La tercera intención de Ábalos fue dejar abierta la puerta que Podemos colabore con ellos. No digo a colaborar con Podemos, que no es lo mismo, aunque a quien le interese puede pensar que es igual. 

Trató Ábalos a Iglesias como al que quiere ser novio y la chica le contesta que le gustaría mucho tener una buena y sana amistad con él. Te quiero, pero no me voy a la cama contigo, porque siempre estaría pensando en Sharon Stone y en el punzón de hielo de Instinto Básico.

A Rajoy le van a hacer caer los sumarios judiciales, no una división acorazada liderada por Podemos

Este PSOE no desdeña a Podemos con la condición de que traiga los deberes muy hechos y respete las formas y las jerarquías. La sonrisa amable del líder de Podemos probablemente es exacta a la que tenía Bruto cinco minutos antes de apuñalar a Julio César.

Para despertarnos de este sueño llegó Rafael Hernando. Pis, caca y culo. Se sujetó el vientre para no expandir gases. Es lo único que hay que agradecerle al portavoz del Partido Popular.

El resultado de este programa de varieté política que ha dudado casi veinte horas es que Mariano Rajoy, como Adolfo Hitler en atentado de operación Valquiria, salió con algunos girones, pero sin sangre en el rostro.

Sin embargo, para ser justos, también hay que decir que, a la vista de este desastre parlamentario, Pablo iglesias nos tranquilizó al asegurarnos que empieza a escribir otro libreto para volver a presentar la misma comedia. Ya trabaja en otra moción de censura para la vuelta del verano.

¿Por qué será que en cuarenta años de democracia a nuestros líderes en la oposición no se les haya ocurrido presentar más que dos mociones de censura? ¡Con lo fácil que es hablar durante dos días para salir trasquilado!

A Rajoy le van a hacer caer los sumarios judiciales. No una división acorazada formada por Podemos, Bildu y Esquerra Republicana de Catalunya. Y desde luego, Pedro Sánchez solo presentará una moción de censura, además como candidato, cuando tenga tropas de infantería para organizar el asalto.

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