El PSOE se levanta contra el círculo estrecho de Sánchez

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Susana Díaz y Rubalcaba corren a defender a Fernández Vara, que pide un debate urgente sobre la posición de los socialistas para evitar las terceras elecciones

Pedro Sánchez, líder socialista, en el Congreso de los Diputados. EFE

Barcelona, 15 de septiembre de 2016 (01:00 CET)

El PSOE es un manojo de nervios. Anque el foco está situado ahora en el PP, con la situación insostenible de Rita Barberá, los dirigentes socialistas se han levantado en contra del círculo de Pedro Sánchez, eso que siempre se ha considerado como el aparato de un partido. La bronca en las redes sociales es enorme, pero también las manifestaciones públicas, en las que se defiende un debate serio sobre qué posición debería adoptar ahora el PSOE con la investidura, con el objeto de impedir unas terceras elecciones.

La paradoja es enorme, porque quien parece que las desee con más fuerza es Mariano Rajoy, y el PSOE se encuentra ante la tesitura de permitir la investidura de Rajoy, para que esas elecciones no lleguen, porque le perjudicarían más que al PP, aunque todo está por ver.


Todos contrariados

El hecho es que los barones territoriales, encabezados por Guillermo Fernández Vara, que gobierna en Extremadura, se han levantado contra César Luengo, secretario de organización del partido, y contra María González Veracruz, responsable de Redes en el PSOE y muy cercana a Sánchez. La supuesta respuesta del partido a Fernández Vara, culpándolo de que no tener él mismo comunicación con Sánchez, porque 'no levanta el teléfono', ha desatado una ola de respuestas, a la que se ha sumado Alfredo Pérez Rubalcaba, y Susana Díaz, y hasta Eduardo Madina.

La mayoría de esos dirigentes y cuadros del partido, en distintas federaciones, tachan al equipo de Sánchez de cerrar el debate y de lanzar una especie de campaña contra el presidente extremeño, que –será por tradición-- sigue el camino de otros ex dirigentes extremeños, como Rodríguez Ibarra, de irrumpir en el debate nacional siempre que lo desea. 


Cómo decirle a Sánchez que se abstenga

El problema de fondo es que nadie le quiere decir a Sánchez en voz alta, antes, por lo menos, de las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre, que se debe abstener en la investidura de Rajoy, si lo intenta de nuevo. Se considera que la diferencia, como apunta Fernández Vara en su blog, se ha establecido entre los que gobiernan y los que no lo hacen, y que los primeros desean ya estabilidad y un gobierno en España. Después el PSOE deberá ejercer con intensidad su papel en la oposición, pero se insiste en que, primero, debe haber un gobierno.

Susana Díaz incidió en que Sánchez no puede gobernar con 85 diputados, y que debería descartar por completo cualquier operación junto a Podemos y Ciudadanos. Es cierto que Díaz aseguró este miércoles que la situación de Mariano Rajoy es "insostenible", pero también que el PSOE no tiene otra opción que esa abstención.


Esperando a las gallegas y vascas

La distancia, por tanto, entre el equipo de Sánchez y la mayoría de dirigentes territoriales del partido, --menos Francina Armengol en Baleares, y Miquel Iceta en Cataluña, con distancias claras ya con Ximo Puig en Valencia-- es cada vez mayor. El problema para todos ellos es que Sánchez sigue esgrimiendo una carta: es, tal vez, el dirigente del PSOE más legitimado por sus propias bases, porque fue elegido con los votos de la militancia. Y podría reclamar que fuera también esa militancia la que se pronunciara sobre una abstención al PP. El propio Sánchez insiste, y lo ha hecho en las últimas horas, en rechazar la investidura de Rajoy y del PP.

Con todos esos elementos, con una distancia mayúscula con ese grupo que arropa a Sánchez, el PSOE sólo aguarda al 25 de septiembre para ver qué salida podría tener, y pensando principalmente en el congreso del partido, que debería definir el liderazgo a medio plazo de los socialistas.


Abstención o elecciones

El panorama se enrarece más, porque esa crisis, que se mantiene larvada desde que Rodríguez Zapatero no supo reaccionar en mayo de 2010, cuando la Comisión Europea le exigió que reorientara toda su política económica, y que tampoco se resolvió –para muchos empeoró-- cuando Pérez Rubalcaba ganó por escasos votos a Carme Chacón al frente de la secretaría general, llega con el peor momento para Mariano Rajoy.

Con un otoño repleto de causas judiciales para el PP, ¿cómo puede el PSOE abstenerse para permitir la investidura de Mariano Rajoy? Y aparece la respuesta, nada consoladora: en unas terceras elecciones, los socialistas se podrían hundir.  
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