Felipe VI asumirá de frente el problema catalán

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SUCESIÓN EN LA CORONA

 El entonces Príncipe Felipe, en un acto en Navarra, el 2 de juny./EFE/Javier Etxezarreta

19 de junio de 2014 (01:08 CET)

Desde las cero horas de este jueves, el Príncipe Felipe es ya el Rey Felipe VI. Su padre, el Rey Juan Carlos I, firmó la ley de su propia abdicación este miércoles. Y el nuevo monarca será coronado con una ceremonia discreta, pero buscando el apoyo popular por las calles de Madrid.

Felipe VI tendrá, como su padre, unas responsabilidades muy concretas, marcadas por la Constitución. Pero dispone de una gran oportunidad. Pronunciará un discurso en el Congreso, ante todas las autoridades del país, incluidos los presidentes autonómicos, y, entre ellos, el President Artur Mas, que acabará de llegar de California.

Y la cuestión catalana será una de las centrales, porque es el mayor problema de la política española. La Casa Real no ha ahorrado la importancia de ese primer discurso, al indicar que tendrá un gran componente político.

Preocupación del monarca por Catalunya

Empresarios y políticos que han tratado al Príncipe Felipe en los últimos meses insisten en que “conoce a la perfección la situación de Catalunya”. El foro de empresarios de Madrid y Barcelona, conocido como Puente Aéreo, tuvo un encuentro reciente con él, y comprobó la preocupación del ahora ya monarca. Y el convencimiento es que Felipe VI quiere encarar el problema catalán de frente. Quiere encontrarle una solución y quiere implicarse.

Esa vía no llegará, sin embargo, gracias a las palabras de Felipe VI, porque existen proyectos contrapuestos, pero lo pondrá en primer plano.

Recentralizar o federalizar

El Gobierno español recibe presiones de signos muy diferentes. El propio presidente Mariano Rajoy lo admitió en su reciente intervención en las jornadas económicas del Círculo de Economía en Sitges. “Hay fuerzas centrífugas y centrípetas”, aseguró, en relación a lo que plantea el PSOE, un proyecto netamente federal, o lo que sugiere y aplica una parte del PP, la recentralización del Estado.

Las alternativas de España en relación a Catalunya se pueden concretar en cinco escenarios, según lo que ya está sucediendo.

El mayor riesgo, recuperar competencias

El primero es una recentralización, que algunas comunidades autónomas, como la poderosa Comunidad de Madrid, ya están pidiendo. Es lo que denuncia el Govern de la Generalitat. Al calor de la crisis económica, se estaría produciendo una involución, con legislaciones ya en marcha en materia fiscal, financiera, municipal, educativa o laboral. Para Catalunya provocaría potenciar los sectores más soberanistas.

En el segundo, se podría abrir una nueva descentralización. Pero se trata de un camino, como ha sugerido el catedrático de Ciencia Política, Josep Maria Vallès, que “tiene poco recorrido”. La evidencia es la frustración generada con el Estatut de Catalunya.

Un estado federal, sin singularizar

La tercera es la que propone el PSOE. El camino federal de España, que, en realidad, pasa por mejorar el actual estado autonómico, con un Senado que actúe como estabilizador y foro de discusión sobre las competencias autonómicas. Pero el PSOE defiende que, con una reforma de la Constitución, se fijarán con claridad qué competencias son de los estados federados y cuáles las del Gobierno federal.

Para Catalunya tiene un claro inconveniente, como ha evidenciado siempre el nacionalismo catalán, a través de CiU en las últimas décadas: no recoge el reconocimiento singular de la nación catalana, a no ser que se incorporaran elementos de federalismo asimétrico, que el propio Rajoy reclama que se explique con mayor claridad.

La relación confederal de Navarra

El cuarto camino es el más interesante. Se trata de la vía Navarra. Cuando se habla del estado autonómico que nació con la Constitución de 1978 se olvida ese hecho. Los expertos hablan de un proceso inicial, que, a lo largo de los años ochenta, se concreta en una “nivelación del sistema de autogobierno en quince comunidades autónomas, régimen autonómico singular para el País Vasco y relación cuasi-confederal del Estado con Navarra”, según Vallès.

La quinta vía, claro, no sería otra que la ruptura entre Catalunya y España, que es, precisamente, lo que se quiere evitar, y que sólo tendría opciones de éxito si se produjera de forma amistosa, algo que, precisamente, no se intuye que pueda ocurrir.

Felipe VI puede encauzar una de las vías posibles. La de Navarra es la que concita más adhesiones entre los nacionalistas, y podría provocar que disminuyera, de forma clara, el soberanismo.

Disposición adicional

Uno de los padres de la Constitución, Miguel Herrero de Miñón, lo ha concretado todavía más. El acuerdo podría pasar por la incorporación en la Constitución de una disposición adicional, sin necesidad de reformar la Carta Magna, que implicaría revisar muchas cuestiones, con resultado incierto. Herrero de Miñón recuerda que la Constitución experimentó “una mutación”, con acuerdos políticos en 1981 entre las grandes fuerzas políticas. Y que, ahora, se podría pasar a una “prudente revisión”.

Con esa disposición adicional, o una nueva, “podría elaborarse para Catalunya un instrumento de gobierno donde se blindasen competencias estratégicas tales como las económico-financieras, educativas, lingüísticas y culturales”.

Sería, a su juicio, “un instrumento de Gobierno formalmente pactado con el Estado”. Herrero de Miñon, que explicó esa vía en una conferencia en el Círculo de Economía, se pregunta, “¿acaso no lo está –pactado—el Amejoramiento del Fuero de Navarra?”

Hay salida, por tanto. Si Felipe VI la apunta este jueves, y las fuerzas políticas la recogen en los próximos meses.
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