El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izda), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en su reciente firma del pacto de presupuestos

Iglesias abandona a Pedro Sánchez en su misión de resistir en Moncloa

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Los resultados de Andalucía cuestionan las líneas maestras de la estrategia del PSOE. Podemos endurecerá sus críticas al Gobierno para recuperar terreno

Carlos Carnicero

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (izda), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en su reciente firma del pacto de presupuestos

Madrid, 04 de diciembre de 2018 (04:55 CET)

Una de las cosas que han evidenciado las elecciones generales es que la cocina de Félix Tezanos produce indigestión en los electores. Vaticinó en sus fogones una victoria mayor que la de 2015 para Susana Díaz y ha perdido 14 escaños y cuatrocientos mil votos.

Todavía no se tienen noticias de que el director del CIS haya sido cesado o haya presentado su dimisión. Con este precedente de Tezanos en las primeras elecciones dirigiendo el CIS, los barones del PSOE se estarán ajustando los machos para las municipales y autonómicas.

Desde luego no es el mayor problema de Pedro Sánchez a la vista del descalabro del PSOE en su principal granero de votos. Es un axioma que para que el partido socialista gane unas elecciones generales necesita unos extraordinarios resultados en Andalucía y en Cataluña. A la vista del panorama en estas dos comunidades, el futuro del PSOE aparece envuelto en nubarrones.

Las pistas de la nueva estrategia de Pedro Sánchez  

Se propone defender la democracia y la Constitución, que supone amenazada por la incursión de VOX en la política parlamentaria española. Un anuncio de que de nuevo el miedo a la derecha, en este caso, extrema, será un leit motiv de las políticas del Gobierno. De momento, Franco sigue enterrado en el Valle de los caídos, después de sucesivas fechas anunciadas para su traslado. Lo cierto es que sobreactuar con este asunto puede ser que haya tenido que ver con el despertar de la derecha extrema que estaba anestesiada durante toda la transición.

Y, por supuesto, la dirección del PSOE se ha apresurado a señalar la puerta de salida a la secretaria general de los socialistas andaluces, recetándole una medicina que se negó a suministrarse cuando perdió dos elecciones consecutivas en las que logró conseguir el peor resultado de la historia de la democracia de forma sucesiva.

Cargar la culpa de los resultados a la candidata Díaz es un recurso obligado, pero choca con la evidencia de que han sido unas elecciones autonómicas que respiraron aire de política nacional.

Estaba cuajando la sensación de que un buen resultado en Andalucía era la condición para un adelanto de las generales

Lo sorprendente es que la derrota de Susana Díaz sucede habiendo ganado las elecciones. La casi imposibilidad metafísica de gobernar un feudo que ha sido monopolio del PSOE desde el comienzo de la transición convierte la victoria en derrota. Sin embargo, esa exigencia de Sánchez, si en los próximos días se confirma como tal, será una espada de Damocles en las próximas elecciones generales para el secretario general del PSOE.

Estaba cuajando la sensación de que un buen resultado en Andalucía era la condición para considerar un adelanto de elecciones generales, incluso en un súper domingo electoral haciéndolas coincidir con las municipales, autonómicas y europeas.

Esa posibilidad de acumulación de papeletas disgustaba a los barones socialistas, incluidos los incondicionales de Sánchez, que temían un efecto similar al ocurrido en Andalucía. Pero el bloqueo parlamentario y la situación de extrema debilidad de Sánchez le hicieron considerar esta posibilidad.

Aguantar a toda costa

Ahora sería un suicidio esa opción y la estrategia de Sánchez pasará por atornillarse al sillón de La Moncloa a toda costa. Lo que ocurre es que, si antes del domingo era difícil diseñar un plan para aguantar en el Gobierno, ahora los equilibrios serán prácticamente imposibles por las siguientes razones.

Primera, si el salvavidas es únicamente un plan de defender la Democracia y la Constitución, no va a tener compañeros de viaje para esas alforjas. Una de las pocas cosas que dejó transparentes al aterrizar en el Gobierno fue dinamitar el pacto constitucional que se había formado para hacer frente al desafío secesionista. En ningún momento ha negociado el presidente Sánchez sus políticas para Cataluña ni con el PP ni con Ciudadanos.

La candidata a la reelección de la Presidencia de la Junta, Susana Díaz, y el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto de la campaña andaluza

La candidata a la reelección de la Presidencia de la Junta, Susana Díaz, y el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto de la campaña andaluza

No solo por eso, la posibilidad de contar con el apoyo de estos partidos para su proyecto de defender la Constitución con el objetivo de neutralizar el crecimiento de VOX es una quimera. Antes de conocer si estos tres partidos llegan a un acuerdo para gobernar Andalucía, está claro que ni Albert Rivera ni Pablo Casado –con quien el presidente de Gobierno rompió solemnemente relaciones, retomadas para formar un Consejo General del Poder Judicial que nació muerto- van a suministrar ninguna cantidad de oxígeno a un adversario que consideran tocado.

El espíritu del 15-M

Segundo, Pablo Iglesias se ha apresurado a invocar el espíritu del 15M; echarse a la calle para una lucha antifascista casa mal con el papel de socio preferente del gobierno. Además, el líder de Podemos había comenzado un distanciamiento del PSOE. A la vista del resultado de Podemos y del PSOE, la decisión del líder morado no puede ser otra que aumentar las críticas y la distancia con el Gobierno.

Tercero, la relación con los partidos secesionistas y los gestos que Pedro Sánchez ha hecho de acercamiento hacia ellos -llegando incluso a ordenar retirar a la abogacía del estado la acusación de rebelión e insinuar reiteradamente ser partidario del indulto a los acusados- ha sido uno de los factores de abandono de electores socialistas en Andalucía.

Si el apoyo de los partidos catalanes era muy difícil de conseguir, en esta situación parece imposible. Con algunos presos preventivos en huelga de hambre, sería una dicotomía muy difícil de consultar.

Si antes era complicado utilizar la manivela del decreto ley, ahora, con la nueva actitud de Podemos, es mucho más complicada

Es cierto que la amenaza de un nuevo gobierno formado por quienes han prometido volver a aplicar la intervención en Cataluña siempre había sido un factor a favor de que los independentistas finalmente aprobaran los presupuestos. Ahora parece una hipótesis imposible.

La manivela del decreto ley

Si antes era complicado utilizar la manivela del decreto ley, ahora, con la nueva actitud de Podemos, es mucho más complicada.

Los resultados de Andalucía cuestionan también la estrategia de acercamiento del PSOE con Podemos. Los dos han recibido castigo electoral. Cuando conozcamos la intrahistoria de los resultados del domingo podremos certificar las causas de desafección de nada menos que cuatrocientos mil votantes socialistas.

Pero dando por bueno que la mayor parte de las causas residen en la política nacional, lo lógico sería que Pedro Sánchez revisará las líneas que ha marcado en su gobierno desde la moción de censura.

Lo usual, dada su personalidad, será cargar todas las culpas en la candidata Susana Díaz. Como recurso retórico no está mal. Imposible negar las dificultades de definir una nueva estrategia en un marco nuevo con los mismos objetivos: nada más que permanecer en el poder.

Pedro Sánchez es un maestro de lo imposible. Pero esta vez parece que se ha quedado sin conejos y palomas en la chistera.

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