El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, durante la concentración de alcaldes en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona. EFE/Toni Albir

Junqueras, el sofisma y la falacia como tecnología política

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Oriol Junqueras recurre a las falacias para justificar un proceso que no es democrático y vulnera la ley

Carlos Carnicero

El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, durante la concentración de alcaldes en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona. EFE/Toni Albir

Barcelona, 24 de septiembre de 2017 (04:55 CET)

“Sofisma” en el diccionario de la Real Academia: “Razón o argumento falso con apariencia de verdad”.

 

Siento una fascinación de naturaleza psicológica por Oriol Junqueras. Todo él parece enigmático, aunque no lo sea. Probablemente es solo impostura. Su porte, su expresión, aparentemente inexpresiva. Sus muletillas y pausas para controlar un pensamiento que aparentemente no está sincronizado con su expresión. Siempre me ha parecido un niño grande, falto de cariño. Cuando se ha puesto a llorar en directo, en televisión, he llegado al cenit de mi fascinación por el personaje. Tiene una cualidad que me parece admirable. Nunca se avergüenza de las mentiras que dice porque ha interiorizado su utilidad. Cinismo en estado puro. ¡Eso es desparpajo!

El otro día le dijo tres veces, en una entrevista, a Antonio García Ferreras, que los suyos eran buena gente, que él era buena gente, que se preocupaban por el pueblo de Cataluña. Aparentemente imploraba comprensión; nada más lejos. Estaba acomodando su discurso en la estrategia de no contestar a las preguntas porque la concreción le incomoda. Ventiló una entrevista política con juicios morales sobre su bonhomía.

Se quiere hacer pasar por bobo para poder salirse con la suya. Utiliza como nadie la tecnología de la falacia: “Hábito de emplear falsedades en daño ajeno”

Junqueras nunca se avergüenza de las mentiras que dice porque ha interiorizado su utilidad

No disimula que el presidente catalán es el muñeco y él un ventrílocuo. Pero el que hasta ahora se ha quemado en el desafío a la ley es Carles Puigdemont. Él intentará salir indemne de este golpe de estado y a la democracia; los hilos los mueve él directamente y a través de un pequeño grupo de funcionarios incondicionales. Aspira a quedarse con los restos de lo que quede de esta fractura tremenda de la sociedad catalana.

Cuando le preguntan ¿qué legalidad hay en Cataluña si ustedes han derogado la vigencia de la Constitución y el Estatuto? Responde sin inmutarse: “el derecho internacional”. Una abstracción que le alivia de concretar una sola norma. ¡Qué más da! No necesitan disimular porque hay un montón de gente que le cree con una incondicionalidad admirable.

Puigdemont aspira a quedarse con los restos de lo que quede de esta fractura tremenda de la sociedad catalana

Es un patrón, el de Junqueras, que se ha instalado en las élites del independentismo. Prescindir de la realidad, establecer un discurso del que se omiten todos los episodios que contradicen su relato y repetir los mismos eslóganes que se hacen agotadores a la inteligencia y al pensamiento crítico y que calan como una lluvia fina en sus fanáticos seguidores.

¿Altercados, qué altercados?

¡Movilizaciones pacíficas sin un solo incidente!

Oiga, que han destrozado coches de la Guardia Civil, que se han llevado armas y enseres de los vehículos y que esa sedición se ha retrasmitido en directo. Que tuvieron sitiados a una secretaria judicial y a miembros de las fuerzas seguridad durante toda una noche.

¿Alguien se imagina que un grupo de manifestantes se comportara así con miembros de la gendarmería francesa, de Scotland Yard o de la policía alemana?

El corolario de este estado de cosas es que suceden porque quienes las perpetran no solo piensan que van a salir impunes, sino que además con total desparpajo les parece inadmisible que nadie pueda ser perseguido por esos delitos.

Todo lo que sucede en Cataluña en estos días es “un ejercicio de democracia” y “nadie podrá parar al pueblo de Cataluña”. Y se acabó.

Recapitulemos porque están pasando demasiadas cosas.

El desafío a la ley y al estado de derecho está in crescendo. Pero además lo hacen con descaro, con desparpajo, pretendiendo ridiculizar a las más altas magistraturas del Estado. El president como un vendedor de aspiradoras, anuncia en su Twitter las páginas de internet que permiten, supuestamente, encontrar los colegios electorales.

En Cataluña el desafío a la ley se hace con descaro y desparpajo

Hay una pregunta que me inquieta

¿De verdad desconocen que reírse de las instituciones de un estado de derecho es posible en un país de la Unión Europea sin que tengan que pagar un alto precio por ello?

Tener a 4.000 policías y guardias civiles medio escondidos, sin poder salir a comprar tabaco, gracias a la llamada a una movilización permanente desde el gobierno de Cataluña, ¿no obliga a un desenlace en el que quede claro que un Estado es una cosa muy seria como para que salga gratis reírse públicamente de él?

Hay muchas voces que reclaman diálogo. ¿Se puede negociar con los golpistas sin que depongan su actitud?

Hay una cantinela que repite que votar no puede ser un delito. Se repite que una inmensa mayoría de los catalanes quiere ejercer el derecho a decidir. Es mucho suponer, porque como siempre ocurre con los movimientos patrióticos, la pretensión de monopolizar la representación de todo el pueblo genera un clima de temor en quienes piensan distinto. No hay casi voces discrepantes porque hace falta coraje para hacerlo.

¿Se puede negociar con los golpistas sin que depongan su actitud?

Joan Manuel Serrat, que demostró entereza para desafiar al franquismo al no renunciar a representar a España cantando en catalán, ha sido calificado de traidor por decir sencillamente que el referéndum no tiene garantías y no es transparente. Si eso le pasa a un ídolo como Serrat, ¿que no le ocurrirá al boticario de la esquina?

Cuando se desprecia la servidumbre de la ley se cruza una talanquera que tiene difícil retroceso. No hay norma o legislación que estén dispuestos a respetar si es un obstáculo para sus planes.

Algunos ejemplos:

Supuestamente, los síndicos elegidos en aquellas antidemocráticas sesiones del Parlament, como garantía imprescindible para la consulta, amenazados por el Tribunal Constitucional con multas de 12.000 euros diarios, han dimitido en bloque para esquivar la sanción. Ya no hay un órgano que teóricamente garantice la limpieza del proceso electoral. No importa, a una semana vista, han dicho que llamaran a intelectuales y famosos para que supervisen nada menos un referéndum donde se va a decidir la separación de Cataluña de España.

Cuando se desprecia la servidumbre de la ley se cruza una talanquera que tiene difícil retroceso

Si tuvieran coherencia con la actitud golpista que protagonizan, les daría igual la multa, porque lo que les debiera importar son las condiciones que ellos mismos se han impuesto para la consulta. No sé si es solo “la pela es la pela”, o su coraje llega hasta donde alcanza su bolsillo.

Todo para preservar el relato de que una consulta no hace daño a nadie. Y que el Estado español totalitario quiere impedirles ejercer la democracia.

Ya no hay un órgano que teóricamente garantice la limpieza del proceso electoral

Pues depende. Si la Constitución no la contempla y el Tribunal Constitucional la declara ilegal sí que hace daño. Sencillamente porque vulnera la ley. Y ese es un destrozo que un Estado responsable no se puede permitir.

Cuando James Howard Meredith, primer estudiante negro matriculado en la Universidad de Mississippi, trató de acceder a la universidad amparado por una sentencia del Tribunal Supremo, el gobernador Ross Barnett, agitó a la población segregacionista para impedir el acceso. El argumento del gobernador era el mismo que el de Puigdemont: “en su Estado eran los ciudadanos los que tenían derecho a decidir si los negros iban o no a la universidad”. Naturalmente en Mississippi había muchos, probablemente mayoría de ciudadanos que eran segregacionistas y racistas. Ross sostenía que el Estado federal no podía contradecir la voluntad del pueblo de Mississippi.

Al presidente John F. Kennedy y al l fiscal general, su hermano Bob, no le tembló el pulso a pesar del riesgo evidente de grandes movilizaciones. Enviaron tropas federales para escoltar a los Meredith y forzar su acceso a la universidad, sencillamente porque no se podía vulnerar la ley. Hubo disturbios, muchos heridos y dos muertos. Pero no se permitió que se desobedeciera una sentencia del Tribunal Supremo. El gobernador Barnett fue condenado a prisión por desacato. Que tome nota el presidente de este precedente histórico.

Es fácil sacar la gente a la calle. El problema es como convencerles de que vuelvan a casa.

Estoy seguro que se estudiarán en las universidades la conjunción de una rebelión institucional que además llama a la agitación callejera para vulnerar el estado de derecho. Los herederos de la biempensante Convergencia i Unió, aliados con los republicanos que les han fagocitado sin pestañear y empujados por un partido o movimiento antisistema que aspira a sacar a Cataluña de la Unión Europea, salir del euro y acabar con el sistema capitalista han conjugado un golpe de estado que pretenden democrático. Es fácil sacar la gente a la calle. El problema es como convencerles de que vuelvan a casa.

Muy difícil combatir el relato golpista con la simple defensa de la ley.

La épica de la patria y la rebelión contra algo tan poco apasionante como la legalidad.

El simplismo de los argumentos de Oriol Junqueras está sustentado, además, por la irresistible tentación de lo prohibido con la ingenuidad, además, de creer que les va a salir gratis.

Algunos padres que han visto a sus hijos en televisión destrozar los vehículos de la Guardia Civil serán conscientes de lo ocurrido cuando la Audiencia Nacional los identifique, los procese por sedición y los siente en el banquillo.

Personalmente creo imperdible que quede claro para la historia que con una constitución democrática no se juega. En eso, también coincido con John F. Kennedy.

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