Los socialistas Jaume Collboni y Laia Bonet en un acto político durante la precampaña de las municipales de Barcelona. Urgen a Colau a cerrar un pacto de gobierno antes del pleno del 15 de junio. /EFE/ Enric Fontcuberta

Laia Bonet, la ‘hija’ de Montilla que suma enredos: de ATLL a Diplocat

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La dirigente del PSC Laia Bonet recaló en ATLL con Acciona tras salir del Govern y, recién llegada al Ayuntamiento de Barcelona, Colau la manda al Diplocat

Economía Digital

Los socialistas Jaume Collboni y Laia Bonet en un acto político durante la precampaña de las municipales de Barcelona. Urgen a Colau a cerrar un pacto de gobierno antes del pleno del 15 de junio. /EFE/ Enric Fontcuberta

Barcelona, 29 de septiembre de 2019 (04:55 CET)

Cuando José Montilla promocionó a la joven socialista Laia Bonet a secretaria del consejo de Govern durante su presidencia de la Generalitat (2006-2010), poco podía imaginarse que esta licenciada en derecho tendría posteriormente tan poca habilidad para elegir sus compañías, en el sentido más amplio de la palabra.

Bonet es uno de esos casos de joven emergente en política que se va torciendo en parte por la pérdida de poder de su partido coincidiendo con su llegada a la madurez y en parte por alguna mala decisión. Eso sí, sobrevive y tras la confianza depositada en ella por Jaume Collboni, tiene una nueva oportunidad de resarcirse, pero en los primeros pasos en el Ayuntamiento de Barcelona, ya ha pisado un buen charco y más de un callo en el PSC y el PSOE.

Laia Bonet ha irritado a parte del socialismo al caer en la trampa de Ada Colau en el Diplocat. Este organismo paradiplomático de la Generalitat, clausurado por Mariano Rajoy cuando aplicó el 155 en Cataluña, fue recuperado después por Quim Torra. El ayuntamiento de la capital catalana cuenta con una plaza en el consejo de este organismo, y Colau decidió delegarlo en alguien de su equipo.

Laia Bonet ha irritado a parte del socialismo al entrar en el Diplocat, calificado por Josep Borrell como una arma de propaganda independentista

La alcaldesa barcelonesa logró repetir mandato tras llegar a un acuerdo con el PSC y con la abstención de Manuel Valls y sus afines. Los socialistas entraron en el gobierno municipal y Collboni, el candidato a la alcaldía, fue nombrado primer teniente de alcalde. Bonet, que era su número dos en las listas, fue nombrada tercera teniente de alcalde. En ella delegó Colau la plaza en el consejo del Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat).

La sorpresa fue inmediata en parte del mundo socialista catalán. No es para menos. Josep Borrell, que ha hecho de la lucha contra la internacionalización del procés catalán en todas sus vertientes uno de los ejes de su paso por el Ministerio de Exteriores, llegó a calificar el Diplocat como “un instrumento fundamental” en la propagación de la propaganda independentista fuera de las fronteras españolas.

El Diplocat, una arma de propaganda independentista

El Diplocat es una de las patas de la acción exterior de la Generalitat. Tiene un carácter diplomático, lo que levanta muchas suspicacias, pues esa función, la diplomática, corresponde al Estado. Pero la clave está en lo que hace, pues este organismo ya existía antes de Torra, de Carles Puigdemont e incluso de Artur Mas, aunque fue cambiando de nombre. Nació en 1982 como Patronato Cataluña por Europa, Montilla lo rebautizó como Patronato Cataluña-Mundo y Mas le añadió el Diplocat.

Otra pata, con más o menos vinculación con el Diplocat, son las delegaciones catalanas en el extranjero, las embajadas que el 155 clausuró y que Torra y su consejero de exteriores, Alfred Bosch (ERC), también están recuperando. Borrell también declaró la guerra a estas oficinas, cuyas reaperturas está intentando abortar.

Con todo este trabajo en contra de la diplomacia exterior catalana, ya originalmente impropia pero, con el procés, directamente enfocada a la propaganda del independentismo, por parte del gobierno socialista, el aterrizaje de Bonet no ha sido bien recibido. Cabe recordar que, entre otras funciones, el Diplocat se encargó de contratar a los “observadores internacionales” que el Govern trajo para mostrar la celebración del referéndum del 1 de octubre de 2017.

El Diplocat se encargó de contratar a los "observadores internacionales" del 1-O, aunque es un organismo que existe desde 1982

Joan Ferran, exdiputado del PSC en el Parlament, fue uno de los dirigentes que no se cortó a la hora de criticar en público al partido por aceptar estar en un organismo que definió como “un ente diseñado para promocionar el independentismo en el extranjero, e investigado judicialmente”. Lo hizo mediante un tuit que representaba a muchos entre los socialistas catalanes y españoles.

Lo cierto es que muchos han entrado en el juego. El consistorio barcelonés siempre ha tenido a un miembro en este organismo, y no solo el de la capital catalana. En el patronato del Diplocat también están representados los ayuntamientos de las otras tres capitales de provincia catalanas, así como de las diputaciones, federaciones de municipios, patronales, sindicatos e incluso el Fútbol Club Barcelona.

El historial de Laia Bonet

Laia Bonet emergió dentro del ala catalanista del PSC, cuyos máximos dirigentes fueron Raimon Obiols y Pasqual Maragall, y actualmente diluida —algunos de sus últimos representantes de peso o dejaron la política, como Montserrat Tura, o pasaron a filas de partidos como ERC, como es el caso de Ernest Maragall—. Pero, curiosamente, fue José Montilla, que nada tenía que ver con esa vertiente de los socialistas catalanes, quien la ascendió a un puesto de relevancia pública como secretaria del consell de Govern.

En las elecciones al Parlament de 2010, en las que Montilla se presentaba a la reelección, la situó como número 4 por Barcelona, otra muestra de confianza para una persona que no figuraba entre las primeras espadas del PSC y que nunca antes había formado parte de unas listas a unas elecciones catalanas. Los socialistas cayeron, no pudieron —ni parecían querer— reeditar el tripartito y Artur Mas se hizo con la presidencia de la Generalitat.

La llegada de Mas abrió una oportunidad inesperada para Bonet. La concesión más importante de la primera legislatura del expresidente de Convergència era la del servicio de agua en alta para el Área Metropolitana de Barcelona, un pastel de 1.000 millones de euros. Aigües Ter-Llobregat (ATLL) pasaría a la historia como un enrevesado lío judicial y como la concesión más bochornosa de la Generalitat, con una alta factura incluida.

ATLL es uno de los capítulos más bochornosos en concesiones en Cataluña, con un contrato de 1.000 millones roto tras una dura guerra judicial

Con lío en el Govern, con Mas y su consejero de Territori, Lluís Recoder, enfrentados, para sorpresa de muchos, el contrato fue para un consorcio liderado por Acciona. Con el grupo de los Entrecanales, además de algún banco de inversión, como el polémico brasileño BNP Paribas, también había familias de la llamada burguesía catalana, como los Rodés y los Godia, considerados cercanos a la Convergència de la época.

La cruz le tocó a Agbar. El actor referente en el sector en Cataluña, que tenía a La Caixa detrás aunque estuviera controlado por el grupo francés Suez, perdió, e inició una batalla judicial que terminaría, el año pasado, con el Tribunal Supremo despojando a Acciona de la concesión, que volvió a manos de la Generalitat. Tras seis años de litigio, se le han quitado las ganas de volverlo a licitar. Además, Quim Torra está a otras cosas.

El contrato de ATLL con el consorcio liderado por Acciona empezó en enero de 2012 y fue un dolor de cabeza constante para la compañía de la familia Entrecanales. Su imagen en Cataluña no pasaba por su mejor momento por todo el ruido alrededor de la licitación. Para más inri, el organismo fiscalizador de los contratos públicos en Cataluña hizo un informe en el que criticaba la adjudicación. El teatro iba en aumento.

Además, quizá previendo lo que vendría, Acciona empezó a frenar inversiones. Como explicó Economía Digital, dejó de cumplir con todas las inversiones previstas en la red de agua que abastece unos cinco millones de habitantes en Cataluña. Todo ello dejó la reputación de Acciona algo más que tocada en una comunidad donde la empresa no era especialmente conocida.

Una ardua tarea en ATLL

En 2015, Acciona recurrió a Laia Bonet para intentar mejorar su imagen. Los Entrecanales, que ya oparon Endesa al calor del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y luego salieron corriendo dejando a Enel a su libre albedrío, contaban con muy buenas relaciones con el PSOE. Destacados dirigentes del partido les recomendaron a Bonet para llevar las relaciones institucionales y mejorar así la imagen, y siguieron su consejo.

La dirigente catalana, experta en derecho administrativo, había trabado buenas relaciones institucionales en su etapa como secretaria de gobierno en la Generalitat. Aunque tampoco era una gran figura dentro del PSC, mantenía contactos con dirigentes de municipios del área metropolitana de Barcelona, a los que ATLL presta servicio, y parecía un buen perfil para remontar los problemas de imagen de Acciona en ATLL.

No obstante, poco pudo hacer Bonet para cambiar una inercia que los distintos tribunales, con recursos y más recursos, iban confirmando. Tomó también el mando de la política de comunicación, una herramienta importante para controlar el mensaje e intentar mejorar la reputación de la compañía. Pero su figura se fue diluyendo también en ese ámbito.

Laia Bonet terminó harta del desgaste que suponía el trato con los periodistas e intentar generar un discurso que ya se adivinaba perdedor. Se convenció de que esa no esa su tarea y, progresivamente, fue huyendo de esas peleas, hasta salir de la escena. La abandonaría definitivamente a principios de este año, cuando el Govern iba a recuperar el servicio después del fallo definitivo del Supremo.

Tras este fiasco, Jaume Collboni la rescató para las municipales. Bonet fue una de las candidatas a las primarias del PSC para las anteriores municipales, las de 2015, que perdió precisamente ante Collboni. Pese a ello, ahora la fue a buscar para que fuera número dos de su lista contra Ada Colau y, tras un buen resultado y con la alcaldesa contra las cuerdas —las elecciones las ganó Ernest Maragall, de ERC—, terminaron pactando. Colau repitió como alcaldesa y mandó a Bonet al Diplocat.

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