Laura Borràs, junto a Carles Puigdemont, fue la número dos por Barcelona de Junts per Catalunya el 28-A expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y de la número dos por Barcelona de JxCat el 28A, Laura Borràs, durante la reunión con candidatos de s

Las fieles a Puigdemont sufren una humillante derrota a manos de Mas

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Laura Borràs y Míriam Nogueras, dirigentes de la confianza de Puigdemont, se quedan solas defendiendo el no a la investidura de Sánchez en una tensa reunión

Marcos Pardeiro

Economía Digital

Laura Borràs, junto a Carles Puigdemont, fue la número dos por Barcelona de Junts per Catalunya el 28-A expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y de la número dos por Barcelona de JxCat el 28A, Laura Borràs, durante la reunión con candidatos de s

Barcelona, 28 de junio de 2019 (04:55 CET)

Carles Puigdemont movió todo lo necesario para promover a Laura Borràs y a Míriam Nogueras a puestos destacados en la organización de Junts per Catalunya y del Pdecat. En cambio, el líder huido no ha hecho esfuerzo alguno para evitar que ambas sufrieran una humillante derrota interna en una tensa reunión de Junts per Catalunya que sirvió para reorientar el voto de los soberanistas en la sesión de investidura que Pedro Sánchez prevé celebrar en julio.

Borràs, en su condición de portavoz de Junts per Catalunya en el Congreso, y Nogueras, vicepresidenta del Pdecat, se encargaron de comunicar hace apenas dos semanas al PSOE que su formación votaría en contra de la investidura de Sánchez.

Argumentaron, en público y en privado, que no se daban las circunstancias para ponerse del lado del PSOE ante la "vulneración de derechos" que estaban sufriendo Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull (los tres diputados de Junts que se encuentran en prisión preventiva y que han sido suspendidos).

Las posturas de Puigdemont, Mas y Torra

Borràs y Nogueras se precipitaron porque sectores importantes de Junts per Catalunya (que van desde Artur Mas a la gran mayoría del Pdecat pasando por varios consellers del gobierno de Quim Torra) expresaron sus discrepancias con este voto negativo, ya que limitaba enormemente su radio de acción política en el Congreso.

Mas fue el encargado de liderar un cambio de criterio en el Congreso mediante una larga reunión con Puigdemont en Waterloo, la misma que sirvió para pactar el fin del Pdecat. El líder huido evitó un enfrentamiento a cara de perro con Mas y, según las fuentes consultadas, "hizo ver que no tenía mucho interés con lo que ocurriera en la investidura".

El problema es que Borràs y Nogueras habían puesto la cara por el no a la investidura de Sánchez y no querían verse desautorizadas a las primeras de cambio de la legislatura, sobre todo cuando ocupan puestos destacados tanto en Junts per Catalunya como en el Pdecat.

Las afines a Puigdemont, a la desesperada

La cuestión se abordó en una tensa reunión de Junts per Catalunya el pasado miércoles, que puso en evidencia las divisiones de la organización. "Borràs y Nogueras se enrocaron con el 'no' e incluso pidieron una votación de los siete diputados de Junts en el Congreso para resolver la orientación del voto", explican fuentes conocedoras de la reunión.

Ambas dirigentes contaban con que una votación de los siete dirigentes serviría para imponer su postura, ya que sólo hay un diputado del ala moderada del Pdecat (Sergi Miquel) mientras que los otros seis parlamentarios (los tres presos; el abogado de Puigdemont, Jaume Alonso-Cuevillas y las propias Borràs y Nogueras) eran, aparentemente, contrarios a regalar la investidura a Pedro Sánchez.

Aparentemente. Porque las maniobras de Mas han surgido efecto y los presos han concluido que la manera de competir con ERC y de hacer política en el tablero español no puede consistir únicamente en oponerse frontalmente al PSOE. “Prefiero alguien que no prenda fuego en mi casa aunque no aporte la solución”, dijo Mas esta semana para justificar un apoyo a Sánchez en contraposición a una eventual alianza de PP, Ciudadanos y Vox.

Todos los desautorizados

La inclinación a una abstención en la sesión de investidura de Sánchez no sólo supone una contundente desautorización a la portavoz de Junts per Catalunya en el Congreso y a la vicepresidenta del Pdecat, sino que también es un mazazo para el presidente de la Generalitat, Quim Torra.

Torra ha defendido con vehemencia el rechazo a Sánchez, pero sus posiciones apenas cuentan con influencia. El asunto de la investidura es solo una prueba más en este sentido.

Los últimos damnificados por el giro político de Junts per Catalunya son las figuras agrupadas en la corriente interna de Junts per la República, cuyos rostros más destacados son Agustí Colomines, que actuó como ideólogo de la Crida –el partido fallido de Puigdemont- y Ferran Mascarell.

Argumentos en balde

Hace solo dos días, Junts per la República emitió un comunicado defendiendo el no a la investidura. “Por responsabilidad, por coherencia y porque sería absurdo que las víctimas de la represión salieran al rescate del gobierno de un Estado que criminaliza el independentismo, lo persigue y lo encarcela. Por todo eso, Junts per la República reclama un no a Sánchez. La ruptura cuotidiana debe tener efectos reales en la política parlamentaria”, argumentó esta corriente.

La división interna del espacio de Junts per Catalunya, acentuada por la sesión de investidura, amenaza con complicar todavía más la pretendida reordenación de los mútliples partidos surgidos tras el entierro de Convergència. Hay nuevas heridas, nuevos rencores y nuevas facturas pendientes.

También hay un consuelo para quienes pretenden mejorar la unidad del proyecto posconvergente y es que los presos, hasta ahora entregados a la radicalidad de Puigdemont, están modulando sus posiciones y, en consencuencia, dejando sin cuerda el relato únicamente basado en la denuncia del “Estado represivo”.

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