Los empresarios catalanes se confiesan con Soraya en La Moncloa

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Empresarios como Mercader, Soldevila Ferrer, Oliu, Alarcón, Brugera, Gay de Montellà o Gallardo, están por abrir caminos de entendimiento entre Ciudadanos y el catalanismo moderado

La vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría.

en Barcelona, 12 de diciembre de 2015 (23:38 CET)

Cuanto más lejos están de Madrid los políticos, más cerca están los empresarios. Antes de llegar al minuto cero de la carrera del 20D, el mundo económico catalán ha ido renovando sus lazos en Moncloa por medio de los cargos de absoluta confianza de Rajoy.

En primer lugar, con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y con ministros como Ana Pastor o Rafael Catalá, que han desbancado por méritos a la que fue la mejor baza del presidente, el titular de Exteriores, García Margallo.

Detrás de ellos, una segunda línea compuesta por el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón; el director de la oficina Económica del Gobierno, Álvaro Nadal o el mismo Jorge Moragas, jefe de campaña de Rajoy. Moragas se ha mantenido al margen, pero está considerado por los empresarios como un puntal de futuro en el restablecimiento de las relaciones bilaterales Catalunya-España.


Intensificar relaciones


Jorge Gallardo, Joan Uriach, Soldevila Ferrer, Ginés Alarcón, Juan José Brugera, Amancio López, Jordi Mercader o Josep Oliu, entre otros muchos, están en el grupo de los que han intensificado sus relaciones con Moncloa a partir de la crisis desatada por la declaración del Parlament del 11 de noviembre.

Desde aquel día, los mensajes soberanistas son ademanes de heroísmo impostado. Así lo vive Joaquim Gay de Montellà (presidente de Fomento del Trabajo), una pasarela entre el pasado inmovilista de la gran patronal y la deseada refundación del catalanismo. Montellà lidera el Consejo Consultivo de Fomento, segunda cámara de la nación, compuesta por los cien empresarios más representativos del tejido industrial.

La mayor incertidumbre en 40 años

Las grandes corporaciones industriales y financieras han tomado distancia después de meses de hojas de ruta independentistas y calendarios de brumario republicano. La cita del 20D es para ellos "la mayor incertidumbre electoral de los últimos 40 años".

Así lo comparten grupos cotizados, como Abertis, Gas Natural Fenosa o Agbar; los cuarteles generales de Caixabank y Banc Sabadell, y las plataformas regionales de grupos como BBVA y Santander, operadoras como Telefónica y empresas de infraestructuras, como Técnicas Reunidas o ACS.

Los conglomerados deshojan la margarita del cambio combinando una Moncloa del PP con Rajoy, otra del PSOE en coalición triple, otra con Rivera en lo más alto o incluso un Gobierno del PP sin Rajoy.  

Ganará quien mejor comunique y convenza

Al margen del desenlace, las últimas aproximaciones entre la Catalunya económica y el poder político español desprenden el aroma del centro-derecha. La voz de los empresarios no se traslada hoy a la opinión a través de eslóganes o reivindicaciones, a diferencia de lo que ocurrió en los años del déficit, aquel dolor de muelas que por lo visto solo podía paliar la disposición adicional tercera del Estatut suspendido.

Ahora, los gestos cuentan más que las palabras. La comunidad industrial no está inmersa en el debate sobre un hipotético referéndum catalán ("eso es cosa de los políticos", dicen todos) pero sí que se encuentra en la "espectacularización de la vida pública", como lo define el profesor de Filosofía Política, Daniel Innerarity.

En esta guerra sin armas, no ganará quien más presione, sino quien mejor comunique y convenza; saldrá vencedor el que ofrezca el mejor espectáculo, con final feliz. Y eso es justamente lo que parece no haber entendido el soberanismo.

Insurrección expresiva

Los mensajes de los motores productivos destinados a Moncloa destacan su conformidad con la idea de que los cambios no resultan si no se hacen desde dentro; es decir, bajo el paraguas de la Constitución; pero que tampoco avanzarán "si la legalidad bloquea el camino de la política". Cada vez que un empresario catalán despacha con Soraya tiene ocasión de aclarar la "insurrección expresiva" de la nación sin Estado.

En materia de ladrillos, vías de tren, cemento o pantalanes portuarios, la ministra de Fomento, Ana Pastor, es la terminal del public affair. En el tresillo de su despacho descansan las posaderas de los consejeros periféricos de FCC, ACS, OHL o Ferrovial, los José Luis Negro, Ángel Pérez, Jordi Puigferrat o Ricardo Ruiz Baylach, que representan la cuota catalana de Slim, Del Pino, Florentino o Villar Mir.


Más allá del 3%

En Catalunya, el sector está representado por la Cámara de Contratistas de Obras (CCOC), presidida ahora por Joaquim Llansó (ex FCC y anterior responsable del Segarra Garrigues), que sustituyó hace un año en el cargo al directivo de Comsa Emte, Francesc Boixadós.

La CCOC –tamiz actual del antiguo Sindicato Provincial de la Construcción, Vidrio y Cerámica- cuenta con cuatro vicepresidentes, uno de los cuales es Xavier Tauler, patrón de Copisa. Tauler fue arrestado el pasado mes de octubre por el caso 3% y está imputado por el supuesto pago de comisiones a Jordi Pujol Ferrusola.

Intereses regulatorios

Los usos y costumbres de la obra civil arrastran a un sector poderoso de la economía que, sin embargo, no es ni de lejos el más novedoso. El cambio de modelo no combina con la paleta. La economía del conocimiento defiende en Madrid intereses regulatorios (el caso de las químicas o biomédicas), exenciones por I D I y liberalizaciones de marca (laboratorios) o precios políticos de commodities intermedias, como le ocurre al plástico o al material hospitalario.

Este segmento aprendió a manejar el lobby de la mano de bufetes como Cuatrecasas, Garrigues o KPMG, inseparables de políticos industrialistas, como Duran Lleida y Josep Sánchez Llibre, los supervivientes de Unió Democràtica después de la explosión de CiU. La posibilidad de que Ciudadanos, después del 20D, efectúe un cambio de rumbo para unir fuerzas con el catalanismo reformista, nace precisamente en esta encrucijada que combina modernidad e identidad.

La importancia ahora de Ciudadanos

Algunos de los empresarios citados, que son miembros de instituciones como el Cercle d'Economia, el Consejo de Fomento del Trabajo, el plenario de la Cámara de Barcelona, han visto en el potencial giro de Ciudadanos una réplica del pacto de 1977 entre UCD y Centristes de Catalunya, el club de Mas Cantí, Güell de Sentmenat o Joaquín Molins.

Aquella operación abrió la cultura de la gobernabilidad en España, pero también surcó una brecha en la que Jordi Pujol levantó su poderosa hegemonía.

La sociedad catalana es una simetría en la que los espacios de centro-derecha y de centro-izquierda progresan cuando están enlazados con sus correspondientes a nivel estatal.


Poco espacio para el PSC

Frente al espejo de CiU, el PSC se ahoga tras la crisis de sus dos almas sin solución de continuidad en el proyecto mecanicista de Carme Chacón. Así, el futuro de la izquierda se juega en el cruce entre Podemos y el mundo de Ada Colau, expresado en la candidatura En Comú Podem, a la que el último CIS declara vencedora.

Si se confirma el fracaso de Mas ante la CUP, las autonómicas de marzo del 2016 serán la última ventana del catalanismo moderado. Ciudadanos tendrá ocasión de conquistar en propiedad el voto prestado del 27S, cosechado en el antisoberanismo reactivo. Será entonces cuando los movimientos de Albert Rivera mostrarán sobre el tablero catalán su capacidad para establecer los consensos que se esperan de él en el seno de la clase dirigente.  

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