Los franceses eligen presidente y modelo económico

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Sarkozy y Hollande superarán este domingo la primera fase de las elecciones presidenciales. En segunda ronda, Francia deberá optar por subir o bajar el IVA, regularizar las horas extra y romper o mantener la alianza con Berlín

El candidato presidencial del partido socialista francés, Francois Hollande

20 de abril de 2012 (18:33 CET)

Los franceses eligen este domingo qué dos candidatos, entre los 10 que se presentan, se enfrentarán el próximo 6 de mayo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, unos comicios en los que los ciudadanos elegirán, no sólo a su próximo jefe de Estado, sino que, vista la disparidad de programas que los presidenciales presentan, deberán decidir también qué modelo económico desean para sacar al país de la crisis.

Según todos los sondeos realizados durante la campaña, hay dos grandes favoritos para el duelo final: el presidente saliente Nicolas Sarkozy y el socialista François Hollande, claro vencedor de la segunda vuelta en las encuestas. Más allá de la elección de un presidente, estas elecciones pueden suponer un cambio del modelo económico de un país que en enero pasado vio como un ataque a su “grandeur” con la pérdida de la triple A, la máxima nota otorgada a las deudas soberanas.

Ello fue consecuencia de la degradación económica de un país que ha visto como su deuda no ha dejado de crecer en los últimos años (situándose en los 1,7 billones de euros a finales de 2011), con una balanza comercial que el pasado año alcanzó un récord negativo de 70.000 millones y con una tasa de desempleo que se ha situado en el 10%.

Los dos máximos candidatos coinciden en la necesidad de reducir la deuda, pero difieren en el modo de lograrlo. Sarkozy aspira al equilibrio presupuestario en 2016 y para llegar a él quiere ahorrar 125.000 millones: dos tercios con reducción de gastos y recortes sociales y el resto con aumento de impuestos. El más polémico es el incremento del IVA, del 19,6% al 21,2%, para compensar una rebaja de las cotizaciones patronales con la que pretende mejorar la competitividad.

Más impuestos

Por su parte, Hollande, que retrasa el equilibrio presupuestario a 2017, pretende ahorrar 100.000 millones, la mitad de ellos reduciendo gastos y la otra mitad con aumento de impuestos, siendo el más simbólico un tramo del 75% del IRPF para los ingresos superiores al millón de euros anuales.

Hollande también piensa reformar algunas de las medidas faro del mandato de Sarkozy, acabando con la desfiscalización de las horas extras y aumentando los impuestos a las fortunas (ISF), sobre los derechos de sucesión o sobre los rendimientos del capital. También ha prometido que no subirá el IVA por afectar a los más necesitados.

La derecha acusa a los socialistas de cebarse con las clases medias, pero Hollande se defiende asegurando que las grandes subidas de impuestos sólo afectarán a aquellos que más tienen… una verdad a medias, porque la desfiscalización de las horas extras, por ejemplo, ha aumentado el poder adquisitivo de un amplio conjunto de los trabajadores.

El marco europeo

También difieren, y mucho, en los que respecta a las relaciones con Europa. Sarkozy, que durante su mandato se alineó sin fisuras a las tesis de la canciller Angela Merkel, dando origen a “Merkozy”, la expresión con la que se conoce a la pareja franco-alemana, pretende afianzar este modelo, para que París y Berlín sigan dictando las directrices al resto de socios europeos.

Hollande, por el contrario, pretende dar un papel más relevante a las instituciones europeas y ha anunciado que su primera visita como presidente será a Berlín, para renegociar con Merkel el tratado de disciplina presupuestaria firmado por los socios europeos el pasado 1 de marzo, con el fin de que se favorezca el crecimiento económico. También defiende la emisión de eurobonos que abarataría la financiación en los mercados de países como España, Italia y de la propia Francia.

El divorcio con Berlín

Todo ello supondría una ruptura del eje franco-alemán que ha gobernado Europa en los últimos años y no ha sentado nada bien en Berlín. Quizá por ello, Merkel se ha negado a recibir a Hollande durante la campaña, según ha destacado la prensa francesa.

En el transcurso de la campaña, Sarkozy, consciente de que su seguidismo de Alemania le resta más votos de los que le da, ha cambiado de estrategia y ha metido de lleno en el debate a España, para advertir a los franceses de lo que les espera en caso de una victoria socialista, comparando la política que pueda llevar a cabo Hollande con la de Zapatero.

Este ha sido uno de los muchos giros que ha dado Sarkozy durante la campaña, desesperado por no despegar en las encuestas. Y para colmo, el pasado domingo volvió a protagonizar un par de anécdotas que han irritado a los franceses: primero desayunó en el exclusivo hotel Crillon de París con el medio centenar de las personas más ricas del país que financian su campaña y, por la tarde, después de un mitin, se guardó el lujoso reloj que le regaló su esposa Carla Bruni cuando estrechaba las manos de sus seguidores, por miedo a que se lo robasen. Un feo gesto que captaron las cámaras.
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