Mas intentará retener el control del PDC con este plan

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El ex presidente dejó que Turull se retirara, y que la candidatura de Pascal y Bonvehí lideren el partido, con afines a Puigdemont, con Munté como punta de lanza para ser candidata, y con la retirada de Gordó

Artur Mas, Carles Puigdemont y Neus Munté, en el congreso fundacional del PDC, antigua Convergència. EFE/Andreu Dalmau

Barcelona, 14 de julio de 2016 (01:00 CET)

Artur Mas nunca se fue. Trata de retener el control del nuevo Partit Democràta Català, pese al revolcón que sufrió en el congreso fundacional, con un plan que ha ido variando, pero que, en esencia, es el proyectado.

Lo hará a través de una nueva dirección, que encabezarán Marta Pascal y David Bonvehí, que deberán someterse a la votación de la militancia en unas primarias que se celebrarán el 23 de julio.

En la mañana de este miércoles, las dos caras nuevas, la que era la portavoz de Convergència, y el diputado en el Parlament, se reunieron con Mas en la sede del partido de la calle Còrsega para cerrar la candidatura de 12 miembros, que serán los que dirigirán el día a día del PDC.

Pascal será coordinadora general, muy preparada desde el punto de vista académico, pero sólo con 33 años, y poca experiencia política. Bonvehí, de 37 años, será el responsable de coordinación.

El grupo de Reagrupament, que se fusionó en Convergència hace unos meses, presentará la candidatura encabezada por Ignasi Planas, con pocas posibilidades de colocar a algún miembro entre los doce de la dirección. Mientras que Mercè Conesa y Santi Vila se disputarán, en las mismas primarias del día 23, el cargo de presidente del consejo nacional del partido.


Gordó, se retira

La otra opción era la que encabezaba Germà Gordó, ex conseller de Justicia, que, aunque registró su candidatura, para demostrar que tenía una estructura preparada --con integrantes como Silvia Requena, que se presentó a las primarias para el Congreso frente a Francesc Homs-- finalmente la retiró al entender que Mas había "avalado" la lista de Pascal y Bonvehí con miembros que representan la renovación.

Tampoco tenía muchas opciones, tras quedar desacreditado en el partido una vez conocidas las conversaciones entre el ministro Fernández Díaz y el ex director de la Oficina Antifraude, Daniel de Alfonso. Sin embargo, representaba una vía, la de la Convergència no independentista, que ahora queda huérfana.

Y es que los dos dirigentes que pilotarán el nuevo partido han integrado en la lista de doce miembros a diferentes alcaldes, bien valorados por Carles Puigdemont, ex alcalde de Girona, y ahora presidente de la Generalitat. Se trataba de equilibrar territorio y militantes de base. Así, estará el alcalde de Deltebre, Lluís Soler; el de Igualada, Marc Castells --líder del movimiento municipal que se prestaba a una revolución interna--; Lluís Guinó (Besalú); Albert Batet (Valls); Xavier Fonollosa (Martorell) o David Saldoni (Sallent). 


El factor Munté

Mas tenía un diseño inicial, pero las circunstancias de los últimos días lo ha ido modificando. Sin embargo, según distintas fuentes de su entorno, el plan no ha variado de forma sustancial. El empeño del ex presidente catalán es que Neus Munté, la actual vicepresidenta de la Generalitat –una dirigente querida en el partido, que viene de la UGT-- sea la candidata a la presidencia cuando toque, después de comprobar que el presidente Carles Puigdemont no desea seguir más allá del compromiso que adquirió para poner las bases de una Cataluña independiente en 18 meses.

Colocar a Munté como la elegida ha sido uno de sus logros, al formar un ticquet con ella que la militancia aceptará en esas primarias del 23 de julio, según fuentes de distintas sensibilidades del partido. Pero quedaba lo más complicado, la articulación de una dirección que no tenga nada que ver con Convergència. Y ahí Mas ha comenzado a ser un problema, más que una solución.

Pero las fuentes consultadas, que pertencen a distintas familias, la socialdemócrata, la liberal y la que ha encabezado Germà Gordó, coinciden en que "el revolcón ha sido mínimo". ¿Por qué?
Mas ha admitido que fue un error "enorme" ofrecer, en una comparecencia pública, el pasado miércoles, y a dos días del inicio del congreso fundacional, ese tiquet conjunto con Neus Munté.


Turull, una cara ya vieja

Lo fue porque, de forma ímplicita, "se entendió que en el mismo paquete iba Jordi Turull como candidato a ser coordinador general". Y eso despertó al resto de familias convergentes.
La presión que se ejerció desde ese momento sobre Turull "ha sido de una gran intensidad", tanta que Turull se vio en la obligación de renunciar, al asegurar que quería ser "parte de la solución y no del problema". Pero es que a Turull, según fuentes cercanas a Mas, "tampoco" el ex presidente catalán lo veía claro para ser la cara de la nueva dirección del PDC.

Eso se unió a la protesta masiva de los militantes contra los nombres que se propusieron para el nuevo partido, Més Catalunya y Catalans convergents. Fue una reacción airada "contra todo el aparato de la vieja Convergència, contra la idea que se había extendido de que todo era corrupción, y de que la dirección no había hecho nada para limpiar la imagen".


Ascendencia de Mas hasta el final

Producto de eso, la candidatura de Marta Pascal y David Bonvehí fue cobrando fuerza, con la confluencia del ala socialdemócrata, que representa Josep Rull, Mercè Conesa o Carles Campuzano; o del ala liberal, que lidera Marc Guerrero. Pero a cambio de esa renovación, de esa "necesidad vital", se quedaban fuera de las quinielas el propio Turull, Lluis Corominas, Francesc Sànchez, o Francesc Homs.

Todas las caras de la Convergència de los últimos años fuera, menos la del propio Mas. El ex presidente catalán ha llegado a una conclusión en la que cree a pies juntillas: la dirigente del futuro –del presidente ya-- es Neus Munté. Todo lo demás es secundario. Y, aunque él mismo y Munté serán presidente y vicepresidenta del PDC con funciones no ejecutivas, "nadie cree que el ascendente no se mantenga en los próximos meses". La razón es que tanto Pascal como Bonvehí, ex alcalde de Fonollosa, --con gran afinidad con Carles Puigdemont y el movimiento de jóvenes alcaldes que desean un cambio de imagen total-- no tienen la experiencia ni el arrojo para enfrentarse a Mas cuando sea necesario.

Mas sigue. Algunos dirigentes consultados consideran que debe continuar "como árbitro". Otra cosa será si la militancia vota en contra de sus propuestas el día 23. "Entonces sí se irá a casa", se sentencia. Pero no parece el caso. La incógnita, que otros dirigentes admiten es si el nuevo PDC "podrá competir o no en el nuevo tablero catalán".

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