Mas quiere cargarse de razones para alargar al máximo su legislatura

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PROCESO SOBERANISTA

 La dirección de CiU, en la sede de Unió./EFE/Andreu Dalmau

20 de octubre de 2014 (20:49 CET)

El Gobierno español que preside Mariano Rajoy está confuso. No sabe muy bien lo que pretende impulsar el President Artur Mas con la consulta del 9 de noviembre, pero tiene la seguridad de que el peligro ha pasado, de que Mas ya decidió que no traspasaría la legalidad, y que, una vez suspendida por el Tribunal Constitucional, el “proceso participativo” del 9N no representa un desafío al Estado.

Y esa posición de Mas, que nadie en CiU dudó que sería la que tomaría, es la que ha provocado una gran perplejidad en los partidos pro consulta. Tanto la CUP, que se ha convertido en un curioso aliado de Mas, como Esquerra Republicana, podían entender que Mas se parara ante 'el stop' del Estado, pero no que no intentara, con algo más de brío, organizar la consulta.

Estrategia envolvente

Y ahora llegan las prisas, porque el President Mas ha trazado una estrategia envolvente que le permite ganar tiempo, aunque irrite a todos los partidos con los que ha acordado el proceso soberanista, y aunque despiste al movimiento independentista que representa la ANC y Òmnium Cultural, que este domingo se mostraron dispuestos a apoyar la pseudoconsulta siempre que Mas adelante las elecciones, que tengan un carácter plebiscitario y que se celebren –como no podría ser de otra manera ahora por los requerimientos legales—antes de las municipales de mayo de 2015.

La dirección de CiU se reunió este lunes, y en ningún momento se estableció la necesidad de convocar elecciones. Unió Democràtica, de hecho, --aunque haya un importante sector que ve las cosas de forma muy diferente-- se inclina por agotar la legislatura y buscar otros socios parlamentarios, en particular el PSC. El secretario general de Unió, Ramon Espadaler, ha incidido en ello, y también Josep Antoni Duran Lleida.

El coordinador de Convergència, Josep Rull, también se refirió a la necesidad de volcarse ahora sólo en el 9N, recordando que es el President quien tiene la potestad de convocar elecciones.

El umbral de la participación en el 9N

¿Pero puede Mas seguir gobernando, como si no hubiera ocurrido nada? La consulta del 9N, aunque para la CUP y ERC sea un sucedáneo, “será un éxito”, como asegura un dirigente de CiU.

Y no será muy importante que los partidos no se pongan ahora de acuerdo. Hay sobre un millón de personas muy movilizadas, que han respondido a todas las convocatorias de la ANC, que quieren demostrar, otra vez, su compromiso con el proceso soberanista.

“El problema es que se fijó que en las movilizaciones en la calle el número era mucho mayor”, añade el mismo dirigente. ¿Qué quiere decir? Que nadie sabe, en el seno del sector soberanista, cuál debería ser el umbral de participación para considerar el 9N un éxito total.

Para Mas es muy importante que esa consulta, con todos los problemas de organización, sea un éxito. Pero debería ser realmente desbordante para que la presión sobre el President le llevara a convocar elecciones de inmediato.

La izquierda se une para presionar a Mas

Los partidos de izquierda, la CUP, ERC e ICV-EUiA, se reunieron este lunes para compartir toda la información que reciben por parte del Govern, y presionar al Ejecutivo de Artur Mas para que se tome “en serio la consulta”.

Para ello, la CUP redactó hasta 11 puntos que los partidos de izquierda han compartido en los que se pide una comisión de control del despliegue de la campaña o garantizar y promover una campaña “deliberativa y de debate en todo el territorio, implicando al mundo local”.

El Govern, a través del conseller Francesc Homs, aseguró que el acuerdo sobre esos puntos ya se había alcanzado, un “acuerdo técnico”, lo que indignó a ERC y a ICV, mientras la CUP precisaba que aún no se había suscrito.

Ganar y ganar tiempo

Es decir, Mas afronta el tramo final de cara al 9N con una estrategia clara: formalmente se muestra comprometido con la consulta, y trata de mantener una unidad que ya no tiene; presiona a Esquerra para que acepte una candidatura conjunta que le pueda invitar a convocar elecciones plebiscitarias; se ampara en la ANC y Òmnium Cultural, que también reparan en la necesaria colaboración de los republicanos y sigue avanzando, sin fijarse ningún calendario.

Con ello, aunque, posteriormente tenga dificultades en explicarlo, se carga de razones para aguantar todo lo que pueda y alargar al máximo su legislatura. Ya no contará con el apoyo parlamentario de Esquerra, pero podría explorar otras alternativas, como la del PSC.

Porque si insiste en arrinconar a Esquerra para que participe en una candidatura conjunta, con el objeto de no presentarse como candidato de las siglas de CiU, ya amortizadas, podría conseguir el efecto contrario en los republicanos.

Y de hecho, es lo que intuyen ya los dirigentes de ERC y de ICV, que denuncian “una operación de salvación personal”, en palabras de Joan Herrera.
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