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El expresident es ya una carga para el partido, pero se resiste y traza con sus fieles una estrategia negacionista del caso Palau

Barcelona, 10 de marzo de 2017 (05:00 CET)

Tensión máxima, porque nadie sabe qué hacer. El Pdecat vive una situación insostenible, que se reflejó este jueves en el Parlament. La coordinadora general, Marta Pascal, acabó a gritos con el coordinador organizativo del mismo partido, David Bonvehí, en el despacho de Pascal en la cámara parlamentaria--distintos diputados lo escucharon con claridad-- con una discusión sobre cómo actuar frente a Artur Mas, que no quiere saber nada de la posible asunción de responsabilidades tras las acusaciones de Fèlix Millet y Jordi Montull en el juicio del caso Palau de la Música.

Pascal quiere pasar página cuanto antes. Asegura estos días que la corrupción le da “asco”, y que se debe superar esa etapa para que el propio Pdecat pueda tener un lugar bajo el sol, aunque sea desde la oposición en la próxima legislatura. Pascal defiende un espacio centrista y liberal para su partido, con el objetivo de ocupar un espacio político que existe, pero que no sabe dónde refugiarse, y que no quiere ni oír hablar, por ejemplo, de que la CUP siga marcando la agenda en Cataluña.

Marta Pascal quiere pasar página cuanto antes. Asegura que la corrupción le da “asco”

Bonvehí está en la misma línea, pero quiere medir todos los tiempos, consciente de que Mas sigue siendo un referente para buena parte del partido.

La posición numantina de Mas

La tensión, sin embargo, es enorme. Y se ha acrecentado a medida que se ha conocido la declaración del ex tesorero de Convergència, Daniel Òsacar, negando cualquier relación con Ferrovial, y considerando que Millet y Montull “mienten” y tratan de vender su versión para restar años a las penas de prisión que les pide el fiscal. Es lo que defendió horas más tarde el propio Artur Mas, en un acto organizado por Òmnium Cultural en L’Hospitalet. Mas calificó de “pura invención” sus declaraciones, y dejó claro que ha unido su suerte, sin remisión, a la de Òsacar.

Mas calificó de “pura invención”  las acusaciones de Millet y Montull y dejó claro que ha unido su suerte a la de Òsacar.

Pero eso no despeja nada. El Pdecat necesita que Mas dé un paso, que deje de ser un lastre para el partido, y el expresidente de la Generalitat no está dispuesto a ello, con una estrategia personal, en la que participan algunos fieles, como Jordi Turull, el presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí. Prueba de ello fue la reunión en un hotel de Barcelona en la tarde del miércoles, tras conocer, --por la mañana—las explosivas declaraciones de Millet, en las que explicó un triángulo entre el Palau de la Música, Ferrovial y Convergència para recibir ‘donaciones’ a cambio de la concesión de obra pública.

Reuniones en todas direcciones

En esa reunión de urgencia, en un hotel de la ciudad, con fieles convergentes, del partido y del Govern, Mas estableció la estrategia: nada de nada, y hasta el final con Òsacar, defendiendo todas las concesiones de obras, y ataque sin cuartel contra Millet y Montull, al considerar que son ellos los que están acusados en el juicio, y los que tratan de descargar el muerto en Convergència.

Las reuniones fueron constantes. En la misma tarde del miércoles se producían encuentros entre miembros del Govern, --concretamente entre el equipo del consejero Baiget, --su jefe de gabinete, Quim Bohils, pareja de Marta Pascal--, con el equipo del consejero de Territori, Josep Rull: todo relacionado sobre cómo puede salir el Pdecat de la actual situación, y qué debería hacer Artur Mas para que el partido pueda tomar aire.

Las diferencias se hacen más grandes cada día que pasa. Mas, sin embargo, no está especialmente interesado, según las fuentes consultadas, en la suerte del partido, sino en la suya propia, obsesionado con volver a la primera línea como candidato a la Generalitat. El partido ya se le volvió en contra –y se dirimió como se pudo— cuando Mas, tres días antes del congreso de refundación de Convergència, se reservó la presidencia del que sería el Pdecat, y nombraba a Neus Munté como vicepresidenta.

Un triángulo

El partido está marcado por Mas, y ahora Mas es un enorme problema para un instrumento político que trate de representar el centro-derecha liberal  –es cierto que ahora independentista—y pueda competir en las próximas elecciones.

El juicio del Palau de la Música lo puede cambiar todo, también  el proceso soberanista. No porque el independentismo se venga abajo, sino porque las distancias entre ERC y el Pdecat se agrandan. Los republicanos esperan. No quieren cometer errores. El vicepresidente de la Generalitat, y líder de ERC, Oriol Junqueras, quiere convocar el referéndum, pero, en caso de que sea imposible realizarlo, no pondrá inconvenientes en ir a las elecciones, y, por supuesto, competir para ganarlas con claridad.

Mas es un enorme problema para competir en las próximas elecciones.

Mientras, el Pdecat se desangra, con un triángulo en cuyos vértices se vive en distintas realidades: el del presidente Carles Puigdemont, sólo interesado en poder decir que convocó un referéndum de autodeterminación; la dirección angustiada y temerosa de Marta Pascal, al frente del Pdecat, y Artur Mas, que se ha asociado a Òsacar, y se prepara para una larga defensa, que le llevará en pocas semanas al propio Parlament, donde todas las fuerzas políticas –también Junts pel Sí votará a favor cuando se presente el momento—pedirán que comparezca.

 

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