Abascal, Casado y Rivera, junto a otros miembros de Vox, PP y Cs, en la concentración del 10 de febrero de 2019 en la plaza de Colón de Madrid. EFE/Fernando Villar

PP y CS bajan el telón (y preparan el terreno para un pacto con Vox)

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Casado exprime su pulso con Cs y cierra la campaña con un último golpe de efecto abriendo la puerta a un gobierno de coalición con Vox

Iván Vila

Economía Digital

Abascal, Casado y Rivera, junto a otros miembros de Vox, PP y Cs, en la concentración del 10 de febrero de 2019 en la plaza de Colón de Madrid. EFE/Fernando Villar

Barcelona, 26 de abril de 2019 (20:21 CET)

Poco ha importado que la junta electoral vetara su participación en un debate en prime time. Vox no solo no ha dejado de ser protagonista en la carrera electoral que culmina este domingo, sino que, a medida que se ha ido encarando la recta final, su protagonismo ha ido a más, porque ha avanzado a golpe de baños de masas de esos a los que ya no aspiran sus rivales y porque así lo han querido los principales partidos, que han colocado las crecientes expectativas electorales de la formación ultraconservadora en el eje de sus estrategias de campaña. De ahí que no pueda extrañar a nadie que, entre apelaciones a ese voto útil que cada cual considera que siempre es el que le beneficia a él, la campaña se haya cerrado con Vox en el centro del discurso de unos y otros.

Pasado el ecuador de la campaña, Pedro Sánchez redobló la apuesta por advertir del peligro de dar alas a la extrema derecha como mecanismo para movilizar a sus votantes. Y este viernes volvió a hacerlo, claro, para pedir una vez más el voto a los indecisos. “Porque el bloque de la involución no duda”, alertó.

En paralelo, y como dándole la razón, PP y Cs bajaban la persiana propagandística preelectoral preparando ya el terreno para un pacto que a estas alturas quien más quien menos da por hecho a poco que los tres partidos sumen los 176 escaños que otorgan la mayoría absoluta en el Congreso.

Salto mortal de Casado

Fueron los populares los que optaron por dar un salto mortal este viernes, abriendo la puerta por primera vez, y si los números lo permiten, a un gobierno de coalición que incluya a los de Santiago Abascal. “No nos vamos a pisar las mangueras entre nosotros cuando lo que toca es sumar”, repitió en varias ocasiones a lo largo de la jornada Pablo Casado, que pidió a los votantes no tener miedo de eso que el PSOE ha dado en llamar “el trifachito”. “Lo que da miedo y hay que evitar es ver a candidatos dando una rueda de prensa desde la cárcel o a Otegi diciendo que es imprescindible”, zanjó. Porque aquí todo el mundo apela al voto del miedo. Solo que cada uno esgrime temores distintos.

El desprejuiciado ofrecimiento de ministerios a Vox era la guinda a una campaña que el PP ha surcado a bandazos, de la extrema agresividad inicial al tono más institucional exhibido en los debates, sobre todo el primero, y en la que ha encontrado, eso sí, un ariete eficacísimo a la caza de indecisos en su candidata por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, no en vano invitada al mitin final del partido en Madrid.

El guiño a Abascal de Casado, que también era un torpedo a Cs, se basa, supuestamente, en encuestas internas de los populares que, según eldiario.es, indican que las derechas sumarían y que Vox podría rondar el medio centenar de escaños el domingo —el CIS les pronosticó entre 29 y 37— y pisaría los talones a Cs

Rivera, incómodo

Rivera, que había conseguido marcar la agenda de la campaña con golpes de efecto como el fichaje del expresidente madrileño Ángel Garrido, arrebatado al PP del cuarto puesto de su candidatura a las europeas del 16-M, reaccionó incómodo porque en su partido sí hay muchas reticencias a gobernar de la mano de Vox por considerarla una formación populista. No, por lo que se aboga en las filas naranjas, aun sin explicitarlo, es por reeditar la fórmula ya ensayada en Andalucía: un gobierno de coalición con el PP -que es quien se encargaría de negociar con Vox mientras Cs miraría hacia otro lado- y con los de Abascal ejerciendo de muleta parlamentaria.

Rivera, eso sí, descartó una vez más un acuerdo de gobierno con Sánchez, que en los estertores de la campaña, y pese a todos los desaires anteriores, había vuelto a tenderle la mano. Y, de hecho, en la misma frase en la que reprochó a Casado su oferta a Abascal, admitía que su prioridad es que las derechas sumen. “Es una falta de respeto repatirse ministerios cuando a lo mejor alguno se desinfla y no ganamos”, dijo.  Así, en primera persona del plural.

Por inciertos que sean los resultados de este domingo, el que parece que gana, sí o sí, es Vox.

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