Torra, durante la conferencia que dio en septiembre del año pasado en el Teatre Nacional de Catalunya. EFE/Marta Pérez
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Torra no consigue imponer su línea dura en JxCat, que le ignoró en la Diputación y sigue sin acuerdo sobre la investidura de Sánchez

Iván Vila

Economía Digital

Torra, durante la conferencia que dio en septiembre del año pasado en el Teatre Nacional de Catalunya. EFE/Marta Pérez

Barcelona, 19 de julio de 2019 (20:55 CET)

Quim Torra intenta ir por libre, pero sus maniobras caen en saco roto. El miércoles, el presidente de la Generalitat planteaba por su cuenta y riesgo un no a la investidura de Pedro Sánchez salvo en el improbabilísimo caso de que este aceptara antes de la votación de la semana que viene hablar de la autodeterminación. De forma inmediata, ERC, uno de los dos socios que integran su gobierno, se desmarcaba. Y este viernes, apenas dos días después, su partido, Junts per Catalunya (JxCat) abogaba por un no "en las circunstancias actuales". Es decir, si Sánchez llega al pleno de investidura sin acuerdo con Pablo Iglesias. Pero abría la puerta a revisar esa posición si finalmente sí lo hubiera. Hacerlo significaría una desautorización en toda regla ni más ni menos que al president.

La decisión, en ese caso, se tomaría el lunes, un día antes de la votación. Lo harían el grupo parlamentario, Torra y su antecesor al frente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que, como el actual presidente catalán, aboga por el no, aunque no se ha significado en público, como ha hecho de forma categórica su sucesor.

Puigdemont exhibe prudencia porque los siete diputados posconvergentes en el Congreso están divididos, y no solo la abstención gana por cuatro a tres y cuenta con el aval también del expresident Artur Mas, sino que tres de los que se decantan por no obstaculizar la investidura son los que están en prisión: Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull. El cuarto es Sergi Miquel, del Pdecat, mientras que los tres diputados que, en la línea de Torra, abogan por el no con o sin entente Sánchez-Iglesias, son la exconsellera Laura Borràs, el abogado de Puigdemont Jaume Alonso-Cuevillas y la vicepresidenta del Pdecat, Míriam Nogueras, líder del sector más afín al expresident dentro de la formación heredera de Convergència.

Esa  división no fue óbice en cambio para que Torra publicara el miércoles su carta abierta a Sánchez en La Vanguardia, en la que se posicionaba en contra de la investidura por la negativa del presidente en funciones a considerar la opción de un referéndum en Cataluña. Torra fue por libre: no solo no informó a Esquerra, sino que tampoco lo hizo al Pdecat, según admiten fuentes del partido, como ya hizo también en su ultimátum de octubre a Sánchez.

Torra intenta marcar la línea

Esta vez, el president reaccionaba así en un intento de marcar la línea política después de que su postura fuera ignorada en el pulso por la Diputación, donde abogó por romper el acuerdo con los socialistas pero se quedó solo, porque Puigdemont finalmente optó por no desautorizar al presidente del Pdecat, David Bonvehí, que es quien había liderado la negociación con el PSC.

La maniobra de Torra se enmarca además en los tímidos movimientos que ha dado el president desde que Puigdemont renunció definitiva y públicamente a su restitución, objetivo prioritario declarado de su sucesor. Necesitado de un nuevo guión, y asediado por una Esquerra a la que la legislatura ya se le está haciendo larga, Torra busca reivindicarse. Afirma ahora que nunca se ha considerado un presidente provisional, insiste en descartar un adelanto electoral tras la sentencia del Supremo y busca la manera de ganar peso específico y capacidad de influencia. Hasta ahora, sin fortuna.  

ERC se desentiende

Al poco de publicarse la carta abierta de Torra, ERC, como ya hizo cuando en octubre del año pasado el president amenazó a Sánchez con dejarlo caer, se desmarcó de él, y en seguida enmarcó el artículo en el debate interno en el seno de JxCat. 

De hecho, la de Torra coincidió con una segunda maniobra promovida por el sector de la coalición más afín al president y a Puigdemont: un manifiesto planteado como una "reflexión interna" difundido el mismo miércoles y en el que se abogaba por "recuperar el espíritu inicial" de JxCat, romper el pacto alcanzado con el PSC en la Diputación de Barcelona y votar en contra de la investidura de Sánchez.

Pero ninguno de esos movimientos de última hora sirvió de mucho a la hora de la verdad. Es decir, de la reunión que el grupo parlamentario mantuvo el jueves por la tarde en la prisión de Lledoners, donde están encarcelados Sànchez, Rull y Turull. Lo que salió de ahí, lejos de la rotundidad expresada en su carta por el president, fue un acuerdo temporal y salomónico: no a Sánchez mientras no haya acuerdo con Iglesias. Y, si finalmente lo hay, ya veremos. Llegado el caso, decantarse por la abstención significaría culminar una nueva desautorización a Torra. Tras la de la Diputación, sería la segunda en menos de 15 días.

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