Quim Torra, durante su reunión de este jueves con los diputados de JpC Eduard Pujol (a la izquierda) y Albert Batet y Gemma Geis (a la derecha). EFE/Quique García
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El president gesticula para alargar la legislatura y JxCat alega ahora que avanzar elecciones, como quiere Esquerra, atentaría contra "los valores del 1-O"

Iván Vila

Economía Digital

Quim Torra, durante su reunión de este jueves con los diputados de JpC Eduard Pujol (a la izquierda) y Albert Batet y Gemma Geis (a la derecha). EFE/Quique García

Barcelona, 05 de julio de 2019 (04:55 CET)

El pulso en el seno del gobierno de Quim Torra en torno al avance electoral una vez se conozca la sentencia del juicio del procés se encona y se despacha ya en público. Con ERC elevando la presión para que una vez que  se pronuncie el Tribunal Supremo (TS), el president arroje la toalla y convoque elecciones al Parlament, la formación a la que pertenece Torra, Junts per Catalunya (JxCat) contraatacó este jueves elevando el tono y la contundencia de sus argumentos. Finiquitar la legislatura, alegan ahora los posconvergentes, supondría ni más ni menos que vulnerar “los valores” del referéndum del 1 de octubre de 2017.

El encargado de lanzar el mensaje fue el portavoz de JxCat en el Parlament, Albert Batet, tras la reunión mantenida entre una representación del grupo parlamentario y Torra en el Palau de la Generalitat. “Un adelanto electoral autonómico, con un gobierno que lleva un año y que no ha pasado ni el ecuador de la legislatura, sería un retroceso porque no respetaría los valores del 1-O ni del 21-D (es decir, de las últimas elecciones al Parlament), que es una mayoría independentista”, zanjó Batet.

El portavoz de JxCat replicaba así, apelando al comodín del llamado espíritu de octubre de 2017, al exportavoz de ERC en el Congreso Joan Tardà, que el miércoles publicó un artículo en el que consideraba que, tras la sentencia, el avance electoral será “insoslayable” e “imprescindible”, unas declaraciones que se enmarcan en la campaña de los de Oriol Junqueras para forzar esa cita con las urnas que sus socios, en cambio, no ven con buenos ojos.

Presión de ERC para ir a elecciones

Los republicanos han aumentado la presión sobre Torra después de que el president, que hasta otoño del año pasado fue amagando periódicamente con la posibilidad de un adelanto electoral, negara a la hora de hacer balance de su primer año que tenga la más mínima intención de avanzar unos nuevos comicios, un escenario que en JxCat abogan por posponer al menos hasta que clarifiquen esa reordenación hasta ahora siempre pospuesta de todo el espacio posconvergente, y a la espera de que las expectativas electorales mejoren, tras los malos resultados cosechados en las generales del 28 de abril y las municipales del 26 de mayo, apenas mitigados por la victoria en Cataluña en las europeas que también se celebraron el 26-M.

Claro que en los comicios a la Eurocámara primó el factor Puigdemont, pero el nuevo gatillazo estratégico que ha supuesto que finalmente, y a diferencia de lo que él mismo había prometido en campaña, Puigdemont no haya podido tomar posesión del escaño de eurodiputado, aconseja pausa antes de embarcarse en una nueva carrera electoral con ERC, reforzada en cambio tras la primavera electoral.

En las circunstancias actuales y con los pronósticos que  arrojan los sondeos en la mano, unas catalanas anticipadas podrían suponer la consolidación de Esquerra como el partido hegemónico entre el independentismo. De ahí que los de Junqueras no le hagan asco a ponerle el punto y final a la legislatura y que JxCat, en cambio, se revuelva y trate de dilatarla.

El gobierno Torra, sin argumentos

El problema es la falta de argumentos del govern Torra para continuar. Tras la renuncia de Puigdemont a una restitución improbabilísima pero que su sucesor había vendido como objetivo prioritario de su presidencia; consumado el fracaso del intento de aprobar los presupuestos de este 2019, que no llegaron ni a ser presentados en el Parlament, y constatada la parálisis que achaca al ejecutivo tanto en el ámbito de la gestión como por lo que respecta a sus compromisos en clave independentista, el gobierno catalán carece de hilo conductor.

De ahí la insistencia de Torra en escenificar una nueva ronda de contactos con partidos soberanistas y entidades de la sociedad civil en pos de esa “unidad estratégica” desde la que habría que armar una “respuesta de país” a la sentencia, unidad convertida en el nuevo grial inalcanzable del independentismo. El presidente catalán ya se reunió con la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural, ERC, los comunes o la CUP, y este jueves le tocaba hacerlo con las Asambleas de Trabajadores en Defensa de las Instituciones Catalanas (ADICs), Súmate, la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) y la patronal PIMEC, además de con JxCat.

Que el titular, tras esa ronda de encuentros, sea la embestida de la formación de Puigdemont y el propio Torra poniéndole los puntos sobre las íes a sus socios de ERC subraya todavía más la falta de propuestas en circulación en esas reuniones tras las cuales no ha trascendido que el president haya planteado aún nada en concreto a sus interlocutores. En plena cuenta atrás para la sentencia, la única eventual respuesta que hasta ahora se ha puesto sobre la mesa, el avance electoral, ya ni siquiera es una apuesta compartida por los socios de gobierno, sino, al contrario, uno más que sumar a su ya larga lista de desencuentros.

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