Sánchez prioriza el diálogo con Colau pese a sus críticas a la Policía

El presidente del Gobierno difunde sus conversaciones con la alcaldesa de Barcelona mientras cruza lecciones por carta con Quim Torra

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La primera medida que ha tomado Pedro Sánchez en su viaje por sorpresa a Barcelona ha sido explicar a través de sus redes sociales que ha mantenido una conversación telefónica a su llegada con Ada Colau.

Sánchez ha dado a conocer esta llamada con la evidente intención de mostrar su predisposición al diálogo institucional después de recibir durante las últimas llamadas algunas llamadas del gabinete del presidente de la Generalitat, Quim Torra, en busca de una reunión para analizar el aumento de la conflictividad en Cataluña.

El presidente del Gobierno en funciones no ha tenido problema en telefonear a la alcaldesa de la capital catalana, a pesar de que su partido, Barcelona en Comú, ha realizado en las últimas horas una contundente crítica contra la actuación policial durante las violentas jornadas callejeras que ha sufrido la ciudad condal. «La brutalidad policial es la principal gasolina del conflicto que se vive en las calles de Barcelona. Las agresiones de la Policía Nacional y los Mossos contra manifestantes, vecinos y periodistas son intolerables”, dijo Barcelona en Comú.

En paralelo, Sánchez se ha entregado a un cruce de reproches en forma de duelo epistolar con Torra. Mientras Sánchez insistía por carta este lunes a primera hora al presidente de la Generalitat en las tres condiciones que tiene que cumplir antes de reclamar ningún tipo de diálogo con la Moncloa, Torra replicó con otra misiva en la que, lejos de mostrarse dispuesto a satisfacer ninguna de esas exigencias, le hizo otros tres reproches al presidente del Gobierno en funciones y le insistió en la necesidad de una reunión este mismo lunes aprovechando la visita de este a Barcelona.

En su carta, Sánchez reprochó a Torra no haber condenado «de modo tajante e inequívoco» la violencia, haber «vuelto la espalda a las fuerzas y cuerpos de seguridad autonómicos y estatales» y haber «ignorado a más de la población catalana».

Después, a modo de condiciones previas a cualquier diálogo, insiste subrayando «las tres obligaciones que debe cumplir un gobernante si quiere ostentar con dignidad la representación de su comunidad ante cualquier interlocutor: condenar la violencia de forma rotunda; amparar a las fuerzas de seguridad que la combaten, y evitar la discordia civil». 

La réplica de Torra, también por escrito, no se hizo esperar. El president, que ya le escribió una primera misiva a Sánchez el sábado, empieza agradeciendo a este su carta y recordándole que el pasado fin de semana también lo llamó dos veces para hablar «sin poner condiciones, y que no obtuvo respuesta, lo que considera que «no es un buen signo de voluntad de diálogo». 

Después, Torra apuntó que las tres que a su juicio son «las obligaciones de un gobernante». La primera, «respetar y hacer respetar los derechos humanos, civiles y políticos de los ciudadanos», que, a su juicio, en Cataluña se han vulnerado «de manera sistemática por razones ideológicas». La segunda, «propiciar el diálogo entre aquellos que piensan diferente». Y la tercera, «favorecer la expresión democrática de los ciudadanos y la búsqueda de salidas democráticas y pacíficas a los conflictos políticos». 

Acto seguido, el president insiste en solicitar una reunión que, salvo sorpresa, no se producirá porque la Moncloa no está por la labor. 

En paralelo a su cruce de reproches epistolar con Sánchez, Torra mantuvo otro con Miquel Iceta. El primer secretario del PSC le pidió al president, también por escrito, que convoque la mesa de diálogo entre partidos que aprobó el Parlament, que considera «imprescindible» que se reúna. «Sin este trabajo previo usted no puede pretender hablar en nombre del conjunto del país».

La respuesta de Torra ha sido pedirle que le diga a Sánchez que «no se esconda» tras él. En la carta, el president también le dice a Iceta que fue el PSC quien pidió que la mesa de partidos no se reuniera en periodo electoral para que quedase «preservada de un uso electoralista».

 

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