Rajoy hurga en las contradicciones internas del gobierno de Puigdemont

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La reunión secreta en la Moncloa crea tensiones entre la portavoz del ejecutivo, el presidente y los dirigentes del PDECat

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Fuente:EFE

Barcelona, 23 de febrero de 2017 (05:00 CET)

Mariano Rajoy ha conseguido lo que quería. La presión se sitúa en el seno del Govern de Carles Puigdemont, que debe hacer frente a sus contradicciones internas tras conocerse la reunión entre el mandatario catalán y el jefe del ejecutivo español. Con algunas dificultades, que expresan también diferencias en el PP, --las palabras del delegado del Gobierno, Enric Millo y las del hombre fuerte del PP catalán, Xavier García-Albiol—lo cierto es que el problema ahora lo tiene Puigdemont a la hora de convocar un referéndum que el Estado no permitirá.

Mientras Rajoy no puede ser acusado de negar que existió ese encuentro, el 11 de enero, ha sido Puigdemont quien ha dejado en evidencia a la portavoz y consellera de Presidència, Neus Munté, que reclamó explicaciones al presidente catalán, con la posibilidad sobre la mesa de presentar su dimisión.

Con un café en la cafetería del Parlament, Munté y Puigdemont quisieron evidenciar que habían reconducido la situación. Munté negó de forma contundente el encuentro, pocas horas antes de que se difundiera, dejando a la consejera en una situación precaria, que su entorno trató de reducir a un mal día. "No ha habido problemas, todo sigue igual", se aseguraba desde fuentes de su entorno en el Govern. Pero en el seno del Ejecutivo se vivió una gran tensión, al aflorar contradicciones entre los propios miembros del PDECat y de Esquerra Repubicana.


Apoyo oficial republicano

Sin embargo, y como marca el manual en casos de esta naturaleza –durante el tripartito se vivieron escenas parecidas—la posición oficial fue de cerrar filas al lado del presidente Puigdemont. Tanto Oriol Junqueras, como los diputados de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián y Joan Tardà, defendieron a Puigdemont y aseguraron, en sus cuentas de Twitter, que nada ha cambiado en la hoja de ruta del proceso soberanista, y que el referéndum se convocará.

Pero para Rajoy se trata de un triunfo. ¿Por qué? Porque deja al gobierno catalán ante la realidad: conocida su posición, --se puede hablar de todo menos del referéndum—a través de un almuerzo en la Moncloa con Puigdemont, que él no negó cuando se le había preguntado, aunque tampoco lo confirmó, se entiende que no tiene sentido que el Ejecutivo catalán la pida de nuevo, y que insista en una petición que se encuentra ante un callejón sin salida.

Sin mentir, y con las cosas claras, deja la pelota en el tejado de Puigdemont, que debe dirimir cómo gestiona ese posible referéndum con los propios consejeros de su partido, como Munté, y con los consejeros de ERC.


La irrupción de Mas

Y aquí las cosas no están nada claras. En esa situación extraña --¿no tenía conocimiento Munté de esa reunión?, ¿No tuvo habilidad para responder a la 'gallega' como Rajoy?—aparece el papel de Artur Mas, dispuesto a ser el candidato del PDECat, evitar la consulta, si el Gobierno paraliza el referéndum,  y caminar hacia unas elecciones al Parlament que den una amplia victoria al soberanismo.

Mientras, sin embargo, la idea es provocar grandes movilizaciones en la calle, buscando que la Unión Europea se haga eco de las peticiones independentistas. En una conferencia en San Sebastián, este miércoles, junto al ex lehendakari, Juan José Ibarretxe, Mas aseguró que ahora el independentismo "no tirará la toalla".

Eso es una distorsión total en los planes del PDECat y también de ERC, que prepara las elecciones, con Oriol Junqueras dispuesto a demostrar que los republicanos, por fin, son capaces de gestionar la Generalitat, después de experiencias frustrantes como los dos tripartitos, bajo las presidencias de Pasqual Maragall y José Montilla.


Los dos gobiernos, en dos trincheras

Por eso para Rajoy toda la gestión de su entrevista con Puigdemont se ha saldado con éxito, aunque desde una premisa inicial sincera. Rajoy quería que el mandatario catalán asistiera a la conferencia de presidentes autonómicos del mes de enero. Puigdemont puso algunas condiciones –poner sobre la mesa el referéndum—que Rajoy no aceptó. Buscó convencerle en la reunión en Moncloa, y Puigdemont mantuvo su negativa a asistir.

Ahora las dos partes ya tienen claro en qué trincheras se situarán. Y por eso para Puigdemont las cosas se complican. Se puede abrir una crisis interna en su propio Govern, a la espera de cómo afronta y comunica a la sociedad catalana que convocará un referéndum y que asumirá todas las consecuencias, incluida una posible anulación de la autonomía o la asunción de competencias autonómicas por parte del Ejecutivo español.

Rajoy no quiere, según fuentes del PP, llegar de ninguna manera a ese extremo. Califica los augurios catastrofistas del independentismo –anulación de la autonomía—de "disparates", pero todo dependerá del gobierno catalán, que se encuentra, ahora sí, frente al abismo.
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