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La decisión de Puigdemont de seguir adelante con el referéndum, sin ninguna garantía, provoca que se airee el malestar con Conesa, Pascal y Homs como referentes

Manel Manchón

Economía Digital

La alcaldesa del PDeCat de Sant Cugat de Vallès, Mercè Conesa, junto a Carles Puigdemont, en una imagen de archivo. Foto: EFE

Barcelona, 06 de julio de 2017 (05:55 CET)

La bronca existe. Se trata de una rebelion que podría diluirse a medida que pasen los días, pero el malestar es profundo. El Pdecat vive sus días más complicados, tras la decisión del presidente Carles Puigdemont de cesar al consejero de Empresa, Jordi Baiget, por haber expresado sus dudas sobre el referéndum. Una de las dirigentes más queridas en el partido, con ascendencia y con liderazgo, Mercè Conesa, se ha unido a las críticas formuladas por Marta Pascal y Francesc Homs. Conesa, presidenta del consejo nacional del Pdecat y presidenta de la Diputación de Barcelona y alcaldesa de Sant Cugat, ha asegurado que Baiget no ha expresado opiniones diferentes que “no se hayhan planteado muchas personas”.

Es decir, el debate en el seno del Pdecat es intenso sobre qué futuro le espera, al partido y a Cataluña, con dudas sobre el día después, sobre una posible derrota en toda regla, cuando el Gobierno central ponga todos sus medios legales para impedir un referéndum que se sabe que se salta la legalidad.

Conesa, en unas manifestaciones al medio digital Tot Sant Cugat, ha ido más allá, al realizar una reflexión de fondo que el soberanismo, en su conjunto, ha decidido no plantearse para no afrontar la realidad. “Quien tenga la certeza total de dónde llegaremos, pues le aplaudiré, pero no sabemos dónde llegaremos. ¿Qué haremos todo lo posible? No tengo ningún tipo de duda, lo haremos todo cada uno desde su lugar, desde su responsabilidad, pero evidentemente podemos llegar a un callejón sin salida y a un choque de trenes”, ha sentenciado.

Conesa advierte de que el peligro del choque de trenes es muy evidente y puede ser perjudicial

El partido está molesto también por una cuestión esencial. Hubiera o no un problema de comunicación, o de falta de reflejos, lo cierto es que el presidente de la Generalitat, --que iba de número tres en la lista de Convergència por Girona en las elecciones autonómicas de 2015-- ha desautorizado a la coordinadora general del partido, Marta Pascal. Mientras Pascal aseguraba que Baiget continuaría como consejero, y que sería miembro del Govern cuando se celebre el referéndum, Puigdemont ya había tomado la decisión de cesarlo, a mediodía de este lunes. Llamó a Santi Vila, para saber si podía contar con él, y le pidió que acudiera a la presentación del libro de Ferran Mascarell, Dos estados (Arpa), a media tarde en una librería del centro de Barcelona. Entonces le ofreció la consejería de Batet.

Para el partido eso se ha entendido como una humillación, que expresó de forma gráfica Francesc Homs en una serie de mensajes en su cuenta de Twitter, al decir que estaba “hasta los huevos”, derivando toda su frustración hacia Esquerra Republicana, que sigue sin perder ni un pelo a lo largo del proceso soberanista.

También mostró su malestar la exconsejera Joana Ortega, que, a pesar de proceder de Unió Democràtica, se ha vinculado al espacio del Pdecat, con la posibilidad, incluso, de optar a la alcaldía de Barcelona, aunque debe cumplir todavía su pena de inhabilitación en cargo público por la causa del 9N.

Rajoy no contaba con la determinación de Puigdemont, que puede arrastrar a una parte sustantiva de la sociedad catalana

¿En qué puede acabar todo eso? Por ahora en poca cosa, pero dependerá de lo que ocurra el 1 de octubre. El mapa político sigue en ebullición, y las siglas del Pdecat tendrán más o menos futuro en función de lo que defienda ahora y lo que suceda a partir del 2 de octubre.

Puigdemont va por libre, pero ha aglutinado a todo el bloque independentista, con la premisa de que o es creíble la idea del referéndum, o cualquier negociación posterior con el Gobierno central será imposible. Pero es una carta demasiado arriesgada, a ojos de Homs, Baiget, Conesa o Pascal, y medio gobierno de la Generalitat, que sigue firme aunque piense lo mismo.

Ha comenzado la recta final, y no sólo se dirime si habrá o no referéndum, y hasta qué punto se implicará el Gobierno de Mariano Rajoy. Lo que está en juego es todo el mapa de la política catalana, una especie de zona cero, como si, --de forma inexplicable-- no hubiera pasado nada desde la transición. Ese relato lo ha comprado una parte de la sociedad catalana, la más soberanista, y con eso no contaba el gabinete de Rajoy. 

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