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El expresident no quiere bajar la tensión y anima ahora a Puigdemont, aunque deje en el camino a Baiget o a Francesc Homs

Manel Manchón

Economía Digital

Artur Mas y Jordi Baiget, en una imagen de archivo en el Consell Executiu, han almorzado tras la destitución del conseller de Empresa.

Barcelona, 04 de julio de 2017 (19:18 CET)

Todo son movimientos, desde el nerviosismo y la seguridad de que todo se precipita. El expresidente Artur Mas ha comido con Jordi Baiget, en un restaurante del centro de Barcelona, para consolarle, pero también para dejarle claro que el proceso soberanista debe llegar hasta el final, que ahora no es el momento para venirse abajo, pese a la presión y a las advertencias del Gobierno central.

Mas tiene en Baiget a un hombre de su confianza. Pero el presidente y el que toma las decisiones es Carles Puigdemont. Baiget no se esperaba esa decisión. Sabía que sus declaraciones en una entrevista en el diario El Punt/Avui, que dirige Xevi Xirgo, muy próximo a Puigdemont, podían provocar una polémica, pero no su destitución.

Mas y Puigdemont han decidido poner la directa y sacrificar al Pdecat

El expresidente Mas, en cualquier caso, quiere seguir adelante, y así se lo ha comunicado a Baiget. Hasta el punto que las críticas vertidas por Francesc Homs contra Puigdemont, y contra el proceso, en general, al entender que quien más sufre es el Pdecat, --mientras ERC permanece en la escucha, como diría Manu Chao-- se pueden comprender, pero es el momento de acelerar.

Mas y Puigdemont han puesto la directa, y han decidido sacrificar al Pdecat, que, con Marta Pascal a la cabeza, y con consellers como Jordi Baiget, o los que puedan venir, como Meritxell Borràs o Jordi Jané, no saben cómo reaccionar. De momento.

 

 

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