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Puigdemont cesa al consejero Baiget, que tenía el apoyo del Pdecat, y se muestra dispuesto a ir hasta el final con el referéndum aunque se quede solo

Manel Manchón

Economía Digital

Carles Puigdemont y Marta Pascal, coordinadora general del Pdecat, que ha decidido suicidarse./ EFE-AE

Barcelona, 04 de julio de 2017 (06:55 CET)

De victoria en victoria hasta la derrota final. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, quiere inmolarse con el referéndum. Es su única misión. Y para ello ha despreciado a su propio partido, el Pdecat, que este lunes sufrió una auténtica humillación. Se trata de un desprecio en toda regla, al cesar al consejero de Empresa Jordi Baiget por haber expresado lo que buena parte del gobierno catalán expresa en privado y es que el referéndum, si se realiza, acabará siendo una versión del 9N.

No hay espacio para las dudas. Puigdemont está dispuesto a todo, y nombrará, este mismo martes por la mañana, justo antes del Consell Executiu y de la reunión para presentar “las garantías” del referéndum, al consejero de Cultura, Santi Vila, que asumirá también Empresa i Ocupació.

Puigdemont está dispuesto a todo y nombra a Vila, que, oportunista, es amigo personal

Vila, que ha actuado en los últimos meses con un gran oportunismo ---ahora matizo, mañana digo que tal vez, después declaro fidelidad total al presidente—es amigo personal de Puigdemont, cuando los dos eran alcaldes de Figueres y de Girona, respectivamente. Esa fidelidad es la que quiere Puigdemont, que se ha rodeado de un núcleo de amigos de Girona, despreciando al Pdecat, y a la propia realidad.

Baiget declaró en una entrevista en El Punt/Avui, que dirige Xevi Xirgo, y que forma parte, precisamente, de ese núcleo de ‘gironins’ cercanos a Puigdemont, que el Estado tiene resortes suficientes para parar el referéndum, y que, antes de asumir riesgos excesivos –penales o patrimoniales—sería inteligente buscar una alternativa que pudiera ser similar al 9N de 2014, y que todo dependería de la participación.

La coordinadora general del Pdecat, Marta Pascal, que trata de hacer lo imposible por mantener para el partido un espacio ideológico que ha quedado en los dos últimos años totalmente desdibujado, se mojó a favor de Baiget, asegurando que no tenía “ninguna duda” de que el referéndum se celebraría con Baiget en el Govern. Pocas horas más tarde, Puigdemont dejaba en ridículo a Pascal y destituía a Baiget. La próxima en caer podría ser la consejera Meritxell Borràs, acusada de no actuar con diligencia a la hora de activar el concurso para la compra de urnas. Pascal, vislumbrando la advertencia, también apoyó a Borràs, asegurando que el Pdecat reforzaba su compromiso con el referéndum.

Puigdemont dejó en ridículo a Pascal, que se había mostrado segura de que Baiget continuaría

La virulencia llegó con las declaraciones de Francesc Homs, expresadas en su cuenta de twitter. Inhabilitado por la causa del 9N, Homs, que está pasando una situación difícil, porque se ha quedado descolgado, aseguró que no compartía que se hubiera cesado a Baiget, y que el consejero de Empresa había sido fiel y se había comprometido.

“Además, políticamente, decisiones de este tipo ni suman ni hacen más grande el proyecto, al revés". Homs incidía en que si las declaraciones habían sido más o menos afortunadas, "hay otras que sobran desde hace tiempo", en alusión a los mensajes incendiarios de Puigdemont en su cuenta de twitter. Homs acababa: "Finalmente, ¿cómo es que de momento sólo somos los del Pdecat los que somos condenados desde Madrid y/o nos quieren fuera algunos en Catalunya? Hasta los ‘huevos’”, señaló Homs, utilizando, para esta última expresión, la figura de un huevo. El dedo de Homs señalaba, claramente a Esquerra Republicana, a quien el Pdecat acusa de no comprometerse con nada.

Homs arremete contra Puigdemont y le dice que ni suma ni hace grande el proyecto

La cuestión es que ha sido un consejero del Pdecat el que ha expresado sus dudas. Y lo pueden hacer en los próximos días y semanas otros miembros del Govern. Consejeros como Jordi Jané, Meritxell Borràs, o el propio Josep Rull –independentista desde siempre—no ven las cosas de forma muy diferente a como las percibe Baiget. Sólo Puigdemont está determinado a buscar el enfrentamiento con el Gobierno español, sin paliativos, y asumiendo todas las consecuencias. Esquerra sigue adelante, porque sabe que es Puigdemont quien firmará todo lo necesario, no porque Oriol Junqueras no quiera hacerlo, sino porque legalmente el único imprescindible es el presidente de la Generalitat.

Baiget es un hombre de Artur Mas. Su mujer, Josefina Valls, es la directora de servicios en el departamento de Governació, que ha declarado –una curiosidad—desierto el concurso para la compra de las urnas.

Lo que explica su decisión es un distanciamiento también entre Mas y Puigdemont. El expresidente, que se ha rodeado de un núcleo de incondicionales, --entre ellos el propio Francesc Homs y Jordi Turull, además de otros colaboradores, como José Antich, director del digital El Nacional--, ha perdido ascendente sobre Puigdemont, que trabaja con muy pocas personas, dispuesto a poner las urnas, como sea, el 1 de octubre.

La división interna llega el mismo día que Puigdemont, junto a Oriol Junqueras, protagonizará un acto en el Teatre Nacional para ofrecer “todas las garantías sobre el referéndum”. Horas antes, a mediodía, en el Parlament, Junts pel Sí y la CUP presentarán la ley sobre el referéndum, que equivale a una defensa del derecho a la autodeterminación y que se basa en tratados firmados por el Estado español, entre ellos el Pacto sobre los derechos civiles y políticos y sobre derechos económicos, sociales y culturales aprobados por la ONU en 1966. Se trata de un acuerdo que reconoce “el derecho de los pueblos a la autodeterminación como el primero de los derechos humanos”.

El Gobierno central ha presionado y obtiene una primera victoria con Baiget

Mientras eso pasa, el Gobierno central ha activado un plan para advertir a todos los funcionarios de los ayuntamientos sobre las consecuencias de colaborar en la organización del referéndum. El Gobierno presiona cada día y toca todos los sectores que puedan facilitar la organización del referéndum. Y esa presión está haciendo mella, con lo que cada vez se lo pone más complicado al gobierno catalán, no ya para celebrar el referéndum, sino para llegar cohesionado al 1 de octubre.

Puigdemont, en cualquier caso, comienza a viajar a toda velocidad, aunque se quede por el camino buena parte de su propio partido. Un auténtico éxito del proyecto que inició Artur Mas en 2012, mientras la CUP sonríe tras haber logrado el cese de Baiget, como había pedido minutos después de leer en la mañana de este lunes la entrevista de Baiget.

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