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El presidente Puigdemont quiere ir hasta el final, pase lo que pase, y arrastra al Pdecat y a ERC, que no reaccionarán hasta comprobar las consecuencias

Manel Manchón

Economía Digital

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras ofrecerán este 4 de julio los detalles del referéndum, una verdadera obsesión para el presidente de la Generalitat. EFE

Barcelona, 29 de junio de 2017 (06:55 CET)

La determinación del presidente Carles Puigdemont es total. Aunque el discurso oficial sea el mismo para todos, con el latiguillo de que “el día 1 de octubre habrá urnas”, las reticencias de los altos funcionarios de todos los departamentos y las propias prevenciones del Pdecat y de ERC, dejan el referéndum en manos de Puigdemont. El presidente de la Generalitat actúa ya en solitario para celebrar la consulta.

Puigdemont está dispuesto a seguir hasta el final. Su estrategia es compatible, a ojos del Pdecat, con una aproximación del partido al PP, con algunos tímidos guiños, todavía, de la dirección que encabeza Marta Pascal, que ha mantenido algunos contactos en Madrid. También el consejero de Interior, Jordi Jané, busca esa aproximación, con una buena relación con su homólogo Juan Ignacio Zoido, con el que ha conseguido cerrar la fecha del 10 de julio para reunir la Junta de Seguridad.

Coincidencia o no, el hecho es que el Pdecat ha logrado que Interior le dé la razón para mantener su nombre, en relación al contencioso abierto por el partido Demòcrates de Cataluña, que nació de una escisión de Unió Democràtica. También, coincidencia o no, el Pdecat ha conseguido una importante victoria con el reconocimiento de su grupo propio en el Senado, por parte del Tribunal Constitucional.

La disyuntiva es si Puigdemont acabará siendo un grave problema o no para todo el soberanismo

Todo ello, sin embargo, no implica ningún paso atrás. De momento. El Pdecat sigue convencido de que debe acompañar a Puigdemont, por lo menos hasta el 1 de octubre. Todo lo que ocurra después es otra cuestión. El hecho es que el presidente catalán ha decidido que le toca demostrar toda la intensidad de su compromiso con el referéndum. Está al frente de la Generalitat únicamente por ello.

Si el Pdecat presenta recelos, que se han concretado en una situación muy complicada en el departamento de Gobernación, que ha declarado desierto el concurso para comprar las urnas para el referéndum, también ocurre en Esquerra Republicana. Oriol Junqueras reitera que lo de menos será su posible inhabilitación, y que todo está dispuesto para que los catalanes puedan votar. Pero Junqueras está preocupado por lo que pase el día 2 de octubre.

Al margen de las razones políticas, están los elementos psicológicos, y distinas fuentes aseguran que a Puigdemont le da igual cómo queden los partidos soberanistas, o qué consecuencias tenga para la política catalana. Puigdemont “sacará urnas en la calle” si hace falta, señalan las mismas fuentes. La pregunta que surge en determinados núcleos soberanistas es si Puigdemont acabará constituyendo un “problema grave”, o, si, por el contrario, la única posibilidad de que el Gobierno de Mariano Rajoy se avenga a establecer una negociación es mostrarse firme y aplicar, sin subterfugios, el plan A hasta el final, cueste lo que cueste.

El temor en Gobernación es total, no quiere mojarse con la compra de las urnas

Una de las primeras decisiones será la compra de urnas. En el departamento de Gobernación, que dirige la consejera Meritxell Borràs, las dudas son enormes, como ha explicado Economía Digital. La salida, ahora, como pretende Puigdemont, es que se compren urnas de forma colegiada, tras una decisión del Consell Executiu.

Y esa decisión podría llegar o justo antes, o poco después del 4 de julio, el día previsto, en el Teatre Nacional, para ofrecer “todos los detalles y las garantías del referéndum”. En ese acto, los dos grandes protagonistas serán Puigdemont y Junqueras, que han restringido de forma radical el flujo de información hacia el resto del gobierno.

Lo que ocurre es que, a pesar del compromiso ofical o real de Junqueras, quien deberá asumir toda la responsabilidad es el presidente Puigdemont. Él firmará el decreto de convocatoria, y él será el único responsable frente a la Fiscalía, cuando recurra, a instancias del Gobierno, todos los pasos que dé la Generalitat. Puigdemont lo sabe y asume todo el coste. Sin cortarse, y sin pensar en si el cargo político le permite o no esas alegrías, Puigdemont utilizó su cuenta de twitter para ironizar y criticar a la Fiscalía. “Ni los asusta-funcionarios ni los caza urnas podrán asustar y cazar millones de ciudadanos que queremos votar”, afirmó.

Quien conoce a Puigdemont sabe que "ya no hay vuelta atrás"

El conflicto se dirimirá internamente en las próximas semanas. Puigdemont quiere acelerar todos los pasos. Pero se puede encontrar con las reticencias de los altos funcionarios de todos los departamentos. La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que lo sabe, y que tiene una información directa sobre cómo evoluciona el movimiento soberanista, contestó a Puigdemont de forma taxativa: “Si los independentistas se quieren despeñar, que no arrastren a los funcionarios”.

Sáenz de Santamaría está dispuesta a iniciar un proceso de diálogo a partir del día 2 de octubre, o antes, si Puigdemont está dispuesto a aparcar su proyecto.

Pero ahí es donde los razonamientos políticos se evaporan. “Quien conoce a Puigdemont sabe que ya no hay vuelta atrás”, aseguran distintas fuentes consultas. Y, con mayor o menor entusiasmo, le seguirá todo el Pdecat y ERC. Hasta que el día 2 de octubre se compruebe el estado de todos los materiales, y se vea cómo se vuelve a construir el edificio.  

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