Una moción de censura con impacto en la línea de flotación del empleo. En la imagen, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. Foto: EFE/FV

Sánchez se apropia de la estrategia electoral de Iglesias

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Pedro Sánchez revierte y hace suyo el clamor de Pablo Iglesias por los votantes que sienten que el PSOE tiró sus votos a Podemos a la basura

Alessandro Solís

Economía Digital

Una moción de censura con impacto en la línea de flotación del empleo. En la imagen, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. Foto: EFE/FV

Barcelona, 18 de septiembre de 2019 (20:47 CET)

Tras la renuncia del rey Felipe VI a proponer un candidato a la investidura, el partido de Pablo Iglesias y muchos de sus militantes compartieron mensajes de enfado por considerar que Pedro Sánchez había irrespetado la voluntad de los votantes de izquierdas al cerrar todas las puertas a un acuerdo de coalición con Unidas Podemos. Ha sido un reproche constante: el PSOE tiró el sufragio morado a la basura, según ha alegado la bancada morada.

Ahora, rumbo a las segundas elecciones generales del año 2019, Sánchez se apropia de este mensaje de cara a la campaña electoral. Fuentes socialistas han avanzado este miércoles que el presidente del Gobierno en funciones explotará en la antesala de las urnas del 10 de noviembre el enfado del votante de izquierdas que siente que no han respetado su voto del 28-A, pese a que muchos de los que acusan este sentimiento le señalan a él como culpable.

Lo de repartir responsabilidades, en primera instancia a Podemos y después al PP y Ciudadanos, será constante en esta campaña electoral, según el diseño de la estrategia que se impone ahora mismo en el PSOE. Fuentes de la formación han explicado que Sánchez también seguirá jugando el papel de víctima al entender que los otros partidos impidieron, con su actitud, que pudiese formar gobierno, informó Europa Press.

El argumento del PSOE es que los españoles están convocados nuevamente a unos comicios generales no tanto por su incapacidad de llegar a acuerdos con otros dirigentes políticos, sino por la voluntad de Podemos, PP y Cs de impedir que se materializara el Gobierno progresista y moderado por el que votó la mayoría de los españoles. Además, los socialistas avisan que se alimentarán del discurso de Iglesias y otros, de "todos contra Sánchez".

Si las otras formaciones se lanzan contra él, reforzarán la imagen de Sánchez como único presidente posible, según las fuentes, que confían en que la presión que habrá tras unas segundas elecciones facilite al PSOE la formación de gobierno después de noviembre. También le favorecen las encuestas, que indican que su estrategia de ofrecer un Gobierno progresista pero moderado cala en el electorado, siempre según su entorno.

Sánchez, contra Iglesias y Rivera

La lectura que hace el PSOE del escenario electoral a menos de dos meses de volver a las urnas dibuja un juego fácil. Si hubiera abstención alta como se prevé, el golpe se lo llevarán Vox y Ciudadanos, según las fuentes socialistas. El círculo de Sánchez cree que el electorado de Albert Rivera es poco fiel y que una parte del mismo está descontento por la falta de entendimiento con el PSOE. También le criticará por la fuga de miembros reciente.

Se prepara Sánchez también para atacar a Iglesias por no apoyarle sin una coalición de gobierno, pues cree que allí también puede captar el voto entre simpatizantes de Podemos desencantados. De hecho, los ataques han comenzado ya, señalando el PSOE a Podemos como el principal culpable de llevar a los españoles de nuevo a elecciones, otro discurso del que tiró Iglesias en las últimas semanas y que ahora los socialistas hacen suyo.

Además, el presidente en funciones se servirá del teatro de los últimos meses para afirmar que no cede ante los independentistas ni ante Iglesias, y que su prioridad es poner en marcha políticas sociales en beneficio de la gente. De esta forma desmontará las referencias de Rivera a la "banda" de Sánchez para referirse a sus posibles socios, trasladando los socialistas que en realidad no hay rastro de ninguna banda.

Y, si de pelear con Pablo Casado se trata, la estrategia es clara: recordar cómo el PP redujo su influencia a 66 escaños tras las elecciones del 28-A, lo que a su juicio demuestra que los votantes le castigaron por la corrupción del partido y que las pasadas elecciones fueron la verdadera moción de censura, intentando así restar credibilidad a Casado como su potencial contendiente a ser el candidato en mejores condiciones de aportar estabilidad.

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