Torra, en la inauguración del Catalonia America Council, un nuevo lobby catalanista en Washington. Foto: Generalitat de Cataluña

Torra enmaraña los preparativos de la reunión con Sánchez

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Tras abogar por "un nuevo 1-O", el president dice ahora que la primera petición que hará será la de un referéndum y complica el guión de las conversaciones

Iván Vila

Economía Digital

Torra, en la inauguración del Catalonia America Council, un nuevo lobby catalanista en Washington. Foto: Generalitat de Cataluña

28 de junio de 2018 (04:55 CET)

Tras el pulso a la monarquía, ahora es el anuncio de Quim Torra de la que la primera petición que le hará a Pedro Sánchez es la de un referéndum pactado. El caso es que los preliminares de la primera reunión entre el president de la Generalitat  y el presidente del Gobierno, previsto para el 9 de julio, no dejan de enmarañarse.

El plazo que se han dado Torra y Sánchez permite por un lado que sus equipos trabajen para que la reunión sea algo más que una primera toma de contacto, pero por otro, la necesidad del independentismo institucional de gesticular de cara a su público genera continuos enfrentamientos verbales que calientan los preparativos del encuentro.

Hasta ahora, el Ejecutivo catalán había evitado explicitar cuáles serían sus planteamientos de salida

Así, hasta la semana pasada, la posición de Torra y de su Govern respecto de esa primera cita era eminentemente prudente. De hecho, hasta ahora, el Ejecutivo catalán había evitado explicitar cuáles serían sus planteamientos de salida con el argumento de que a quién le corresponde hacer una primera propuesta es a Sánchez.

Ese es un discurso perfectamente compatible con el planteamiento defendido por Miquel Iceta, líder del PSC y muñidor de las conversaciones, de empezar las mismas por asuntos en los que puedan darse acuerdos, y dejar los asuntos espinosos, léase un eventual referéndum, para más adelante.

Leyes bloqueadas y peticiones pendientes

En ese paquete de primeros asuntos, los socialistas habían metido ya la recuperación de leyes sociales bloqueadas en el Tribunal Constitucional como consecuencia de la agresiva ofensiva judicial desplegada por el gobierno de Mariano Rajoy contra la Generalitat y el Parlament, y también la lista de 46 peticiones que el antecesor de Torra, Carles Puigdemont, le había planteado a Rajoy al principios de 2016, y de las que el Gobierno de Sánchez ve posible satisfacer 40.

Había, eso sí, un elefante en la habitación: la situación de los líderes independentistas en prisión. Los socialistas han estado insistiendo en su buena disposición a acercarlos a cárceles catalanas, pero no ahora, sino en cuanto el juez del Supremo Pablo Llarena acabe la instrucción judicial. Pero a ojos del independentismo, que mantiene que lo que tendría que pasar es que salieran en libertad, ese gesto no pasa de ser una obligación legal que no se está cumpliendo.

Sánchez enciende al soberanismo

De todos modos, todo eso era previsible. E incluso que Torra dijera, el lunes pasado, que aspira a que haya “un nuevo 1-O”. Pero de la respuesta de Sánchez, que dijo que lo que hay que hacer con ese episodio es “pasar página”, ha hecho el soberanismo casus belli.

Primero fueron la portavoz del Govern y consellera de Presidencia, Elsa Artadi, de Junts per Catalunya (JpC), y el vicepresidente económico y líder en funciones de ERC, Pere Aragonès, los que afearon a Sánchez su réplica y reivindicaron la vigencia del 1-O, y luego Torra el que se descolgó advirtiendo desde Estados Unidos que en la primera reunión pedirá a Sánchez un referéndum y, que, en caso de negativa, “Cataluña seguirá su camino hacia la república”.

La afirmación, eso sí, no va esta vez acompañada de plazos ni hojas de ruta

La posición del president obtuvo el aval inmediato de Esquerra. "Ayer [por el martes], ERC pedimos en el Congreso no un referéndum, sino poder hablar de todo, y la respuesta también fue no", protestó el portavoz de los republicanos en el Parlament, Sergi Sabrià.

La afirmación de Torra, eso sí, no va esta vez acompañada de plazos ni hojas de ruta, con lo que se puede interpretar como un brindis al sol. Pero el caso es que el cambio de actitud es notorio, y que, en las dos semanas que quedan hasta la cita en La Moncloa, la cosa se puede complicar aún más, porque la CUP insiste en poner a prueba la vigencia del compromiso independentista de JpC y ERC.

Moción polémica de la CUP

El último episodio es la moción presentada por los cuperos para que sea debatida la semana siguiente en el Parlament, y que plantea ratificar la resolución que tras el proceso participativo del 9 de noviembre de 2015 aprobó la cámara catalana a modo de pistoletazo de salida del proceso hacia la independencia.

La Mesa del Parlament aprobó el martes debatir la moción pese a las advertencias de los servicios jurídicos, que, según la oposición no independentista, avisaron que la mera decisión podría contravenir la sentencia del Tribunal Constitucional que anuló aquel documento. Cs, PSC y PP pedirán a la mesa que reconsidere la decisión, que, mientras sigue la cada vez más tensa espera del encuentro Torra-Sánchez. 

ERC ya ha amagado con hacer oídos sordos a cualquier orden judicial para suspender a los diputados procesados

La batalla judicial es otro asunto que caldea la previa de la reunión. La confirmación del procesamiento de Puigdemont y otros 14 líderes independentistas conlleva la suspensión del mismo ex president y los otros seis procesados con escaño en la cámara catalana. Pero ERC ya ha amagado con hacer oídos sordos a cualquier orden judicial en ese sentido. Será el pleno del Parlament, ha aventurado Sabrià, quien decida sobre una eventual suspensión de los diputados.

 

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