El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en el Palacio de La Moncloa

Tres indicios para una conclusión: la legislatura agoniza

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Sánchez intenta resistir, pero el revés de instancias internacionales a su política económica, la pérdida de apoyos y el malestar interno presagian su final

Barcelona, 23 de noviembre de 2018 (04:55 CET)

Pedro Sánchez amanece este viernes al otro de lado del Atlántico, en La Habana (Cuba). Quizá las cosas se vean diferentes a 7.000 kilómetros de distancia de Madrid, pero los problemas siempre han sido buenos viajeros. El presidente del Gobierno, empeñado en alargar la legislatura, comienza a acumular evidencias en sentido contrario.

Cualquier conspiranoico —y votante del PSOE— pensaría que el orden mundial se ha conjurado estos días contra Sánchez. En un puñado de horas, el presidente ha recibido tres contundentes reveses a su política económica. Uno, de la Comisión Europea; otro, del Fondo Monetario Internacional; y un tercero de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Los tres organismos internacionales coinciden en que las perspectivas de crecimiento trazadas por el Gobierno del PSOE no son reales. Coinciden también en que el Ejecutivo socialista no está tomando las medidas adecuadas para contener el déficit. Y concluyen, en consecuencia, que la deuda española es un fuego descontrolado.

Pero a Sánchez no se le mueve el peinado. Tampoco se le movió cuando sus socios independentistas (Pdecat y ERC) proclamaron con toda solemnidad que iban a vetar sus presupuestos. El presidente es de los que piensa que se puede alargar la legislatura aun sin cuentas y que se puede recurrir a un paquete de decretos para mantener el relato de un gobierno progresista.

Rupturas

No obstante, la pérdida de apoyos acostumbra a traducirse con crueldad en el Congreso, donde las amistades duran el mismo tiempo que los intereses que llevan aparejados. ERC veía con buenos ojos la llegada al Gobierno del PSOE y tenía interés en dar cuerda a Sánchez. Pero la guerra entre Gabriel Rufián y Josep Borrell ha cambiado las cosas. Ya no hay votos de Esquerra que valgan, por ejemplo, para salvar el cuello a la amortizada ministra de Justicia, Dolores Delgado, que este jueves sufrió otra reprobación en las Cortes.

Dirigentes socialistas comienzan a expresar con la boca pequeña su malestar con Sánchez. No es momento de airear discrepancias porque Susana Díaz está en plena campaña electoral. De aquí al 2 de diciembre —fecha de las elecciones andaluzas— toca poner sordina para no perjudicar su anunciada victoria.

Entretanto, Sánchez se ha embarcado en labores diplomáticas. Este viernes, en La Habana, donde ya se ha cobrado las críticas inevitables para no reunirse con la disidencia cubana. Y este mismo domingo en Bruselas, donde debe plasmar una rectificación del artículo 184 del acuerdo del brexit para dejar abierta la puerta a la soberanía española de Gibraltar mediante acuerdos bilaterales (y no multilaterales). 

El presidente preveía seguir a bordo del avión presidencial y acudir el lunes a Islandia para renunirse con su homóloga. Pero finalmente lo ha descartado. Oficialmente, por problemas de agenda. Extraoficialmente, porque hay muchos problemas que afrontar y ninguno de ellos pasa por viajar al país con fama de decorado de Netflix.

 

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