Una nube de tos con coronavirus aguanta 8 segundos antes de desaparecer

Investigadores del Instituto de Tecnología de Bombay analizan cómo se propagan las gotas de saliva de coronavirus

Los epidemiólogos coinciden en que hablar, cantar o toser son algunas de las acciones que más favorecen la propagación del coronavirus a través de la propulsión de gotas de saliva. Un grupo de investigadores indios ha revelado ahora que una nube de tos cargada con la Covid-19 puede llegar a permanecer en el aire hasta ocho segundos antes de dispersarse.

Científicos del Instituto Indio de Tecnología de Bombay han analizado cómo se propaga el coronavirus después de que una persona tosa. El volumen de aire de la boca, la temperatura del ambiente o la humedad son algunas de las variables que condicionan esta transmisión.

Tras comparar todos los factores han llegado a la conclusión de que el chorro de aire que provoca la tos puede dejar suspendidas en el aire las gotas de saliva entre 5 y 8 segundos de tiempo. Después de ese límite, la nube comienza a desaparecer.

El hallazgo persigue mejorar la información que las administraciones disponen sobre la Covid-19 para poner en marcha nuevos planes de prevención contra la enfermedad. Especialmente para diseñar la ventilación en los espacios cerrados, una de las tareas pendientes en muchos países del mundo.

Toser sin mascarilla propaga siete veces más el virus

Los científicos indios también han revelado que el volumen de una nube de tos de una persona que no lleva mascarilla es siete veces más grande que el de un ciudadano que está protegido con una mascarilla quirúrgica, la más popular. En el caso de ir protegido con un modelo N95, la nube se reduce hasta 23 veces.

“Descubrimos que cualquier cosa que reduzca la distancia recorrida por la nube, como una máscara, un pañuelo o toser en un codo, debería reducir en gran medida la región sobre la que se dispersan las gotas al toser y, por lo tanto, las posibilidades de infección”, ha explicado Rajneesh Bhardwaj, uno de los autores de la investigación, según ha recogido Europa Press. 

Paradójicamente, los científicos han determinados que la fuerza con la que una persona tose, que determina la velocidad con la que se propagan las gotas de saliva, no afecta al volumen de la nube de tos que se propaga.

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