Las vacunas de la Covid-19 se han probado poco en personas mayores

Un estudio defiende que los fármacos para crear inmunidad contra la Covid-19 han excluido de forma mayoritaria a pacientes de más de 65 años

Los principales beneficiados de las vacunas de la Covid-19 son a la vez el grupo poblacional con el que menos se ha testado. La mayoría de las personas mayores han sido excluidas de varios ensayos clínicos de Covid-19, que tienen como objetivo establecer tratamientos preventivos. 

Así lo ha recogido un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association Internal Medicine. Las personas de más de 65 años representan el nueve por ciento de la población, pero el 30 o 40% de los casos de Covid-19 y el 80% de las muertes

El estudio; liderado la directora del Centro de Envejecimiento del Cerebro en el Instituto Hinda y Arthur Marcus para la Investigación del Envejecimiento en Hebrew SeniorLife de Estados Unidos, Sharon K. Inouye; comprobaron la frecuencia con la que se registraron los ensayos clínicos de la Covid-19.

Un colectivo excluído de los ensayos clínicos

Sus hallazgos han defendido que los adultos mayores son excluidos de más del 50 por ciento de los ensayos clínicos de Covid-19 y del 100 de los ensayos de vacunas, pese a que probar el fármaco con este grupo de edad es primordial para que tengan un acceso equitativo a estos tratamientos. 

Según el estudio recogido por Europa Press, es importante que los ensayos clínicos de Covid-19 inscriban a personas mayores para garantizar la efectividad de los tratamientos y encontrar la dosis adecuada en este grupo de edad, que puede ser diferente de otros grupos de edad debido a los cambios fisiológicos que vienen con la edad.

Otros problemas de los ensayos de Moderna y Pfizer

No es el único problema que se ha registrado con los ensayos de las vacunas. Las de Moderna y Pfizer no han controlado los comportamientos de los vacunados tras recibir las dosis. Según publicó Business Insider, los expertos defienden que las variaciones ante este suceso no alterarían significativamente los hallazgos, ya que los voluntarios fueron asignados aleatoriamente y a ciegas a un grupo u otro. 

Jenny Hamilton, una exoficial de policía de 57 años, se unió al ensayo de la vacuna contra el coronavirus de Pfizer en agosto. Después de recibir las dos inyecciones, registró lo que sentía en una aplicación: fiebre leve, fatiga y dolores musculares. Cuando Hamilton informó que sufría un cansancio severo, un coordinador del estudio rápidamente le envió un mensaje para ver cómo estaba, pero no la rastrearon. 

Esto también se ha dado en otros ensayos: Moderna no dio a los voluntarios ninguna instrucción específica sobre el uso de mascarillas o el distanciamiento social. Además, ninguno evaluó los niveles de exposición individual de los voluntarios (por ejemplo, según la actividad de sus familiares). Así, podría haber variaciones involuntarias entre los grupos que recibieron un placebo y los que recibieron la vacuna real.