José Elías (La Sirena), sobre los sindicatos: “No tengo nada en contra de ellos, sí contra los vagos”

El empresario diferencia entre el sindicalismo como herramienta de equilibrio y quienes se refugian en él para eludir responsabilidades laborales

El empresario español José Elías

El empresario español José Elías. Foto: Linkedin José Elías

José Elías, presidente de Audax Renovables y propietario de La Sirena, ha vuelto a situarse en el centro del debate público con una reflexión contundente sobre el papel de los sindicatos en la empresa actual. Lejos de un ataque frontal al sindicalismo, el empresario ha querido matizar su posición y lanzar un mensaje que ha despertado tanto apoyos como críticas en el ámbito empresarial y laboral. Sus palabras, publicadas en LinkedIn, ponen el foco no tanto en las organizaciones como en determinadas actitudes individuales que, a su juicio, distorsionan su función original.

Desde su experiencia al frente de distintas compañías, Elías defiende que los sindicatos son una figura necesaria y, en muchos casos, positiva tanto para los trabajadores como para las empresas. Reconoce su papel como elemento de equilibrio en la relación laboral y subraya que un diálogo estructurado ayuda a evitar abusos y a construir entornos de trabajo más estables. Sin embargo, advierte de que no todas las personas que se amparan bajo estas siglas lo hacen con el mismo espíritu.

El mensaje del empresario no se queda en una crítica genérica. Introduce una distinción clara entre dos perfiles muy concretos, uno que considera legítimo y otro que ve como un problema estructural. Esta diferenciación ha sido clave para entender el alcance real de sus declaraciones y por qué han tenido tanto eco en redes sociales y foros profesionales.

Sindicatos como contrapeso necesario en la empresa moderna

José Elías parte de una premisa que no suele ser habitual en los discursos críticos con el sindicalismo: la empresa y el trabajador se necesitan mutuamente. En su visión, ninguna organización puede funcionar sin empleados comprometidos, del mismo modo que los trabajadores requieren empresas sólidas que generen empleo y oportunidades de crecimiento. En ese punto de encuentro, sitúa a los sindicatos como una herramienta que ayuda a equilibrar fuerzas y canalizar conflictos.

El empresario remarca que, en su trayectoria, ha trabajado con representantes sindicales que conocen la realidad del negocio y aportan valor a la negociación colectiva. Para él, estos perfiles entienden que defender los derechos laborales no es incompatible con la viabilidad económica de la empresa, sino todo lo contrario. Un entorno laboral justo y ordenado suele traducirse en mejores resultados a largo plazo, tanto en productividad como en clima interno.

En este contexto, Elías insiste en que su crítica no va dirigida a la institución, sino a determinadas conductas que, en su opinión, se han normalizado con el tiempo. Considera que cuando el sindicalismo se ejerce desde la responsabilidad y el compromiso, cumple una función imprescindible. El problema surge, sostiene, cuando esa figura se utiliza como un escudo frente al desempeño deficiente.

La línea roja: cuando el sindicalismo se convierte en refugio

El núcleo más polémico de su reflexión aparece cuando José Elías señala que existe un grupo de personas que se acercan a los sindicatos por interés personal y no por convicción. Según explica, se trata de trabajadores que utilizan la protección sindical como una forma de blindarse ante posibles despidos, independientemente de su rendimiento o implicación.

Para el empresario, este comportamiento pervierte la esencia del sindicalismo, ya que genera desconfianza tanto dentro de la empresa como entre los propios trabajadores. Cuando se toleran actitudes de bajo rendimiento amparadas en una posición sindical, se envía un mensaje negativo al resto de la plantilla y se debilita la credibilidad de la representación laboral.

Elías subraya que esta situación no solo perjudica al empresario, sino también a los sindicalistas que sí ejercen su labor con vocación y profesionalidad. A su juicio, mezclar ambos perfiles bajo una misma etiqueta dificulta el diálogo y alimenta una percepción injusta sobre el papel de los sindicatos en general. De ahí que reclame una reflexión interna que permita separar claramente la defensa legítima de derechos de la simple evasión de responsabilidades.

El empresario español José Elías
El empresario español José Elías. Foto: José Elías en LinkedIn

Un discurso que conecta con parte del empresariado

Las palabras de José Elías han resonado con fuerza en un contexto en el que muchos empresarios reclaman mayor flexibilidad y meritocracia en las relaciones laborales. Su mensaje conecta con una sensación compartida por parte del tejido empresarial, especialmente en pymes, donde cada trabajador tiene un impacto directo en el funcionamiento diario del negocio.

Al mismo tiempo, su postura introduce un matiz que no siempre está presente en este tipo de debates: el reconocimiento explícito del valor del sindicalismo bien ejercido. Esta doble mirada —crítica con ciertos abusos, pero favorable a la institución— ha hecho que su mensaje sea interpretado por algunos como una llamada al reformismo más que como una enmienda a la totalidad.

En redes profesionales, el debate se ha trasladado a cuestiones más amplias como la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo y el papel de los mecanismos de protección laboral. Para muchos, la reflexión de Elías pone sobre la mesa una realidad incómoda que rara vez se aborda de forma directa, pero que influye en la percepción social del sindicalismo.

Un debate abierto sobre trabajo, esfuerzo y representación

Más allá de la polémica puntual, el mensaje de José Elías reabre un debate de fondo sobre cómo deben evolucionar las relaciones laborales en un entorno económico cambiante. La digitalización, la competencia global y la necesidad de atraer talento obligan a repensar modelos tradicionales sin renunciar a la protección de los derechos básicos.

El empresario concluye su reflexión reiterando que no tiene nada contra los sindicatos como institución, sino contra quienes, a su juicio, distorsionan su función. Su planteamiento invita a una discusión más profunda sobre la corresponsabilidad entre empresa y trabajador, y sobre cómo garantizar que las herramientas de defensa laboral no se conviertan en obstáculos para el buen funcionamiento de las organizaciones.

En un momento en el que el debate laboral vuelve a ocupar titulares, las palabras de Elías actúan como un catalizador de opiniones enfrentadas, pero también como una oportunidad para revisar el papel real de los sindicatos en el siglo XXI. Un debate incómodo, pero necesario, que sigue abierto.

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Alba Carbajal

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