Karlos Arguiñano se sincera sobre la quiebra que casi arruina su vida: “Pedí un préstamo y me salvó”

El cocinero recuerda que durante ese periodo tuvo que pedir dinero para salir adelante y que la deuda con uno de sus proveedores llegó a ser especialmente pesada

Karlos Arguiñano

Karlos Arguiñano

Karlos Arguiñano habla de la etapa en la que su negocio estuvo al borde de la ruina, acumuló una deuda muy elevada y salió adelante gracias a un crédito bancario y, sobre todo, a la oportunidad que le dio la televisión. 

En una entrevista concedida a Radio Euskadi, el cocinero vasco ha resumido aquel momento como una cadena de apuros económicos que terminó convirtiéndose en el punto de inflexión de su trayectoria.

Arguiñano ha contado que la situación empezó a complicarse cuando pidió un préstamo importante para levantar un hotel, justo antes de que una crisis frenara de golpe la actividad y redujera el trabajo entre un 60% y un 70%.

Aquel golpe dejó al negocio en una posición muy comprometida y obligó al chef a afrontar una tensión financiera que, según él mismo reconoce, fue mucho más seria de lo que parecía desde fuera.

El cocinero recuerda que durante ese periodo tuvo que pedir dinero para salir adelante y que la deuda con uno de sus proveedores llegó a ser especialmente pesada.

En otras entrevistas ha explicado que debía 30 millones de pesetas a un pescadero, una cantidad que en aquel momento equivalía a una suma muy importante y que reflejaba la fragilidad de su negocio.

La televisión como salvavidas

Arguiñano ha insistido en que fue la pequeña pantalla la que le permitió estabilizar su situación, pagar deudas y recuperar el control de su proyecto empresarial.

Él mismo lo ha resumido con una frase muy concreta, y es que si no le hubiera surgido la oportunidad televisiva, probablemente no habría tenido ni restaurante, ni escuela, ni bodega, ni el resto de proyectos que acabaría construyendo después.

El relato encaja con la imagen pública que ha acompañado al cocinero durante décadas: la de un emprendedor que salió adelante combinando oficio, visibilidad mediática y una cierta intuición empresarial.

En su caso, la televisión no fue solo una plataforma de fama, sino un mecanismo real de rescate económico.

El riesgo de emprender

El propio chef compara su experiencia con la de muchos emprendedores que piden un crédito importante para arrancar un negocio y después descubren que una caída de la actividad puede ponerlo todo en riesgo.

Su relato también subraya una realidad que a menudo queda ocultada por el éxito posterior, detrás de un proyecto rentable puede haber años de mucha tensión financiera, pagos aplazados y decisiones difíciles sobre a quién pagar primero. En el caso de Arguiñano, aquel apuro coincidió además con una etapa personal compleja, lo que hizo todavía más duro el momento.

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