Fotografía: Heidi Sandstrom en Unsplash
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La creciente oferta de aplicaciones, servicios y contenidos por suscripción, como Netflix o Microsoft, obliga a gastar cada vez más dinero en suscripciones

Madrid, 23 de abril de 2019 (09:57 CET)

El creciente número de servicios de suscripción para usuarios está generando un nuevo fenómeno que se ha denominado “cansancio por suscripción”. La fórmula de pagar una cuota mensual para adquirir el derecho de uso y disfrute —que no la propiedad— de un bien, un servicio o un contenido la están adoptando cada vez más empresas.

El modelo de suscripción es perfecto para negocios como Spotify o Netflix. Disponen de catálogo con miles de títulos disponibles que se mantienen accesibles siempre y cuando pagues la cuota mensual. Una vez suscrito resulta difícil darse de baja y perder el acceso.

A Spotify se la considera la salvadora del negocio de la música en internet, que tras mucho años de piratería sufrió una evidente caída de ventas en discos físicos. Aunque la llegada de Spotify posibilitó que millones de personas escucharan música de forma legal, la empresa sangra dinero en costes de servidores y royalties.

Cada vez más pequeñas cuotas mensuales

La llegada de la compra y del alquiler de películas, además del streaming de vídeo, mató los videoclubes. Netflix pasó del modelo de alquiler de DVD por correo al streaming. Netflix, como Spotify, representan el servicio más popular en su respectivo sector y tienen un precio similar: unos 10 euros al mes cada uno.

Pero la llegada de la competencia, especialmente de las empresas tecnológicas más punteras, está poniendo en aprietos a los usuarios. El problema son las exclusividades: artistas, películas o series que se estrenan en un servicio y no en otros.

Apple Music ya es el servicio de música de pago más usado en Estados Unidos. Dentro de pocos meses llegará Apple TV+, su propia plataforma que competirá contra Netflix. Además todavía están por llegar servicios como Disney+, que ofrecerá los títulos de Marvel o Star Wars adquiridos con empresas como Fox o Lucasfilm.

Es previsible que muchos de esos contenidos, por tanto, dejarán de estar en otras plataformas online como Netflix, lo que pondrá al usuario en la tesitura de pagar por uno o por otro, o por ambos.

Cuanta más oferta existe es más difícil encontrar series, películas y música

Según un reciente estudio de Deloitte el 47% de los usuarios de internet de Estados Unidos siente una frustración al ver el creciente número de servicios de suscripción que hay disponibles, haciendo que cada vez sea más difícil centrarse el esfuerzo económico en uno solo. Debido a esta fragmentación para acceder al contenido deseado habrá que gastar cada vez más dinero en un mayor número de suscripciones.

De este modo se ha pasado de un modelo por paquetes que agrupaban canales y distribuidores en plataformas de cable o satélite, a un modelo disperso de pago por unidad.

Y los números no cuadran. Una persona podría gastar hasta cientos de euros al mes para acceder a todo el contenido disponible. Spotify, Apple Music, Netflix, HBO, Sky TV, Movistar+, Youtube Premium, Amazon Prime, Xbox Live, PS Plus, Dropbox, Google Drive, Office 365… Y así un gran número de servicios que sumados llevarían a cualquiera a la ruina.

Compartir cuentas es la nueva piratería

En el mismo estudio de la consultora se indica que incluso así todavía el 48% de los encuestados tienen dificultades para encontrar el contenido contenido que desean.

Este problema es perfectamente visible en plataformas como Spotify y Netflix. Estas empresas han tenido que desarrollar complejos algoritmos que intentan mostrar series o música que se ajustan al gusto el espectador en base a la información de que disponen, como el historial de reproducciones.

Esto lleva a un circulo vicioso que se enroca en contenido similar y dificulta encontrar contenidos nuevos o diferentes, e incrementa la necesidad de contratar más servicios.

El miedo de la industria es que un usuario elija la empresa rival o que vuelva a proliferar la piratería a la vieja usanza; pero lo que más preocupa a estas empresas es que los usuarios compartan su usuario y contraseña con otras personas, como amigos y familiares. Esa es la nueva piratería.

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