El Model 3 de Tesla. Foto: Tesla
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Una investigación alemana pone contra las cuerdas al coche eléctrico y siembra dudas sobre el plan de la UE para combatir el calentamiento global

Barcelona, 25 de abril de 2019 (18:52 CET)

El argumento consensuado entre los países de la Unión Europea (UE) es que el coche eléctrico es una baza para reducir las emisiones de dióxido de carbono. A ojos de la Comisión Europea, los coches eléctricos son vehículos de cero emisiones, y son la punta de la lanza de su proyecto para conseguir menos de 95 gramos de dióxido de carbono por kilómetro en 2021.

No obstante una nueva investigación pone en cuestión los parámetros utilizados por la UE para hacer estos cálculos y amenaza con cargarse todo el relato sobre el coche eléctrico. Los científicos del Instituto de Investigaciones Económicas de Múnich (IFO) compararon las emisiones de un Tesla Model 3 con las de un Mercedes 220d de motor diésel, y el resultado fue sorprendente.

El IFO realizó las pruebas enfocándose en el ciclo de vida del coche, poniendo un límite arbitrario de 150.000 kilómetros desde el primer paso de la fabricación hasta el último viaje. Ninguno de los coches consiguió el objetivo de los 95 gramos de CO2 por kilómetro, pero quizás lo más impactante es que las emisiones del Mercedes diésel fueron inferiores a las del Tesla de batería eléctrica.

Tesla Model 3 vs Mercedes diésel: competencia de emisiones de CO2

Durante todo su ciclo de vida, y utilizando el mix energética alemana, el Tesla Model 3 produjo emisiones de entre 156 y 181 gramos por kilómetro, mientras que el Mercedes 220d diésel tuvo menos: 141 gramos por kilómetro. También se puso a prueba un Mercedes Clase C de gas natural, cuyas emisiones fueron de unos 100 gramos por kilómetro.

Los coches eléctricos "apenas ayudarán a reducir las emisiones", dicen los autores del estudio, previendo que los coches de propulsión eléctrica producirán un 10% o más de dióxido de carbono que un coche diésel convencional. Las emisiones del proceso de fabricación son muy similares entre ambos modelos: unas 8,6 toneladas de CO2 por coche.

Las diferencias en las emisiones de la fabricación de un motor diésel y uno eléctrico son casi imperceptibles: el eléctrico produce media tonelada más. Pero los "componentes adicionales" de fabricación produjeron más emisiones en el eléctrico que el de combustibles fósiles, y la propia elaboración de la batería eléctrica es bastante contaminante.

Al final, la fabricación de los tres coches produce cantidad similar de CO2, pero la diferencia está en la batería, tanto por su construcción como por su reciclaje, lo que dispara las emisiones del Tesla Model 3. "Casi todos los países de la UE generan importantes emisiones de CO2 al cargar las baterías de los coches utilizando sus mezclas nacionales de producción de energía", dice el sumario de la investigación.

Los autores critican fuertemente el modelo de coche eléctrico de la UE y recomiendan la tecnología de hidrógeno y metano, que a largo plazo ofrece una ventaja adicional: "permite que se almacene el exceso de energía eólica y solar generada durante los picos, y estos excedentes experimentan un fuerte aumento a medida que aumenta la proporción de esta energía renovable".

Matices del estudio

El mix energético de Alemania es muy dependiente del carbón, lo que sin duda altera estos resultados. Pero Alemania es el tercer mayor fabricante de coches eléctricos en el mundo, solo superado por China y EE UU. China, el principal fabricante de la industria, produce el 65% de su electricidad con carbón. En China y Alemania, los coches eléctricos tienen subsidios por ser de "cero emisiones".

Este es al menos el tercer estudio serio que pone en cuestión el aporte de la industria del coche eléctrico contra el calentamiento global, y sus autores insisten en que "la tecnología de metano es ideal para la transición de coches de gas natural con motores tradicionales a motores que correrán con metano sin emisiones de CO2".

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