5 pueblos blancos en Málaga perfectos para anticipar el verano
Entre montañas o mirando el mar, estos pueblos blancos de la Costa del Sol sobrados de encanto destilan historia, belleza, artesanía y hermosos paisajes
Mijas, una joyita en Málaga. Foto: Turismo Costa del Sol.
Más de 150 kilómetros de playas mediterráneas y una estadística que cifra en 325 los días de sol anuales son suficientes para que no haga falta justificar su nombre. Sin duda referente en vacaciones y glamour con nombres tan famosos como Marbella o Estepona, lo cierto es que la Costa del Sol es mucho más que arena dorada, hoteles, beach clubs y filas de hamacas y sombrillas.
Junto a la playa o en el interior, esta privilegiada franja de litoral andaluz cobija también preciosos pueblos blancos en los que el tiempo parece haberse detenido.
Calles empedradas, fachadas encaladas y atardeceres que tiñen las montañas de naranja: los pueblos blancos de la provincia de Málaga invitan a anticipa el verano con un viaje lleno de autenticidad.

Lejos del bullicio de las grandes ciudades y los núcleos costeros más conocidos, son pueblos que ofrecen una experiencia íntima, cercana, y profundamente conectada con la cultura andaluza.
Frigiliana
Ubicado a pocos minutos de Nerja, en la zona más oriental de la comarca de la Axarquía, y literalmente suspendido como un balcón sobre el Mediterráneo, Frigiliana conquista al viajero que busca belleza, arte y tradición.
Parte del club de Los Pueblos Más Bonitos de España, sus calles laberínticas conservan la herencia morisca en mil y un rincones.

Las casas, de fachadas inmaculadamente blancas, están decoradas con cerámicas pintadas a mano que dejan entrever la historia del lugar. También lo cuentan sus artesanías, de esparto, cera, cristal, arcilla, madera o lana, que pueden adquirirse en sus comercios tradicionales.
Los aromas de las flores y el rumor de las fuentes acompañan cualquier paseo por su casco histórico -considerado Conjunto Histórico Artístico desde 2014-, un hermoso ejemplo de trazado árabe.
Subir y bajar sus cuestas y escaleras tiene un merecido premio: las increíbles vistas desde la parte alta del pueblo: una espectacular panorama del Mediterráneo que se extiende hasta el horizonte en un azul intenso.

Tranquilo la mayor parte del año, en julio y agosto, el pueblo cobra vida con festivales culturales y ferias gastronómicas que celebran la riqueza local. Su gastronomía, que mezcla raíces árabes y andaluzas, es otro de sus encantos, con su tradicional choto en salsa, los potajes o el vino dulce de elaboración artesanal.
Casares
En el otro extremo de la Costa del Sol, casi en el límite con la provincia de Cádiz, Casares es otro perfecto (y bellísimo) ejemplo de pueblo blanco andaluz.

Esculpido en plena montaña, con sus casas amalgamadas en una ladera y coronado por los restos de un castillo árabe, Casares ofrece una de las postales más impresionantes de la provincia de Málaga.
Sus calles estrechas, empinadas y sinuosas, que además de haber sido declaradas Conjunto Histórico-Artístico vieron nacer al poeta Blas de Infante, son perfectas para pasear sin rumbo, sorprendiendo a cada paso con retazos de belleza.
Y si el pueblo se encarama en la montaña, también se derrama sobre el Mediterráneo pues bastan solo unos minutos para disfrutar de playas que ostentan la Bandera Azul, lo que sella el perfecto equilibrio entre interior y litoral.


Un contraste que en primavera y verano se disfruta al máximo, gracias a un catálogo de actividades que ofrecen desde senderismo a parapente, de miradores naturales a olas, de compras de diseño a tranquilos bares de tapas de toda la vida.
Mijas
Si se trata de buscar el alma bohemia de la Costa del Sol hay que poner rumbo a Mijas.

A tan solo unos kilómetros del bullicioso litoral de Fuengirola, Mijas conserva la serenidad del tiempo pasado. Buen ejemplo es su casco histórico de trazado árabe, suspendido entre la montaña y el mar, con su armonioso conjunto de calles estrechas, casas encaladas, balcones floridos y pequeñas plazas llenas de encanto.
Entre los imprescindibles de la localidad, la original plaza de toros, de forma ovalada; la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción; o el santuario de la Virgen de Peña, del siglo XVII). También su antigua muralla árabe, por donde discurren balcones y jardines que enmarcan espléndidas panorámicas de la Costa del Sol.
La tradición aquí se mezcla con un aire artístico que ha atraído a pintores, escritores y soñadores de todo el mundo durante décadas, incluida la estrella de Hollywood Robert Redford, que vivió cerca de siete meses en una casita rústica en la sierra de Mijas en los años 60.


De hecho, la localidad es, desde 2018, Zona de Interés Artesanal, un título que pone en valor los oficios como el repujado en plata, el esparto, el mimbre, la taracea y la talabartería que aun perduran en los talleres de sus artesanos.
Con el buen tiempo, Mijas multiplica su agenda cultural con todo tipo de propuestas al aire libre como conciertos, ferias de arte y mercados nocturnos. Con los pintorescos burro-taxis como telón de fondo, la localidad es también ideal para una escapada gastronómica, con numerosos restaurantes, bares y heladerías, así como un destino de playa, con nueve banderas Q de Calidad Turística y tres Banderas Azules.
Torrox
En pleno corazón de la Axarquía malagueña, Torrox presume de tener “el mejor clima de Europa”. Este encantador pueblo blanco, ofrece lo mejor de dos mundos: la autenticidad del interior andaluz y la brisa marina del Mediterráneo. Y todo con solo cuatro km de separación.

En el casco histórico, que encontramos bordeado por la hermosa Sierra de Almijara, las calles empedradas, las plazas tranquilas y las fachadas encaladas nos hacen viajar al pasado morisco (aunque antes fue ocupada por los romanos, que elaboraban aquí el preciado garum y donde dejaron vestigios como termas, hornos y una necrópolis, y visigodos) hasta encontrarnos con el caudillo Almanzor, cuyo origen en esta localidad se honra con una estatua.
Estepona es conocida como el ‘jardín de la Costa del Sol’
Por otra parte encontramos Torrox Costa, con sus 9 km de playa y su paseo marítimo, amplio y sereno, que invita a disfrutar del sol y el mar ajenos a cualquier masificación.

En verano, Torrox vibra con fiestas populares como la Feria de Agosto y mercados artesanales al aire libre. Las noches, frescas y agradables, son ideales para cenar junto al mar, probar su afamado ajoblanco o disfrutar de un concierto en la plaza.
Estepona
Con apenas tres palabras -blanco, azul y flores- se puede definir Estepona. De sobra conocida por sus playas y sus cada vez más proyectos hoteleros de lujo, la localidad conserva también un precioso casco antiguo que merece la pena conocer.

Callecitas repletas de macetas coloridas, flores que cuelgan en cascada -no por nada la localidad es conocida como el ‘jardín de la Costa del Sol’- y murales artísticos que dan forma a una suerte de galería al aire forman parte de la sorpresa.
Durante la primavera y el verano, Estepona entraña la combinación perfecta de mar, cultura y ocio: se puede pasar la mañana entre olas y sombrillas, almorzar en una terraza mirando al puerto y terminar el día explorando callejones llenos de arte urbano o asistiendo a un concierto bajo las estrellas.

Además, su Jardín Botánico y su orquidiario son visitas imperdibles para quienes aman la naturaleza.