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El exdiputado de CiU en el Congreso señala en Cuándo pintábamos algo en Madrid la asignatura pendiente del catalanismo, su compromiso para cogobernar España

López de Lerma y Jordi Pujol, en una imagen de 2000./EFE/Robin Townsend

Barcelona, 16/04/2017 - 18:47h

“Tites, tites, tites, ¿pero quién se han creído que somos? ¿Creen que estamos en política por los cargos y la ‘menjadora’ (el comedero)? ¿Por quién nos han tomado?”

Así se destapó Jordi Pujol el 20 de enero de 2002 en el pabellón deportivo de la Vall d’Hebron. Era el día preparado para la puesta de largo de Artur Mas como candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, pero Mas quedó sepultado por Pujol, que se mostró irritado, falsamente irritado, por la invitación de…José María Aznar a entrar en el Gobierno español con todas las consecuencias.

Todo eso lo cuenta Josep López de Lerma, el exdiputado de CiU en el Congreso, en su libro Cuando pintábamos algo en Madrid (ED Libros), que se vislumbra como uno de los libros políticos para Sant Jordi.

Ese día estaba todo preparado. Los periodistas, las cámaras de televisión, todo se disponía para que Mas fuese coronado como candidato. Se esperaba su mensaje político, sus maneras, para calibrar si podía o no ser el sucesor de Pujol, con otras características, pero el candidato de CiU para renovar el proyecto nacionalista.

Pujol no se atrevió con la oferta de Aznar, generosa pese su mayoría absoluta

Sin embargo, la sombra de Pujol era demasiado alargada, y, como había ocurrido en el pasado, nadie se atrevía a variar el guión, a tomar la gran decisión, o el anuncio de que, más tarde, con otra oportunidad, el catalanismo se dispondría a cogobernar España.

Aquel “tites, tites, tites” de Pujol, emulando, como él mismo dijo, a su abuela dando de comer a las gallinas, resultó ser un espectáculo grandioso. Para las televisiones no pudo ser más efectivo. Pujol moviéndose por el escenario, gesticulando, gritando como un desalmado, herido en su orgullo porque Aznar le había pedido, de nuevo, como ya había ocurrido en 1996, que participara en un gobierno español.

Ahora, con un enfrentamiento político total entre el gobierno español y el gobierno catalán, ante la voluntad de éste de convocar un referéndum de autodeterminación que es ilegal, aquellas frases de Pujol cobran un nuevo protagonismo. López de Lerma explica cómo negociaba CiU con los distintos gobiernos, desde la UCD hasta el PP, pasando por el PSOE.

Relaciona anécdotas y también deja constancia que los partidos se protegían para no acusarse mutuamente, y que la financiación ilegal pudo ser una constante que sólo ha aparecido en los últimos años como algo insoportable para una democracia sana.  Pero en lo que insiste López de Lerma, en el texto de la editorial de Economía Digital (ED Libros) es en las oportunidades perdidas para participar en un gobierno de España. Tal vez todo hubiera cambiado, y las relaciones ahora serían otras.

López de Lerma insiste en que el catalanismo debía haber aprovechado la oferta de Aznar

En una entrevista en TV3 del pasado 9 de abril, Miquel Roca remachaba esa idea al señalar que CiU había contribuido a la estabilidad de la política española, aunque no quiso entrar en si se debía o no haber participado en el Gobierno del Estado. Él fue partidario, como indica López de Lerma, que fue uno de sus más fieles diputados y colaboradores en Madrid, pero nunca se acabó de enfrentar a Pujol por esa cuestión.

Lo que explica López de Lerma es que, justo una semana antes de ese “tites, tites, tites” de Pujol,  el director de La Vanguardia en aquel momento, José Antich, entrevistó a José María Aznar, quien renovó su oferta a Pujol.

“Ocupó la portada y tres páginas interiores. Aznar no pedía a Pujol que abandonase su militancia en el nacionalismo catalán moderado, sino que tuviera una visión histórica y que entrara en el Gobierno español para cerrar el ciclo de estadista que practicado con el PP, y anteriormente con el PSOE y UCD. Que se ‘mojara’ del todo en la España nueva que se estaba construyendo”, explica López de Lerma.

El independentismo dice que se ha probado todo, pero no cogobernar España desde dentro

En los últimos años aquel catalanismo se ha transformado en una apuesta por la independencia. El catalanismo de CiU ya no existe, o ha mutado. En todo caso, la misma fuerza política ha dejado de existir. El independentismo dice que se ha probado todo para lograr el encaje de Cataluña, sin ningún resultado plenamente satisfactorio.

Lo único que todavía no se ha probado, al margen de los proyectos que defienden una reforma de la Constitución para mejorar el encaje de Cataluña en España, es esa contribución del nacionalismo en la gobernabilidad del Estado. No como apoyo parlamentario, sino como compromiso dentro del Gobierno.

López de Lerma lo explica en un libro en el que se detalla y se reflexiona sobre todo aquel periodo, desde la transición hasta el inicio de la apuesta independentista. Todo en Cuando pintábamos algo en Madrid.