Berasategui reduce su modelo de negocio a una etiqueta

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El chef cede su nombre a varias líneas de productos pero deja la producción y comercialización en manos de otras marcas

El cocinero vasco Martín Berasategui. EFE

15 de febrero de 2013 (21:59 CET)

El chef de la alta cocina Martín Berasategui, galardonado con siete estrellas Michelin, se lanzó al negocio de los platos preparados en 2008 de la mano del grupo Gadasco, propietario del Hotel Condes de Barcelona. Pero las dificultades para producir y comercializar la línea en solitario --el coste fijo era muy elevado-- le han obligado a cambiar de estrategia y se ha limitado a ceder su imagen y a licenciar la marca en los diferentes productos.

La presencia de Berasategui en esta gama se ha reducido a una etiqueta o sello, el de su nombre en los envases de los productos, y a asesoramiento a los fabricantes.

A finales del año pasado se decidió traspasar el negocio a Maheso. “No somos unos expertos en distribución y preferimos confiar el proyecto a empresas líderes del sector”, aseguran fuentes de la empresa del cocinero vasco. De forma que un producto que era 100% Berasategui, ha pasado a serlo sólo en un 50%, o menos.

Una marca con más prestigio

Los inicios siempre son duros incluso para los estrella Michelin. La gama de platos preparados fue una de las primeras que lanzó Berasategui para promocionar su marca como certificado de calidad y de productos especializados. Pero tres años de experiencia han avalado que la mejor fórmula es ofrecer aquello "en lo que realmente somos diferenciadores, que es en I D y la cesión de imagen”.

La receta ahora es mucho más sencilla. La compañía de Berasategui asesora a las empresas para el desarrollo de los productos, los sabores, las texturas y después cede su nombre como garantía de prestigio y de buena cocina. “No tenemos fábrica ni un equipo de comerciales. Tenemos cocineros”, aseguran en la firma para justificar la reconversión del negocio.

Varias licencias

Con este nuevo modelo, Berasategui ha conseguido firmar varias licencias entre las que se encuentran, además de la de los platos preparados, una línea de salsas para las pastas Gallo, una de embutidos con Consorcio de Jabugo e incluso una de ensaladillas y sándwiches con Ñaming. “Tenemos muchas más a la vista que no se pueden avanzar”, detallan.

Sin embargo, la extensión de la marca de este reconocido chef en productos menos gourmet podría acabar pasando factura a la empresa, según apuntan fuentes cercanas al sector. Y es que, además, el apadrinamiento de determinados artículos se está extendiendo entre varios virtuosos de los fogones españoles, lo que aumenta la competencia.

La alta cocina tampoco ha podido escapar de la crisis y hay que buscar nuevas oportunidades de negocio. Lamentablemente, la estrella Michelin no es garantía de supervivencia y son varios los restaurantes con este galardón que han tenido que cerrar sus puertas en los últimos años. El Ca Sento, en Valencia, La Broche, en Madrid o El Bulli, en Girona, son sólo algunos ejemplos.
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