Coca-Cola premia el despotismo empresarial de Daurella

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NUEVA FUSIÓN DE EMBOTELLADORAS

Sol Daurella junto su marido, Carles Vilarrubí, vicepresidente del Barça

Madrid , 06 de agosto de 2015 (21:57 CET)

La empresaria catalana Sol Daurella, que ha concebido la polémica reestructuración de la embotelladora española de Coca-Cola, ordenado el cierre y despidos colectivos y creado una nueva compañía a su gusto, ha sido premiada por la multinacional estadounidense para fiscalizar el resultante de la integración de las embotelladoras europeas. Operará en 13 países.

Daurella, que siempre ha tenido influencia en la cúpula de Coca-Cola, ha dado un enorme salto en su carrera profesional. Pasa de controlar una empresa familiar, a la presidencia de una multinacional que cotizará en las bolsas de Nueva York, Amsterdam y Madrid. Nacerá, sin embargo, con una deuda de 7.350 millones de dólares, según la presentación a analistas desarrollada este jueves.

Coca-Cola Iberian Partners, que todavía encara el proceso de fusión de la distribución en España y Portugal, se ha unificado con la europea Coca-Cola Enterprises y la alemana Coca-Cola Erfischingsgetränke. Daurella, que contará con el 34% del accionariado, será la presidenta del conglomerado, aunque las funciones ejecutivas recaerán en John Brock, hasta ahora responsable de Coca-Cola Enterprises, que contará con el 48% de las acciones.

Desgaste en imagen, ganancia económica

Daurella diseñó Coca-Cola Iberian Partners con sus propios criterios, en un proceso en el que las embotelladoras fuera de Cataluña sufrieron el mayor perjuicio. Señaló su modelo como el válido y cuestionó los resultados del resto de socios españoles. Casi todos los que estaban fuera de su paraguas resultaron salpicados.

Su mano derecha en ese proceso, Víctor Rufart, consejero delegado de Coca-Cola Iberian Partners, también ha sido premiado por la multinacional y dirigirá el proceso de fusión de las embotelladoras europeas, con el que el fabricante de bebidas espera obtener ahorros millonarios.

Cuando aún no han terminado la fusión ibérica, Daurella y su equipo ya se ocupan en la integración empresarial que ha creado un gigante empresarial con 300 millones de clientes y 12.600 millones de euros en facturación. Es un proceso que Coca-Cola ejecuta en todo el mundo para disponer de menos embotelladores y ahorrar, de esta forma, en costes operativos, puestos de trabajo e impuestos.

Pero la dulzura del ahorro ha tenido que pasar por un proceso traumático en España. Con el cierre de fábricas y despidos colectivos, la compañía ha soportado huelgas y un enorme coste en los juzgados que ha obligado a Coca-Cola, no sólo a reenganchar a los trabajadores, sino también a pagarle los salarios caídos, más las indemnizaciones.

Pero Daurella, siempre elegante, impecable, no ha dado su brazo a torcer y se ha resistido hasta último momento a acatar las sentencias judiciales que obligaban al reenganche de trabajadores y la apertura de la fábrica de Fuenlabrada. En el fondo, le ha dado a la multinacional lo que busca: ahorro y resultados.  

Erosión descontada

La fusión española ha ocasionado un enorme daño a la imagen de Coca-Cola, que se ha enfrentado a boicots y campañas contra la bebida. "Tuvo un enorme coste en términos de imagen. Es un proceso que desgasta la marca y que tiene grandes costes económicos, pero todo eso ya estaba descontado cuando se planteó el ERE", explica a este medio Iván Gayarre, socio del despacho Sagardoy que asesoró a Daurella en los despidos colectivos en España.

Hasta ahora la nueva embotelladora europea no ha anunciado despidos ni cierres de fábricas, pero los ahorros previstos auguran importantes medidas de recortes. Es probable que nadie se atreva a cuestionar a Daurella y que regresen las huelgas, los paros y las campañas contra la bebida que promete felicidad.

Los ahorros justificarán los despidos, los recortes y el escándalo en Twitter. Y Europa seguirá bebiendo agua carbonatada con azúcar, colorantes, acidulantes y ciclamato sódico (E-952).
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