Dos trabajadores de la planta de pintura de Ford en Almussafes (Valencia), revisan una carrocería. EFE/Manuel Bruque.

La crisis de Ford (y las fábricas españolas) llega a los proveedores

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España es el segundo país que más coches ensambla en Europa y el descenso de las ventas no sólo repercute a los fabricantes

Carles Huguet

Economía Digital

Dos trabajadores de la planta de pintura de Ford en Almussafes (Valencia), revisan una carrocería. EFE/Manuel Bruque.

Barcelona, 21 de marzo de 2019 (04:55 CET)

Tras un pésimo último semestre, la producción de las fábricas de coches españolas cayó por encima del 1% en 2018. Con descensos de hasta el 23% en algunos meses por culpa de la crisis del diésel y las dificultades para adaptarse a la nueva normativa de emisiones WLTP, los fabricantes repercutieron las dificultades en algunos de sus proveedores, que tuvieron que adaptar sus previsiones a la nueva realidad.

La industria genera 350.000 empleos entre directos e indirectos, según la patronal Anfac. El presidente de la asociación, José Vicente de los Mozos estima que "en el mejor de los casos" el sector se mantendrá en 2019 después de un mal 2018.

Sin ir más lejos, una de las  afectadas fue la química alemana BASF, que elabora aproximadamente el 40% de la pintura que se utiliza en España para tintar los vehículos. “En el último semestre notamos un fuerte frenazo en el sector del automóvil”, lamentó el director general de la compañía en España, Carles Navarro.

El golpe se unió a la desaceleración mundial y el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China para hace caer las cifras de la multinacional en España. BASF presentó unas ventas superiores a las de 2017 –1.358 millones contra 1.301 millones de euros— pero con una cara B: suben gracias a la inyección de 60 millones de euros procedente de la adquisición del negocio de semillas hortícolas Nunhems a Bayer.

“Para 2019 somos moderadamente optimistas”, dijo Navarro en la presentación de resultados de 2018. La sociedad, que trabaja para la mayoría de los fabricantes, tirará de otras líneas de negocio como el segmento de soluciones agrícolas y la división de tecnologías de superficie.

Aunque de forma tangencial, otra de las afectadas fue a metalúrgica catalana Celsa que, en su fábrica de Santander, trabaja para el sector. "En el último trimestre detectamos una reducción de la cartera de pedidos relacionados con el sector automovilístico", dicen fuentes de la empresa.

La empresa presidida por Francesc Rubiralta optó para impulsar la producción para "otro tipo de sectores" con tal de limitar el impacto.

Las previsiones para el próximo ejercicio no son halagüeñas: "estimamos una ralentización coyuntural con un descenso de alrededor del 5% durante el primer semestre que, no obstante, se corregiría durante la segunda mitad del año". Así, el descenso máximo calculado ronda el 0,6% a lo largo del ejercicio.

El caso particular de Ford

A la incertidumbre general se unen las dudas particulares sobre la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia). Con el fabricante estadounidense en plena oleada de recortes por todo el Viejo Continente, la instalación española espera su turno. 

Aunque el cierre de la instalación no parece probable, los proveedores ya plantean distintos escenarios que saltan desde tratar de captar parte del trabajo de modelos que sí parecen asegurados --como el Ford Kuga-- hasta la clausura de sus centros. Entre las marcas más expuestas están Gestamp, la francesa Faurecia y SAS Autosystem.

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