Las empresas españolas fueron al MWC sin saber inglés y desorganizadas

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Más allá del prestigio aparente que otorga estar en el gran congreso de los móviles, las compañías locales acudieron a la feria sin la preparación necesaria, pese al enorme coste económico y de medios que supone

Asistentes al Mobile World Congress 2016, en Fira Gran Vía, en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona) / EFE

Barcelona, 20 de marzo de 2016 (01:00 CET)

El Mobile World Congress es la mayor feria de negocios de Europa. Un mes después del evento, al que acuden más de 100.000 personas y donde es fácil perderse entre estand y estand, distraído con la última invención móvil o la versión definitiva de un teléfono de precio desorbitado, cabe preguntar si las compañías españolas generaron oportunidades; o, al menos, si su presencia fue rentable.

La respuesta dibuja un páramo de aparante fracaso generalizado, salvo contadas excepciones. Entre los pasillos de Fira Gran Vía, por mucha presencia china que haya, el inglés es el rey. El idioma común de un congreso que, si no fuese por el sol que luce en el exterior del recinto y las rutas de tapas para congresistas, podría parecer que se celebra en otras latitudes.

"El Mobile hay que plantearlo como si estuvieses en el centro de Londres", ilustra Sisco Sapena, un veterano del evento. Junto a su empresa, Lleida.net, ha acudido a las 11 ediciones que hasta ahora han tenido lugar en Barcelona. De su experiencia saca una advertencia: "Si no te preparas la feria, te puede ir muy mal", asegura.

Todas las fuentes consultadas, empresarios y expertos, coinciden en el diagnóstico. El trabajo antes de llegar al Mobile es duro y laborioso: contactos previos, reuniones agendadas y un plan claro de qué y cómo quieres vender durante esos cuatro días de febrero. Algo de lo que algunas empresas españolas no son conscientes.

"He visto casos de compañías sin gente que hablase inglés", comenta Sapena. Un hecho que confirman otros asistentes, aunque se trate de una situación cada vez menos habitual. También de firmas que centran toda su estrategia en contratar azafatas para repartir los típicos flyers.

Inversión en el evento

Tras su tercer año presente en el Mobile, Joel Vicient, responsable de la fintech Captio, señala la dificultad de sacar réditos del congreso. "Te tiene que coger en el momento adecuado", apunta. Y no duda en señalar la "falta de profesionalidad" de algunas empresas nacionales a la hora de plantear una feria que implica un enorme desembolso.

El precio aproximado por metro cuadrado en el recinto ronda las 1.000 libras británicas. A lo que hay que sumar el coste del equipo y personal durante la semana del evento.

Sapena, al frente de uno de los estands más grandes de sello español en el último Mobile, cifra en 150.000 euros la inversión total de su compañía. Eso sí, calcula que, directa o indirectamente, al final del año en torno al 40% de su facturación proviene del congreso de los móviles.

¿Feria rentable?

Pero no a todas las empresas les sale rentable. Desde Captio reconocen que tras dos ediciones deficitarias (2014 y 2015), por fin este año el impacto en las cuentas "será positivo". El balance, en torno a 200 contactos, de los que podrían concretarse unos 20 contratos para proveer a otras compañías de su software, centrado en la gestión móvil del gasto de los empleados.

Ignasi Elías, novato en este último congreso y fundador del servicio de mensajería Shootr, apunta otra tendencia clara. "Muchas empresas van porque hay que estar", señala, y lo compara con algo tan obvio hoy en día como la necesidad de tener una web para cualquier negocio.

El planteamiento de la feria como simple escaparate genera muchas dudas para según qué tipos de empresas. "Para una start up, estar en el Mobile probablemente no es lo que necesitas. (…) Es un lujo", señala Elías. Aunque tampoco para compañías sin una vocación clara para vender fuera, según explican fuentes del sector.

Actitud y ubicación

La actitud con la que se afronta el evento es otra de las claves para que éste no se convierta en un esfuerzo económico inútil. "Se trata de una feria en la que para vender hay que ir a buscar al comprador. No simplemente despachar", señala Sapena. Aunque no sólo. 

En juego entran variables tan difíciles de controlar como la ubicación de tu estand en el recinto ("Si no estás en un buen sitio, te comes los mocos", apunta este empresario leridano). Un factor que, remarcan otras fuentes, marcó durante años a las compañías integradas en el pabellón del gobierno español, situado lejos de los canales de público más deseados. Circunstancia que afortunadamente ha cambiado en las últimas ediciones.
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