Llorente y Cuenca mantiene el bloqueo accionarial tras la ruptura de los dos socios

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Las diferencias entre los dos fundadores de la agencia de comunicación líder en España impide celebrar la junta de accionistas y aprobar las cuentas de 2010

Llorente y Cuenca, una ruptura con consecuencias mercantiles

22 de septiembre de 2011 (20:29 CET)

Las diferencias entre José Antonio Llorente y Olga Cuenca, fundadores y principales accionistas de la agencia de comunicación líder en España, han llevado a su compañía a una situación de virtual parálisis mercantil. Nueve meses después de que se produjera la salida de Cuenca de la empresa y de largas negociaciones, el acuerdo ha resultado infructuoso. Hasta tal punto, que la junta de accionistas convocada para el pasado miércoles 21 no pudo celebrarse y, en consecuencia, ni se aprobaron las cuentas del último ejercicio ni la propuesta de reparto de dividendo.

José Antonio Llorente (40%) y Olga Cuenca (40%) son los principales socios del grupo de comunicación que fundaron en Madrid, pero que se ha extendido por diferentes países y que está especialmente implantado en América Latina. El resto de accionistas (20%) son altos directivos de la compañía.

La ruptura sentimental de la pareja el pasado año desembocó en enero en la salida de Cuenca de sus funciones directivas. Desde entonces y hasta julio pasado, cuando se reunió el consejo de administración de Llorente y Cuenca y la destituyó, la fundadora de la empresa ejercía la presidencia mientras que su socio desempeñaba el cargo de consejero delegado. Desde enero, los dos accionistas principales han negociado infructuosamente una salida que permitiera normalizar la situación mercantil.

Artillería legal

Llorente, asesorado por Ernst & Young, y Cuenca, con el apoyo de Uría Menéndez, han intercambiado propuestas para resolver sus diferencias. La última de todas fue la venta del 40% del capital de Cuenca a su socio por 7,5 millones de euros. Las cautelas sobre el pago, las garantías exigidas por ambas partes (de cobro y de responsabilidades posteriores de gestión) han hecho imposible cerrar un acuerdo definitivo.

En esas condiciones, ambos socios llegaron al consejo de julio sin reconciliar posturas. En él se acordó, con el voto negativo de Cuenca, aprobar las cuentas de 2010 y destinar todo el resultado del ejercicio a reservas. Durante los últimos años, un 50% de los beneficios se distribuyó como dividendo entre los accionistas, tal y como señalan los estatutos de la compañía. Ese giro en la gestión supuso un enconamiento todavía mayor del existente.

Fuentes jurídicas próximas a Cuenca relatan que la estrategia del consejero delegado pasa por buscar la asfixia financiera de uno de los socios para forzar la aceptación de un acuerdo “inaceptable” con “nulas garantías y excesivas exigencias de futuro”. Las mismas fuentes aseguran que esa actuación es “ilegal” por cuanto va en contra de los propios estatutos de la sociedad, que prevé una distribución de dividendos equivalente al 50% del beneficio.

Problemas en la subsidiaria argentina

Llorente y Cuenca se encuentra ahora sin presidencia en el consejo de administración, con las cuentas anuales formuladas pero no aprobadas y a la espera de una nueva junta de accionistas que se prevé igual de tempestuosa que la anulada esta semana. A ese bloqueo societario y accionarial se suma la salida de Daniel Felici, socio del grupo en la filial argentina y encargado del negocio en el Cono Sur, por discrepancias con la gestión de Llorente.

Felici había participado en la creación de la filial desde 2005. Esa subsidiaria había logrado alcanzar el liderazgo en el país. Felici también continúa como socio (está disconforme con la liquidación de las acciones a precio de valor contable propuesta por Llorente), pero ha abandonado sus funciones directivas y se ha incorporado al grupo Pegasus, con intereses en diferentes ámbitos industriales y de servicios.
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